A finales de 2024, Ecuador atravesó una crisis energética sin precedentes, con racionamientos eléctricos de hasta 14 horas diarias. Si bien, las principales causas se atribuyeron a la sequía y los bajos caudales provocados por el calentamiento global, otro factor estaría agravando la situación: las hidroeléctricas de bajo rendimiento construidas por China.
Así lo resaltó Martin Brown, investigador del Instituto Jack D. Gordon de Políticas Públicas de la Universidad Internacional de la Florida (FIU) y autor del artículo, Ríos de influencia: cómo las sequías y las inversiones chinas determinan la crisis energética de Ecuador, publicado en The Diplomat. “Las hidroeléctricas construidas por empresas estatales chinas han evidenciado fallos técnicos, problemas estructurales y promesas incumplidas que ahora pesan sobre Ecuador”, señaló Brown en entrevista con Diálogo.
De las ocho centrales hidroeléctricas construidas por China en el país andino, Coca Codo Sinclair es el ejemplo más emblemático de fracaso. Construida por la estatal china Sinohydro Corporation, filial de PowerChina, con una inversión de USD 2600 millones, esta hidroeléctrica, la más grande en la historia de Ecuador, hoy opera por debajo del 59 por ciento de su capacidad.

Según datos oficiales de la Corporación Eléctrica del Ecuador (CELEC), se han documentado miles de fisuras en su infraestructura, y enfrenta cerca de 14 procesos civiles y 80 laborales. “Uno de los problemas más graves del proyecto ha sido la corrupción”, afirmó Brown. “Casi todos los altos funcionarios involucrados han sido denunciados o condenados por sobornos”, agregó.
Sin embargo, los problemas con las hidroeléctricas chinas son solo una parte del impacto de la presencia de China en el país andino. Su influencia también se refleja en la enorme deuda que Ecuador ha acumulado.
Según la investigación, Los secretos de la deuda china, de la organización periodística Fundación Mil Hojas, entre 2010 y 2019 China otorgó a Ecuador más de USD 24 000 millones en créditos bilaterales mediante su banca estatal y comercial. Pero eso no es todo. Para cobrar la deuda, Pekín aseguró la exportación de petróleo ecuatoriano como forma de pago, imponiendo altas tasas de interés y cláusulas de soberanía que incluyen precios congelados para el crudo. “Si hay algo en lo que China ha demostrado tener un máster, es en su habilidad para asegurarse de que los países le paguen”, dijo a Diálogo Evan Ellis, profesor e investigador de Estudios Latinoamericanos en el Instituto de Estudios Estratégicos del Colegio de Guerra del Ejército de los Estados Unidos.
Hasta febrero de 2022, Ecuador había entregado a China 1174 millones de barriles de petróleo a precios significativamente inferiores a los del mercado, lo que representó una pérdida de aproximadamente USD 4000 millones. “La deuda con China ha sido la más opaca y onerosa para Ecuador”, afirmó Christian Zurita, periodista ecuatoriano de investigación y coordinador de la investigación Los secretos de la deuda china, en entrevista con Diálogo.
Una deuda que también ha puesto en riesgo la biodiversidad y ha acelerado la deforestación en Ecuador. “La urgencia de generar crudo suficiente para saldar la deuda con China ha convertido la extracción en una prioridad ineludible, llevando al país a perforar cada vez más dentro de la selva amazónica, en zonas tan críticas como el Parque Yasuní”, dijo a Diálogo Santiago Nájera, economista y exasesor ministerial de los ministerios de Hidrocarburos y de Energía y Minas de Ecuador.
Pekín ha insistido en reiteradas ocasiones en que sus relaciones con Latinoamérica se basan en “igualdad, beneficio mutuo y desarrollo conjunto”, sin embargo, tras dos décadas de fuertes relaciones bilaterales con Ecuador, que alcanzaron en 2016 el estatus de Asociación Estratégica Integral, expertos y analistas aseguran que la realidad dista de esa retórica. “Las dos partes están lejos de ser socias en igualdad de condiciones”, advirtió Ellis, señalando que Ecuador ha quedado atrapado en un modelo de endeudamiento riesgoso, con infraestructura defectuosa y una creciente dependencia económica de Pekín. Mientras tanto, China obtiene acceso privilegiado y control sobre sectores estratégicos como la minería, la energía y las telecomunicaciones.
