Semanas después de los dos poderosos terremotos que sacudieron a Venezuela el 24 de junio, la respuesta internacional ha dejado atrás la carrera por encontrar sobrevivientes. Las prioridades ahora se centran en atender a las familias desplazadas, restablecer los servicios esenciales, evaluar los daños en viviendas e infraestructura, ampliar la atención de salud y mantener las redes logísticas que permiten llevar asistencia a las comunidades afectadas.
A medida que evolucionan esas necesidades, la asistencia de Estados Unidos también transita de la respuesta de emergencia inicial hacia un apoyo humanitario y de recuperación sostenido. Las capacidades logísticas, de transporte, ingeniería, comunicaciones y asistencia humanitaria desplegadas tras los terremotos ayudaron a establecer redes críticas de acceso y abastecimiento, mientras que la asistencia continua de Estados Unidos respalda la provisión de alimentos, atención médica, agua y saneamiento, refugio, protección y otras necesidades conforme avanza la recuperación. Hasta el 8 de julio, Estados Unidos había comprometido más de USD 386 millones para la respuesta al terremoto, según el Departamento de Estado.
“El Gobierno venezolano debe ejercer un liderazgo, tanto para afrontar la emergencia como para determinar lo que será necesario en las fases siguientes”, dijo a Diálogo Ángel Rangel, exdirector de Protección Civil de Venezuela. “Cada brigada o misión de cualquier país necesita una contraparte nacional para orientarla y decirle dónde es más necesaria”.
De la respuesta de emergencia a la asistencia sostenida

La respuesta del gobierno de Estados Unidos, encabezada por el Departamento de Estado a través de un Equipo de Respuesta para la Asistencia en Desastres (DART, por sus siglas en inglés), movilizó capacidades civiles y militares para apoyar las operaciones de socorro tras los terremotos. El Comando Sur de los Estados Unidos (SOUTHCOM), en apoyo al Departamento de Estado, estableció un Centro de Coordinación de Asistencia Humanitaria en el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar para organizar la asistencia militar estadounidense y orientar las capacidades hacia las zonas donde eran más necesarias.
Estas capacidades respaldaron los esfuerzos iniciales para encontrar sobrevivientes, atender a los heridos, reabrir las vías de transporte y restablecer el acceso a las comunidades afectadas. Sin embargo, a medida que avanza la operación, los desafíos cambian. La fase actual exige decisiones de más largo plazo sobre qué edificios pueden volver a ocuparse, qué infraestructura debe repararse o demolerse, dónde vivirán las familias desplazadas y cómo se sostendrán los servicios de salud, agua, saneamiento y alimentación.
“Para que los EE. UU. puedan ayudar, el Gobierno debe establecer sus planes de gestión de desastres y, a partir de allí, decir al que ofrece la ayuda lo que se debe hacer”, señaló Rangel.
En La Guaira, uno de los estados más afectados, el gobernador José Alejandro Terán informó a comienzos de julio que al menos 750 edificaciones habían resultado afectadas, entre ellas 180 con colapso total y unas 400 con daños parciales. Las evaluaciones continuaban, por lo que aún no se conocía la magnitud definitiva de las labores de demolición, reparación y reconstrucción.
Del acceso de emergencia al apoyo sostenido
Durante la primera fase de la respuesta, la asistencia estadounidense contribuyó a restablecer y mantener operativos puntos clave para la llegada de ayuda internacional, entre ellos el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar y el puerto de La Guaira. Estas operaciones, junto con las redes de transporte aéreo, marítimo y terrestre, sentaron las bases logísticas para la actual fase de asistencia humanitaria.
El General de Brigada del Ejército Bolivariano (R) Antonio Rivero, exdirector de Protección Civil de Venezuela, señaló que la restauración de la infraestructura crítica pasó a ser una prioridad a medida que concluían las labores de búsqueda y rescate.
“Finalizada la fase de rescate se plantearon tres prioridades: la recuperación de infraestructuras críticas como el aeropuerto, los hospitales y la vialidad; la restitución de las viviendas y la preservación de la seguridad”, dijo a Diálogo.
El desafío ahora no consiste únicamente en hacer llegar la ayuda al país, sino en trasladarla desde puertos, aeropuertos y centros logísticos hasta refugios, centros de salud y comunidades, mientras las autoridades nacionales y locales continúan evaluando las necesidades sobre el terreno.
El Programa Mundial de Alimentos (PMA), que contaba con más de 3000 toneladas métricas de alimentos en Venezuela cuando ocurrieron los terremotos, amplió sus operaciones de distribución en La Guaira y otras zonas afectadas. La organización también puso a disposición su capacidad logística para transportar suministros de otros socios humanitarios, ofrecer almacenamiento y mejorar la conectividad en áreas donde carreteras y servicios resultaron dañados.
En una primera etapa, el PMA previó asistir a 500 000 personas afectadas por los terremotos durante los tres primeros meses de la respuesta, con la posibilidad de ampliar la cobertura hasta un millón de personas si se obtenían recursos adicionales. Su presencia establecida en Venezuela y el preposicionamiento de suministros en el Depósito de Respuesta Humanitaria de las Naciones Unidas, ubicado en Panamá, le permitieron ampliar rápidamente sus operaciones sin necesidad de crear una nueva red de distribución.
