En poco más de una década, el régimen de Nicolás Maduro ha llevado a Venezuela al borde del colapso. La crisis del país sudamericano no solo afecta a su propio pueblo, sino que también socava la estabilidad regional e internacional.
Desde 2011, millones de personas fueron desplazadas, lo que ha exacerbado aún más la migración en el hemisferio. Caracas también se ha convertido en un narcoestado y punto clave de tránsito de drogas hacia Norteamérica y Europa. Al mismo tiempo, proporciona refugio a grupos terroristas designados como el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y otros grupos criminales.
“Venezuela se ha convertido en un foco de conflicto regional y global, perdiendo aliados rápidamente y asociándose con actores controvertidos y no democráticos”, dijo Eduardo Varnagy, académico de la Facultad de Ciencias Políticas y Jurídicas de la Universidad Simón Bolívar en Caracas, en entrevista con Diálogo en 2024.
Venezuela que evolucionó hacia una implacable dictadura, que carece de elecciones justas y transparencia, busca alterar el “statu quo internacional” respaldando regímenes autoritarios como los de Rusia, China e Irán. A nivel regional, apoya a Cuba y Nicaragua, mientras ejerce presión en la región del Esequibo, territorio de Guyana, consolidando así su papel desestabilizador, según sostienen los expertos.
Crisis multifacética
El prolongado colapso económico de Venezuela se caracteriza por condiciones de grave privación. El salario mínimo oficial del país, que ahora se sitúa a menos de USD 1 al mes, es el más bajo del hemisferio. Mientras que los trabajadores del sector privado ganan un salario nominal medio de alrededor de USD 241 al mes, los empleados del sector público dependen de los estipendios y bonificaciones del régimen para alcanzar unos ingresos totales de solo USD 160 al mes, según indican los medios de comunicación y los observatorios económicos venezolanos.
La economía del país sigue sumida en la recesión y la alta inflación, que afecta gravemente al poder adquisitivo de más del 90 por ciento de la población. Estas dificultades económicas, combinadas con la incapacidad del régimen para mantener el orden, han provocado un aumento de la violencia y la delincuencia.
La incertidumbre política, la corrupción endémica y la debilidad institucional han destruido sistemáticamente el sistema financiero, lo que ha llevado a que Venezuela sea considerada como la nación más corrupta de las Américas. Este entorno de decadencia estatal e impunidad es la base sobre la que prospera la gobernanza criminal, en particular el narcotráfico.
Para Varnagy, otra preocupación es la posibilidad de que “Maduro utilice a Guyana como enemigo externo, para desviar la atención de los problemas internos de Venezuela, una táctica recurrente en la historia del país”. Además, destacó que existe preocupación en las Américas sobre la continuidad del régimen y las posibles repercusiones geopolíticas a corto y mediano plazo.
Narcoestado
Las denominadas “zonas de paz” del régimen, de las que inicialmente se retiraron las fuerzas de seguridad con la condición de que las bandas criminales depusieran las armas, se han convertido en cambio en los territorios más inestables de Venezuela, donde prosperan las organizaciones criminales. En esas zonas, el ELN, disidencias de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y mega bandas como el Tren de Aragua —designada oficialmente como organización terrorista por varios países—, mantienen un control territorial absoluto. Estos grupos regulan y se benefician de actividades como el narcotráfico, la minería ilegal y la prostitución, operando con la aprobación tácita del régimen de Maduro.
Los análisis actuales confirman que un gran número de grupos criminales operan dentro de Venezuela. Según InSight Crime, organización dedicada al estudio del crimen organizado en Latinoamérica, un grupo central de organizaciones, entre las que se encuentran el ELN y el Tren de Aragua, tienen el impacto más significativo por su solidez económica, lazos profundos con el régimen, capacidad militar, uso de la violencia, alianzas criminales y amplio control territorial.
Según los expertos, la magnitud del narcotráfico es enorme: se estima que el Cártel de los Soles y sus aliados, el ELN y el Cártel mexicano de Sinaloa, han movido desde Venezuela más de 600 toneladas de cocaína solo en 2023, de las que se beneficia el régimen. Este volumen representa casi una cuarta parte del suministro global de cocaína.
“Pocos países desean asociase con este controvertido modelo económico de Venezuela, debido a sus prácticas poco convencionales”, expresó Varnagy. “Esta economía obscura tiene alcance global. En este contexto, nadie quiere ser percibido como cómplice de prácticas cuestionables”.
Nota: Este artículo es una versión revisada y actualizada de un informe publicado originalmente en mayo de 2024.