“China se aprovechó de Ecuador”, dijo el exministro de Energía y Recursos Naturales No Renovables de Ecuador, Carlos Pérez, en declaraciones recogidas por el diario, The New York Times. “La estrategia de China es clara: asumir el control económico de los países”, advirtió.
Coca Codo Sinclair: una promesa hecha grietas
La hidroeléctrica Coca Codo Sinclair marcó el inicio del endeudamiento de Ecuador con China. Presentado como el gran proyecto del presidente Rafael Correa para transformar la matriz energética del país, prometía desarrollo, reducción de la pobreza y un futuro más próspero con conciencia social y ambiental. Sin embargo, en lugar de cumplir esas expectativas, el proyecto se ha convertido en un símbolo de corrupción, fallas estructurales, impactos ambientales y una creciente dependencia de Pekín.
La idea de construir esta presa, ubicada cerca del volcán activo Reventador, surgió en los años 1970. No obstante, los estudios de riesgo ambiental no ofrecieron garantías de viabilidad, lo que llevó a suspender el proyecto durante décadas.

La obra finalmente se puso en marcha en 2010, cuando el Banco de Exportación e Importación de China (Eximbank) financió el 85 por ciento del proyecto bajo condiciones que priorizaban beneficios para China. “Eximbank se aseguró de que todo quedara en casa, desde la aseguradora hasta la empresa constructora, cumpliendo así con la estrategia del Gobierno chino de promover la exportación de tecnología y equipos, expandir la presencia internacional de sus empresas y garantizar empleo para su propia mano de obra”, señaló Zurita.
Y así fue. Sin un proceso de licitación, la estatal china Sinohydro asumió el control total del proyecto. Con ella llegaron cientos de trabajadores, maquinaria y materiales importados desde China. Según informó el diario ecuatoriano El Comercio, en 2011 Sinohydro solicitó permisos laborales para 300 técnicos y profesionales chinos, quienes representaban el 35 por ciento de la nómina del proyecto. “Los contratos priorizaban la contratación de personal chino, reduciendo las oportunidades laborales para los ecuatorianos en una obra paradójicamente financiada con deuda pública”, comentó Nájera.
Seis años después, el 18 de noviembre de 2016, Xi Jinping llegó a Quito para asistir a la inauguración de la central hidroeléctrica. “La finalización de esta obra mejorará eficazmente la prevención y el socorro en caso de catástrofes en Ecuador y fortalecerá su infraestructura pública”, afirmó el mandatario chino, según un comunicado de Sinohydro. Sin embargo, a casi una década de su inauguración, el Gobierno ecuatoriano aún no ha recibido oficialmente el proyecto, debido a múltiples fallas estructurales.
Para 2018, la Contraloría General del Estado registró 7648 fisuras en la estructura, cifra que a septiembre de 2022 habría aumentado a 17 499, según una investigación del entonces presidente de la Comisión de Fiscalización de la Asamblea de Ecuador, Fernando Villavicencio.
Diversos informes, incluido uno de The Wall Street Journal y otro del portal ecuatoriano de investigación La Fuente, señalan que la causa principal de estos daños fue el uso de materiales de baja calidad, como acero defectuoso importado de China. Las investigaciones revelan que Sinohydro empleó materiales no homologados, omitió controles de calidad y aplicó soldaduras inadecuadas en la construcción de los distribuidores de las turbinas.
La falta de un embalse adecuado también impide que la hidroeléctrica opere a plena capacidad, incluso en condiciones hidrológicas óptimas, informó el diario ecuatoriano Primicias. Un ejemplo claro ocurrió el 28 de octubre de 2024, cuando el río Coca alcanzó su nivel máximo, pero la planta tuvo que detenerse para evitar que los sedimentos, que aumentan con las lluvias, dañaran las turbinas. A finales de 2024, según datos de CELEC, la hidroeléctrica operaba apenas al 20 por ciento de su capacidad.
