Ejercicios fluviales de Brasil y países socios fortalecen la seguridad frente al crimen transnacional

Durante décadas, los grandes ríos de Suramérica fueron vistos principalmente como arterias comerciales e instrumentos de integración regional. Sin embargo, muchas de estas vías navegables se han convertido en corredores estratégicos para el narcotráfico y el crimen organizado transnacional. Desde la Amazonia hasta la Hidrovía Paraguay-Paraná, las organizaciones criminales aprovechan la inmensidad del territorio, las dificultades de vigilancia y la naturaleza transfronteriza de los cursos de agua para transportar drogas, armas, madera y otras mercancías ilícitas.

Uno de los casos más emblemáticos se registra en la Amazonia brasileña, donde el control de las rutas a lo largo de los ríos Solimões y Negro ha alimentado en los últimos años una creciente competencia entre el Primer Comando de la Capital (PCC), el Comando Vermelho (CV) y grupos armados colombianos involucrados en el tráfico de cocaína, la minería ilegal y el comercio clandestino de madera. Controlar estos ríos significa dominar una de las principales rutas de salida de la droga producida en los países andinos hacia los mercados internacionales.

La magnitud del fenómeno queda reflejada en recientes operaciones de las fuerzas de seguridad brasileñas. En mayo, la Fuerza Integrada de Combate al Crimen Organizado de la Amazonia (FICCO) incautó unas 2,5 toneladas de droga, además de fusiles y municiones, en una embarcación interceptada en el río Solimões, cerca de Coari. Meses antes, en febrero, una operación cerca de Manacapuru permitió decomisar más de 4 toneladas de droga, 10 armas de grueso calibre y miles de municiones tras un enfrentamiento con narcotraficantes que utilizaban lanchas rápidas en el mismo río.

Estos episodios muestran cómo una parte creciente de la logística del narcotráfico se está desplazando hacia los caudalosos ríos amazónicos. Si en el pasado el control de las fronteras terrestres representaba el principal desafío, hoy las autoridades deben vigilar extensas redes fluviales que atraviesan varios países y permiten a las organizaciones criminales modificar constantemente rutas, horarios y modalidades de transporte. La posibilidad de utilizar miles de kilómetros de cursos de agua, canales secundarios y zonas escasamente vigiladas ofrece una ventaja operativa ardua de contrarrestar con herramientas tradicionales.

En este contexto, las fuerzas armadas de la región han fortalecido sus capacidades mediante ejercicios multinacionales, el desarrollo de procedimientos comunes y la incorporación de tecnologías avanzadas de vigilancia para responder con mayor eficacia a amenazas transnacionales en los entornos fluviales. “Los ejercicios multinacionales en los ríos fortalecen la interoperabilidad y el conocimiento situacional de las vías navegables, cada vez más explotadas por organizaciones criminales transnacionales y redes ilícitas”, indicó la Marina de Brasil a Diálogo en una declaración.

El desafío operativo: controlar territorios fluidos y redes criminales adaptables

Un ejemplo de cómo los países están fortaleciendo esas capacidades es el ejercicio ACRUX XII, realizado del 20 al 25 de abril en Corumbá, en la región del Pantanal brasileño, en el estado de Mato Grosso do Sul. El ejercicio reunió a más de 700 militares de las armadas de Brasil, Argentina, Uruguay, Paraguay y Bolivia a lo largo del río Paraguay, uno de los principales ejes de la Hidrovía Paraguay-Paraná.

“Este ejercicio prepara a las Fuerzas Armadas para defender conjuntamente la vía navegable Paraguay-Paraná, uno de los principales ejes económicos de nuestros países y la principal salida al mar de los productos paraguayos, garantizando así la libertad de comercio entre las naciones”, recordó el Capitán de Fragata Rodrigo Alberto Galeano Acosta, jefe del Estado Mayor Combinado de la operación.

La elección del Pantanal refleja la importancia estratégica de la región. Situada a lo largo de una de las principales rutas comerciales del continente, también constituye una de las principales puertas de entrada de la cocaína boliviana a Brasil. Miles de kilómetros de cursos de agua, canales, islas y áreas estacionalmente inundadas dificultan enormemente el monitoreo permanente de las actividades ilícitas.

