La reciente incautación en Colombia de 49 toneladas de coltán y estaño extraídos ilegalmente, materiales esenciales para la fabricación de productos electrónicos como teléfonos móviles y cuyo destino final era China, expone el funcionamiento de una red transnacional de minería ilegal vinculada a grupos armados. Este caso genera interrogantes sobre el posible conocimiento o control de empresas y autoridades chinas, sobre todo teniendo en cuenta el riguroso monitoreo que Pekín ejerce sobre sectores estratégicos y minerales críticos.
Capturas y decomisos
En la zona rural de Cumaribo, departamento de Vichada, un operativo conjunto el 2 de abril entre la Policía, el Ejército y la Fiscalía de Colombia, permitió el decomiso del cargamento de coltán y estaño y la captura de seis personas. Según informes del Ejército, los detenidos estarían relacionados con la Segunda Marquetalia, grupo disidente de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el Ejército de Liberación Nacional (ELN), dos de los principales grupos delincuenciales en Colombia.
“Este material, extraído de forma ilícita (…) pretendía ser comercializado en el mercado internacional, con China como destino final, a través del puerto de Cartagena”, declaró a Infobae el Brigadier General de la Policía Nacional de Colombia José James Roa Castañeda, director de Carabineros y Protección Ambiental. China, además, es el mayor consumidor global de coltán y estaño.

Mercado negro global
Esta incautación es la segunda en menos de dos semanas en la región amazónica. El 12 de marzo, las autoridades colombianas ya habían decomisado 19 toneladas de coltán, según un comunicado de la Policía colombiana. Estos minerales son fundamentales para la fabricación de baterías, teléfonos celulares, computadoras y otros dispositivos electrónicos avanzados, y componentes críticos en diversos sistemas de armas. Su alta demanda en el mercado global fomenta el desarrollo de un complejo mercado negro.
“Se trata de un mercado negro con múltiples niveles de intermediación. El mineral cambia de manos en varias etapas antes de llegar a su destino final, que es China. Ningún otro país tiene actualmente la infraestructura para procesar estos recursos de forma intensiva”, explicó a Diálogo Jorge Serrano, asesor de la Comisión de Inteligencia del Congreso de Perú. “Detrás de estas operaciones podría haber un respaldo estatal. El crecimiento industrial de China coincide con el incremento de estos flujos ilícitos. Su posición como principal consumidor mundial de estos minerales no es casualidad”.
Reservas fragmentadas
En Sudamérica, las mayores reservas de coltán se encuentran en Brasil, que lidera la producción de columbita y, después de la República Democrática del Congo, es el segundo mayor productor en el mundo de tantalita, dos componentes clave del coltán. También existen yacimientos importantes en la frontera colombo-venezolana, una región caracterizada por la minería ilegal y la presencia de grupos armados, según un informe de la Universidad de Navarra, en España.
En Colombia, casi toda la extracción de coltán es ilegal. El Servicio Geológico identificó grandes reservas en los departamentos de Vichada y Guainía, pero la Unidad de Planeación Minero-Energética advierte que no existen cifras oficiales, sino solo áreas con indicios de depósitos minerales. Fue precisamente en esta región donde se incautaron las 49 toneladas de coltán y estaño, como parte de un operativo contra el tráfico de minerales.
Redes del crimen transnacional
La minería ilegal en Colombia está estrechamente vinculada con redes criminales que operan en toda Latinoamérica y que tienen conexiones con actores chinos. Un informe de la Universidad Internacional de Florida, detalla que estas redes no solo se dedican al tráfico de minerales, sino también a actividades como el comercio ilegal de precursores de fentanilo, al tráfico de fauna y de personas y lavado de dinero.
Aunque no existen pruebas directas que vinculen al Partido Comunista de China con estas actividades, la corrupción y la falta de supervisión, tanto en China como en Latinoamérica, facilitan que funcionarios locales se beneficien, directa o indirectamente, de estas redes. Además, algunas de estas operaciones están relacionadas con organizaciones criminales como las tríadas chinas y la mafia de Fujian, lo que sugiere una estructura de delincuencia más compleja, con el respaldo de China.
“El Estado chino opera bajo una estructura centralizada. No existe división de poderes; todo responde al mando político del Partido Comunista, encabezado por Xi Jinping”, detalló Serrano. “Este control se extiende a las aduanas, puertos, población, fuerzas armadas y servicios de inteligencia, tanto civiles como militares”.
“Por esto, resulta improbable que cargamentos de minerales estratégicos ingresen o salgan del país sin el conocimiento de las autoridades”, agregó Serrano. “En casos anteriores, se ha demostrado el uso de insumos chinos en programas nucleares clandestinos y en la producción de fentanilo, con operadores ubicados dentro del territorio chino”.
Inteligencia paralela
Serrano explicó que el sistema de inteligencia chino tiene dos niveles: uno legal y otro clandestino. “La primera cara mantiene relaciones con organismos internacionales como la ONU o Interpol. La segunda, no reconocida oficialmente, facilita operaciones ilícitas mediante el envío de insumos a través de redes criminales, como los cárteles mexicanos. Este sistema permite al partido comunista chino en el poder, mantener una negación plausible de su implicación”.
Estas operaciones, añadió, no pueden atribuirse a iniciativas individuales. La complejidad logística, las conexiones con organizaciones criminales y las rutas internacionales utilizadas, requieren recursos y capacidades que solo son posibles con respaldo institucional. “No se trata de incidentes aislados, sino de un patrón bien documentado”, afirmó Serrano.
Coordinación internacional contra el tráfico de minerales
Serrano también subrayó que las incautaciones de Colombia fueron posibles gracias a una estructura de seguridad con más de dos décadas de cooperación con los Estados Unidos, Reino Unido e Israel. “Estos países conocen bien cómo operan los componentes criminales en estructuras estatales de países como China, Irán, Corea del Norte, Siria, Cuba o Venezuela”.
Las autoridades colombianas, con el apoyo del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) de los EE. UU. y otras oficinas internacionales en Asia y Europa, continuarán trabajando para identificar los países que adquieren estos minerales y rastrear su uso en la fabricación de armamento, aseguró en un video el Ministerio de Defensa de Colombia.
Este esfuerzo conjunto busca desarticular las redes criminales transnacionales y reforzar los mecanismos de control en los países que participan en la cadena de valor de estos minerales estratégicos. Sin embargo, el desafío sigue siendo enorme, pues el tráfico de coltán y otros recursos, continúan alimentando tanto la economía ilegal como los conflictos armados en regiones vulnerables.