Erosión del río Coca: la amenaza que podría apagar a Coca Codo Sinclair
A los problemas estructurales de Coca Codo Sinclair se suma una amenaza aún más grave y difícil de revertir: la erosión acelerada del río Coca, la fuente de agua que mantiene en funcionamiento a la hidroeléctrica.
El 2 de febrero de 2020, Ecuador perdió inesperadamente uno de sus íconos naturales: la cascada de San Rafael, un emblemático destino turístico, desapareció de un momento a otro. Pero este no fue un hecho aislado, sino una advertencia de un problema más profundo.
Investigaciones han revelado que la construcción de la hidroeléctrica alteró el tránsito de sedimentos y el caudal del río, exacerbando un fenómeno conocido como “aguas hambrientas”. En este proceso, la corriente, privada de su carga natural de sedimentos, comienza a erosionar agresivamente el lecho y las orillas del río, como lo informó Dialogue Earth. Si bien se trata de un fenómeno natural, hay estudios como el realizado por la Escuela Politécnica Nacional (EPN), entre 2015 y 2017, que aseguran que la tasa de erosión del río Coca aumentó un 42 por ciento a raíz del proyecto.
El impacto ambiental también amenaza la infraestructura de la hidroeléctrica. Así lo confirmó un informe del Cuerpo de Ingenieros del Ejército de los Estados Unidos, publicado en febrero de 2024, que advirtió que la erosión podría destruir las obras de captación de Coca Codo Sinclair en menos de tres años. Si esto ocurre, la hidroeléctrica más grande de Ecuador, uno de los proyectos más costosos del país, quedaría fuera de operación, profundizando la ya crítica crisis energética que enfrenta el país andino.
Coca Codo Sinclair: ¿Un desastre evitable?

Para garantizar la viabilidad de un proyecto como Coca Codo Sinclair, era fundamental realizar estudios rigurosos sobre el riesgo ambiental, geológico y sísmico, dada su ubicación en una de las zonas más complejas de la Amazonía ecuatoriana. Sin embargo, estos análisis nunca se llevaron a cabo con el nivel de exigencia que la vulnerabilidad del área requería. “Sinceramente (…), a China no le interesa si hay un caso de negocio detrás del proyecto (…), si existen riesgos ambientales. Si firmas lo que pide China y estructuras el acuerdo de tal forma que China reciba el pago, te construirá un puente en medio de la selva si así lo deseas (…) cuando les pagues”, señaló Ellis.
El último estudio ambiental serio e independiente previo a la construcción de la hidroeléctrica data de 1992. Realizado por el Instituto Ecuatoriano de Electrificación (INECEL), este informe estableció que el proyecto debía desarrollarse en dos fases, con una capacidad máxima de 859 MW y un costo estimado de USD 747,5 millones. Sin embargo, la obra construida por la RPC se ejecutó en una sola fase, con una capacidad de 1500 MW y un costo más del doble de lo establecido. El Consejo Nacional de Electricidad (Conelec) justificó esta decisión argumentando que, aunque los estudios eran antiguos, el informe permitía ampliar la capacidad, informó The Wall Street Journal.
Diversos reportes han evidenciado cómo el Gobierno ecuatoriano y la RPC ignoraron recomendaciones que podrían haber evitado los fracasos. Según un artículo de The New York Times, este medio tuvo acceso a una revisión independiente del proyecto en 2010, elaborada por una agencia gubernamental mexicana, que advertía que la cantidad de agua en la región para operar la presa no se había estudiado en casi 30 años. Aun así, el proyecto siguió adelante.
