Un nuevo acuerdo entre el Ministerio de Minas y Energía de Brasil y la empresa estatal China General Nuclear Power Group (CGN), ha intensificado las preocupaciones sobre la creciente influencia geopolítica de China y su posible impacto en la autonomía estratégica de Brasil. Aunque la alianza se enmarca como una cooperación en materia de energía y desarrollo agrícola, los críticos advierten de las implicaciones más amplias para la seguridad, que conlleva la profundización de los lazos con Pekín.
La colaboración, anunciada durante la Cumbre del BRICS celebrada en julio, se enfoca en un centro conjunto de investigación en inteligencia artificial (IA). La alianza, que reúne al Instituto Nacional del Semiárido de Brasil y a la Universidad Agrícola de China, creará un laboratorio de IA dedicado a la modernización de las técnicas agrícolas. El objetivo es integrar sistemas basados en IA con la maquinaria agrícola existente, para mejorar la supervisión del suelo y la evaluación medioambiental de la zona semiárida (el Sertão) del noreste del país, una región en la que viven 22 millones de personas.
Si bien la asociación ofrece a Brasil acceso a tecnología avanzada y a un capital de inversión muy necesario, al mismo tiempo proporciona a China acceso a un mercado clave y una influencia diplomática que podría comprometer la autonomía estratégica de Brasil.
Demostrando el alcance global de la táctica de Pekín, la Corporación Brasileña de Investigación Agrícola (Embrapa) firmó un acuerdo de cooperación independiente con la empresa china Sinomach Digital pocos días después del anuncio principal de la cumbre.
Este acuerdo prevé la creación de centros de servicios agrícolas inteligentes para familias de agricultores, que ofrecerán maquinaria agrícola de pequeño y mediano tamaño, junto con plataformas de gestión digital y tecnologías como el Internet de las cosas, macrodatos y la IA. Esta asociación complementaria pone de relieve cómo la estrategia de China se extiende desde la investigación de alto nivel, hasta la aplicación práctica que integra su tecnología en el corazón agrícola de Brasil.
Para Thiago Guedes, director ejecutivo de DeServ, una empresa especializada en seguridad de la información y privacidad de datos, es una idea honorable la aplicación de la inteligencia artificial para mejorar la vigilancia medioambiental y proporcionar datos más precisos a los agricultores que enfrentan la escasez de agua. Sin embargo, advierte que esta asociación estratégica merece una atención especial.
“La investigación en IA depende de los datos, y los datos agrícolas son mucho más valiosos de lo que parecen. Revelan la productividad, el clima, las características del suelo e incluso las tendencias del mercado”, afirma Guedes. “Si estos datos caen bajo el control de Pekín, Brasil corre el riesgo de perder su soberanía de la información estratégica”. Guedes añade que existe la posibilidad de espionaje económico o de explotación de datos con fines no declarados, y cita ejemplos de otros países en los que las alianzas tecnológicas han dado lugar a interferencias externas.
Otra preocupación para el experto es la dependencia tecnológica. “Si la infraestructura de IA [algoritmos, sensores, plataformas en la nube] es mayoritariamente china, Brasil podría verse atrapado en un ecosistema que no controla”, afirmó Guedes. “Esto significa que las futuras actualizaciones, los costos e incluso la continuidad del proyecto, podrían depender de la buena voluntad de un socio externo”.
“China ha estado ampliando su presencia en toda la región, ya sea en telecomunicaciones, energía o infraestructura. Pero cuando se trata de IA, lo que está en juego es aún mayor”, añadió Guedes. “A diferencia de un puerto o una carretera, la IA se ocupa de datos, y los datos hoy en día son el nuevo petróleo. Esto significa que hay que tener mucho cuidado en este ámbito. La influencia no tiene por qué ser negativa, pero debe estar bien definida”, dice Guedes.
Para el experto de DeServ, la solución no es rechazar la asociación, sino establecer reglas claras. Guedes sugiere medidas sencillas que marcarían la diferencia, como garantizar que los datos crudos permanezcan en Brasil, bajo la custodia de instituciones nacionales; invertir fuertemente en la formación de investigadores brasileños; diversificar las asociaciones con los Estados Unidos o Europa; y mantener la transparencia y la gobernanza con la supervisión de organismos como la Autoridad Nacional de Protección de Datos. “Si hay equilibrio, el laboratorio podría suponer un cambio radical para el semidesierto, sin comprometer el futuro tecnológico del país”, concluyó Guedes.
“Es una oportunidad para transformar la agricultura semiárida y mejorar la vida de millones de brasileños. Pero también es una prueba: ¿Hasta qué punto estamos preparados para recibir tecnología extranjera sin renunciar a nuestra soberanía? Al final, la pregunta no es si debemos cooperar, sino cómo hacerlo de forma inteligente”.