El despliegue de la Fuerza de Represión de Pandillas (GSF) marca un cambio en la forma en que se desarrollan las operaciones de seguridad en Haití, introduciendo un enfoque más robusto y coordinado para enfrentar a las pandillas fuertemente armadas que controlan amplias zonas del país. Respaldada por socios internacionales, la fuerza está diseñada para operar con mayor escala, movilidad y capacidad táctica que los esfuerzos anteriores.
Javier Oliva Posadas, académico de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México, declaró a Diálogo que la GSF “representa un cambio en la forma en que el Estado haitiano enfrenta la crisis, al incorporar una capacidad operativa con funciones disuasivas y de respuesta inmediata. Esta transición apunta a una reestructuración institucional orientada a estabilizar zonas bajo control de pandillas”.
Avance criminal y desafío operacional
La crisis multidimensional de Haití se agravó en 2025 a medida que grupos armados expandieron su control territorial en Puerto Príncipe y otras zonas del país. Según Human Rights Watch, estas estructuras consolidaron su presencia en grandes sectores de la capital y extendieron su influencia a varios departamentos, manteniendo patrones sostenidos de violencia que provocaron desplazamientos masivos.

El Grupo Internacional de Crisis (ICG) advierte que estas estructuras han evolucionado hacia actores con autonomía territorial, mientras que estimaciones indican que actualmente operan en el país más de 200 facciones armadas.
Este entorno operativo —fragmentado, urbano y altamente volátil— ha complicado los esfuerzos para contener la violencia y restablecer el control estatal.
De la misión de apoyo a la intervención directa
La GSF reemplaza a la Misión Multinacional de Apoyo a la Seguridad (MSS), integrada principalmente por unidades policiales destinadas a reforzar a la Policía Nacional de Haití. A diferencia de esa misión, la nueva fuerza introduce una postura operativa más directa.
La GSF operará bajo una doctrina centrada en la intervención directa, reflejando un cambio hacia acciones destinadas a interrumpir y desarticular a los grupos armados, más allá de simplemente contenerlos.
Su estructura prevé el despliegue gradual de hasta 5550 efectivos de distintos países, con el mandato de apoyar a las autoridades haitianas en la neutralización de grupos armados, la protección de infraestructura crítica y la restauración del control operativo en zonas disputadas.
Capacidades, tecnología y ejecución operativa
Como parte de este cambio, las autoridades haitianas han comenzado a integrar capacidades tecnológicas en las operaciones, incluido el uso de drones en entornos urbanos. Según el ICG, las primeras acciones han resultado en la neutralización de más de 200 integrantes de estas organizaciones.
Oliva Posadas destacó que estas herramientas fortalecen la disuasión y la prevención al mejorar la conciencia situacional. Sin embargo, advirtió que “su eficacia dependerá del análisis de inteligencia para generar alertas tempranas y anticipar acciones de grupos armados, en un esquema que retoma experiencias de El Salvador y Guatemala”.
Esto resalta un requisito operativo central: la capacidad de transformar información en acciones coordinadas y oportunas sobre el terreno.
Coordinación y protección de infraestructura estratégica
Un componente clave de la misión de la GSF es la protección de infraestructura crítica, incluidas rutas de abastecimiento, centros logísticos e instalaciones gubernamentales. Asegurar estos activos es esencial para sostener las operaciones y mantener el acceso en las regiones afectadas.
Respecto al modelo de mando, Oliva Posadas explicó que “su funcionamiento depende de una asignación clara de funciones y de su ejecución bajo esquemas de cooperación”, y añadió que “la sostenibilidad operativa requiere protocolos de confianza y complementariedad entre fuerzas, similares a modelos de coordinación interinstitucional en la región”.
La fuerza opera bajo una estructura multinacional de coordinación que reúne a países socios bajo un marco compartido, con apoyo logístico canalizado a través de mecanismos de las Naciones Unidas.
Alcance de la misión y desafíos de largo plazo
Aunque la GSF incorpora capacidades ampliadas, su efectividad a largo plazo dependerá de la capacidad de sostener las operaciones y enfrentar las redes más amplias que permiten la actividad criminal.
“La Fuerza de Represión de Pandillas solo podrá ser eficaz a largo plazo si se intensifican los esfuerzos para identificar, detener, investigar y enjuiciar, conforme a normas internacionales, a quienes financian y respaldan a estos grupos”, afirmó el Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Volker Türk.
En esa misma línea, Oliva Posadas sostuvo que desarticular las organizaciones criminales exige atacar los flujos financieros vinculados a las economías ilícitas. “El enfoque debe centrarse en rastrear y cortar los flujos de dinero vinculados a economías ilícitas, bajo el principio de follow the money [rastrea el dinero]”, precisó.
A medida que las operaciones se expanden, la GSF combina mayor capacidad operativa, acción coordinada y mejor conciencia situacional para enfrentar amenazas cada vez más complejas. Al integrar intervención directa, inteligencia mejorada y coordinación multinacional, la fuerza representa un enfoque más estructurado y con mayores capacidades para restaurar las condiciones de seguridad en las zonas afectadas por grupos armados.