“Fue una decisión tomada a la ligera, durante un gobierno desbocado por la corrupción. Ahora, no solo Ecuador carga con las consecuencias, sino que China también se estará preguntando si permitir que un gobierno imponga decisiones más allá de las condiciones técnicas y legales es un buen método para sus inversiones. Sin duda, este caso ha dañado su reputación y se ha convertido en un ejemplo de lo que no se debe hacer en el mundo”, señaló Zurita.
Corrupción: el costo oculto de Coca Codo Sinclair
Mientras la hidroeléctrica más grande de Ecuador enfrenta serios problemas técnicos y desafíos ambientales, otra sombra se cierne sobre el megaproyecto: la corrupción.
Según investigaciones de la Fiscalía General del Estado, entre 2009 y 2018 se habrían pagado cerca de USD 76 millones en sobornos. Estos pagos, presuntamente realizados por la empresa china Sinohydro a través de intermediarios, se habrían canalizado mediante servicios ficticios de consultoría y representación. Así, un proyecto de tal envergadura se concretó sin estudios adecuados de factibilidad, impacto ambiental ni evaluación de riesgos financieros, detalló la Fiscalía.
El escándalo de corrupción que envuelve la obra de infraestructura más ambiciosa de Ecuador pone en evidencia, según expertos, los riesgos de hacer negocios con China. “La responsabilidad recae en ambas partes, pero las empresas chinas son especialmente depredadoras, sobre todo porque cuentan con el respaldo del Gobierno chino. Esto las convierte en un riesgo significativo para cualquier socio comercial”, advirtió Ellis.
El problema, según Ellis, no radica solo en los contratos, sino en la dinámica política que los hace posibles. “Cuanto más populistas son los gobiernos de la región y más se alejan de sus aliados tradicionales, más vulnerables se vuelven a la dependencia china, una relación que suele ser aún más perjudicial para sus propios intereses”, concluyó.
Malas prácticas “Made in China”

Los fallos de ingeniería y el impacto ambiental de Coca Codo Sinclair no son casos aislados. Otras hidroeléctricas construidas por empresas chinas en Ecuador enfrentan serios cuestionamientos sobre su efectividad y los riesgos que representan para la estabilidad energética del país.
Un ejemplo claro es la central hidroeléctrica Sopladora, ubicada en el río Mazar y construida por la estatal China Gezhouba Group. Con una inversión de USD 500 millones, financiada también por el Eximbank, la planta comenzó a operar en 2016. Sin embargo, hoy funciona a apenas el 15 por ciento de su capacidad. “Si bien la sequía ha afectado su rendimiento, informes sugieren que Gezhouba no capacitó adecuadamente a los trabajadores ecuatorianos en el mantenimiento de la planta”, advirtió el analista Brown.
Las deficiencias en la ejecución de estos proyectos también han sido documentadas por The New York Times. Un informe del medio reveló que los problemas en Coca Codo Sinclair incluyen fallas en las traducciones técnicas, lo que ha generado confusión entre los operarios ecuatorianos. En un ejemplo ilustrativo, un letrero en chino indicaba: “Grupo de Bombeo de Corriente Continua (CD)”, pero la traducción al español decía algo completamente distinto: “Grupo de presión de Washington, D.C.”
Otro proyecto bajo escrutinio es la central hidroeléctrica Mazar-Dudas, ubicada en los ríos Pindling y Mazar. Construida por la China National Electric Engineering Company (CNEEC) en 2011 y financiada con USD 41,6 millones del Banco de Desarrollo de China, entró en funcionamiento en 2015 con una capacidad de 21 MW. Aunque su menor tamaño redujo el impacto ambiental en el bosque protegido de Dudas-Mazar, las sequías han puesto en riesgo el flujo de agua, amenazando a cientos de especies de flora y fauna que dependen de este ecosistema. “La falta de un plan de mitigación adecuado podría agravar los efectos ambientales a largo plazo”, advirtió Brown.