Esa infraestructura humanitaria también sirve como canal para la asistencia financiada por Estados Unidos. Según el Departamento de Estado, hasta comienzos de julio se habían distribuido más de 400 toneladas métricas de suministros de emergencia procedentes de depósitos estadounidenses para apoyar a decenas de miles de personas.
Las alianzas público-privadas amplían la cadena de suministro
El flujo de ayuda también se ha fortalecido mediante la cooperación entre el Gobierno de Estados Unidos, organizaciones humanitarias y empresas privadas.
Amazon y la organización humanitaria de transporte aéreo Airlink establecieron un puente aéreo entre el Aeropuerto Internacional de Miami y Caracas. Como parte de la iniciativa, anunciada en julio, Amazon asumió los costos de las aeronaves y del combustible para siete vuelos semanales de carga, mientras que Airlink coordinó el transporte de suministros humanitarios donados por organizaciones sin fines de lucro.
La operación conecta a organizaciones de ayuda en Estados Unidos con redes de distribución que ya trabajan en Venezuela. En lugar de crear una estructura paralela, el puente aéreo fortalece los canales humanitarios existentes, incluidos los mecanismos logísticos y de distribución en los que participan el PMA y otros socios.
Este modelo permite que la capacidad de transporte del sector privado refuerce una respuesta más amplia y coordinada a nivel nacional. Asimismo, contribuye a mantener el flujo de alimentos, medicamentos, artículos de higiene, equipos para el suministro de agua y materiales para refugios una vez que comienza a disminuir el intenso movimiento de vuelos militares y gubernamentales propio de la fase inicial de la emergencia.
El Departamento del Tesoro de Estados Unidos también emitió una autorización para las transacciones relacionadas con las labores de socorro tras los terremotos, reduciendo las restricciones que podrían dificultar el financiamiento, el transporte y la entrega de asistencia humanitaria.
Aumentan las necesidades de salud y atención a los desplazados
El fin de las operaciones de búsqueda y rescate urbano no ha reducido la presión sobre los servicios de emergencia. Por el contrario, las necesidades han evolucionado hacia la atención primaria de salud, los servicios maternoinfantiles, la prevención de enfermedades, la salud mental, así como el acceso al agua potable y al saneamiento.
La Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (IFRC), en coordinación con la Cruz Roja Venezolana, desplegó un hospital de campaña de emergencia en La Guaira con el apoyo de la Cruz Roja Española. La instalación tiene capacidad para brindar atención primaria de salud a unas 30 000 personas e incluye servicios maternoinfantiles, vacunación, vigilancia nutricional y epidemiológica, así como atención en salud mental y apoyo psicosocial.
Este hospital complementa otro hospital de campaña de la Cruz Roja Venezolana, que inicialmente atendió pacientes con traumatismos y que posteriormente orientó sus servicios hacia la atención primaria y el apoyo psicosocial. Asimismo, clínicas móviles continúan llegando a comunidades donde el acceso a los centros de salud sigue siendo limitado.
Con el respaldo de la IFRC, la Cruz Roja Venezolana también ha distribuido kits de higiene, artículos de limpieza, materiales para dormir, filtros y recipientes para almacenar agua a familias que permanecen en refugios temporales. La organización lanzó inicialmente un llamamiento de emergencia por 50 millones de francos suizos para asistir a 300 000 personas.
En el ámbito internacional, las Naciones Unidas solicitaron USD 298 millones adicionales para atender durante seis meses las necesidades de 1,3 millones de personas afectadas por los terremotos. Los requerimientos abarcan no solo alimentación y alojamiento de emergencia, sino también salud, agua y saneamiento, protección, educación y recuperación temprana.
Apoyo de EE. UU. continúa durante la recuperación
A medida que Venezuela avanza hacia una etapa de recuperación más prolongada, la naturaleza de la respuesta seguirá evolucionando. La restauración de la infraestructura, el mantenimiento de los servicios esenciales, el apoyo a las familias desplazadas y la atención de las necesidades humanitarias y de salud requerirán recursos sostenidos mucho después de que concluyan las operaciones iniciales de emergencia.
Las capacidades movilizadas durante las primeras semanas de la respuesta ayudaron a establecer rutas críticas de transporte, redes logísticas, sistemas de comunicaciones y canales para la distribución de ayuda humanitaria. El apoyo continuo de Estados Unidos —prestado de manera directa y a través de organizaciones internacionales, organizaciones no gubernamentales y socios del sector privado— puede seguir fortaleciendo esa base a medida que las necesidades evolucionan desde las operaciones de salvamento inmediato hacia la recuperación.
Las aeronaves, buques, vehículos, centros logísticos y suministros humanitarios amplían significativamente la capacidad de respuesta de un país cuando se integran a prioridades definidas por las autoridades nacionales. En esta etapa, las instituciones venezolanas seguirán desempeñando un papel central en las decisiones relacionadas con las comunidades afectadas, los servicios públicos, la vivienda y la reconstrucción, mientras los socios internacionales continúan aportando capacidades y recursos especializados.
La magnitud de los terremotos ha demostrado que las necesidades humanitarias no terminan cuando concluyen las operaciones de búsqueda y rescate. Mientras Venezuela enfrenta el largo proceso de restablecer los servicios esenciales y apoyar a las comunidades afectadas, Estados Unidos continúa proporcionando asistencia y recursos para contribuir a atender las necesidades cambiantes durante las fases de recuperación y posteriores de la respuesta.