Por ello, la respuesta táctica debe ser diferente a la empleada en los entornos terrestres tradicionales. No se trata simplemente de vigilar puntos fijos, sino de mantener una vigilancia dinámica sobre amplias áreas, desarrollando capacidades de intervención rápida, movilidad e intercambio inmediato de información. Durante el ACRUX XII se simularon patrullajes, control del tráfico fluvial, desembarcos y operaciones de recuperación de áreas ribereñas. Estos escenarios permiten estandarizar procedimientos, mejorar la interoperabilidad y preparar a las fuerzas participantes para responder de manera coordinada ante amenazas reales en los entornos fluviales.

Estos ejercicios permiten integrar plataformas navales, apoyo aéreo y sistemas avanzados de vigilancia. Por ello se empleó el helicóptero UH-12 en apoyo de los buques de la Marina de Brasil “Parnaíba” y “Paraguassu”, ampliando el radio de observación y la capacidad de obtener información operativa en tiempo real.

La principal innovación fue, sin embargo, el uso de drones. Equipados con cámaras dotadas de sensores infrarrojos, permiten identificar embarcaciones y movimientos sospechosos incluso durante operaciones nocturnas o en condiciones de baja visibilidad. “Los drones son una tecnología que está transformando los escenarios operativos, tanto en misiones de ataque como de vigilancia. En el caso del ACRUX XII, permiten monitorear el área de operaciones y ampliar las capacidades de reconocimiento y vigilancia nocturna”, señaló la Marina de Brasil.

El empleo combinado de embarcaciones, helicópteros y drones reduce una de las principales ventajas de las organizaciones criminales: la capacidad de aprovechar la oscuridad, la vegetación y la complejidad geográfica de los sistemas fluviales para ocultar embarcaciones y cargamentos de droga.

Interoperabilidad, inteligencia y respuesta regional a las amenazas transnacionales

ACRUX forma parte de un sistema más amplio de cooperación naval regional. Entre las iniciativas más destacadas se encuentra la Operación NINFA, desarrollada junto con la Armada de Paraguay a lo largo de la Hidrovía Paraguay-Paraná para establecer procedimientos comunes de patrullaje, control del tráfico fluvial y combate a las actividades criminales que se aprovechan de la permeabilidad de las fronteras. “Los ejercicios multinacionales permiten compartir conocimientos entre las fuerzas participantes y fortalecer los vínculos mutuos, ampliando la comprensión del área operativa y del entorno”, explica la Marina de Brasil.

Aún más significativa es la BRACOLPER, que reúne anualmente a Brasil, Colombia y Perú en la región amazónica. Creada en 1974, es uno de los ejercicios militares fluviales más antiguos de la región. Las actividades incluyen patrullajes conjuntos, control de cursos de agua, operaciones de recuperación territorial e intercambio de inteligencia. “Tenemos reuniones de mando, encuentros de inteligencia y, cuanto más profundizamos estos estudios, más nos damos cuenta de cuánto podemos contribuir a nuestras armadas y a nuestros países”, afirmó el Vicealmirante de la Marina de Brasil João Alberto de Araujo Lampert.

Lo que une a ACRUX, NINFA y BRACOLPER es la convicción de que las amenazas que atraviesan las grandes vías fluviales sudamericanas no pueden ser enfrentadas por un solo Estado: el narcotráfico, el contrabando, el tráfico de armas y otras actividades ilícitas aprovechan el carácter transnacional de los ríos y la dificultad de controlar territorios inmensos.

Por ello, estos ejercicios representan mucho más que un mero entrenamiento. Constituyen una inversión en preparación operativa frente a la evolución del crimen organizado en la región, al mejorar la vigilancia de las vías navegables, acelerar el intercambio de información y desarrollar procedimientos comunes que permitan a las fuerzas participantes responder de manera más rápida y coordinada ante redes criminales cada vez más móviles y sofisticadas. En un continente donde muchas de las principales rutas del narcotráfico siguen cursos fluviales que atraviesan varios países, la cooperación naval y la interoperabilidad se han convertido en herramientas esenciales para fortalecer la seguridad regional, proteger el comercio legal y mejorar la capacidad colectiva para enfrentar amenazas transnacionales.

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