Lo más preocupante es que estas deficiencias no son incidentes aislados, sino una exportación directa de la experiencia china en megaproyectos. La situación de las hidroeléctricas en Ecuador recuerda la controversia en torno a la represa de las Tres Gargantas, la más grande de China. Su construcción provocó daños ecológicos irreversibles en el río Yangtsé, incluyendo la extinción de especies, la erosión acelerada de las riberas y el desplazamiento de millones de personas. Además, fallas en las medidas de seguridad causaron la muerte de más de cien trabajadores, reportó The New York Times.
El paralelismo con Ecuador es innegable. En 2014, la empresa china Sinohydro informó la muerte de 13 trabajadores en Coca Codo Sinclair tras el colapso e inundación de un túnel dentro de la obra.
Estos antecedentes evidencian una realidad preocupante, comentó el economista Nájera, quien señaló que “China no solo ha impuesto un modelo de contrato perjudicial para la economía ecuatoriana, sino que también ha introducido malas prácticas en infraestructura, gestión ambiental y condiciones laborales, poniendo en riesgo el futuro energético y ecológico del país”.
Un callejón sin salida
El 17 de mayo de 2017, CELEC presentó una demanda de arbitraje contra Sinohydro ante la Corte Internacional de Arbitraje de la Cámara de Comercio Internacional, exigiendo que la empresa china cubriera al menos USD 20 millones en costos de reparación por las grietas en la infraestructura, informó Reuters.
Sin embargo, el arbitraje no es la única vía en discusión. Mientras el proceso avanza, el Gobierno ecuatoriano y Sinohydro exploran una alternativa polémica: que la compañía china asuma la operación de la hidroeléctrica a cambio de liquidez. Esta propuesta ha generado preocupación entre analistas y expertos, quienes advierten sobre los riesgos para la soberanía energética del país.

“Deshacerse de una infraestructura con fallas graves puede parecer una solución pragmática, pero Ecuador estaría comprometiendo su seguridad económica y exponiéndose a una posible coerción por parte de China. Pekín ya ha demostrado su capacidad para usar su influencia económica como herramienta de presión en decisiones soberanas”, advirtió Brown.
El riesgo no es solo geopolítico, sino también estratégico. “Estamos hablando de privatizar un activo clave, dejando a Ecuador en la posición de tener que negociar con China el precio de su propia energía”, señaló Nájera.
Este escenario recuerda lo que algunos críticos llaman la trampa de la deuda, una estrategia en la que China financia grandes infraestructuras y, posteriormente, se asegura el control de estos proyectos a cambio de condonar préstamos. Aunque Ecuador ya ha saldado su deuda de este proyecto, la imposibilidad de recibir oficialmente la obra por sus fallas estructurales y la posibilidad de ceder su operación para evitar asumir los costos de reparación reflejan un patrón preocupante.
Según el periodista Zurita, China propuso hacerse cargo de los problemas de Coca Codo Sinclair a cambio de recibir otra hidroeléctrica que ellos mismos construyeron, Sopladora. “China quería el control de esta nueva central como parte de un esquema más amplio, administrando un conjunto de hidroeléctricas ubicadas en la cuenca suroeste del país. Ecuador rechazó la propuesta y optó por el arbitraje”, explicó Zurita.
Ellis advierte que el problema con China va más allá del costo de los proyectos y la deuda; el verdadero riesgo radica en su capacidad para atar a los países a contratos que los sumergen en una dependencia económica de la que difícilmente pueden escapar. Coca Codo Sinclair, señala, es el mejor ejemplo de esta dinámica.
“A medida que Ecuador intenta desafiar a China por las fallas en la infraestructura, se encuentra atrapado en una red de dependencia económica difícil de romper. Incluso cuando busca responsabilizar a Pekín por su mal desempeño, este sigue maniobrando a su favor y consolidando su influencia. Es un mecanismo similar a una deuda de tarjeta de crédito: cuanto más intentas liberarte, más te hundes”, advirtió Ellis.
El impacto de la deuda
En la segunda parte de esta investigación, analizaremos el impacto de la deuda ecuatoriana con China y otros contratos estratégicos en sectores como la minería y la tecnología, incluyendo el sistema de vigilancia más importante del país: ECU 911.


