Mientras la legitimidad democrática del venezolano Nicolás Maduro ha sido rechazada en todo el mundo, el dictador se aferra al poder con el apoyo crucial de China, Irán y Rusia. Esta red de alianzas geopolíticas no solo desafía los intereses regionales y amenaza la seguridad, sino que también contribuye a profundizar el aislamiento de Venezuela, indicó la agencia de noticias británica BBC.
“Para entender esto, es necesario observar cómo en el siglo XXI la influencia de la dictadura cubana se expandió en la región. A finales del siglo pasado, Cuba era la única dictadura [en el hemisferio]; pero 25 años después ya son cuatro: Cuba, Venezuela, Bolivia y Nicaragua”, dijo a Diálogo Carlos Sánchez Berzaín, director del Instituto Interamericano para la Democracia. “Estas naciones deben ser vistas como una sola entidad liderada por Cuba, con su principal base de operaciones en Caracas”.
“El bloque opera en toda Latinoamérica desde suelo venezolano, buscando ampliar su influencia y consolidar su control”, abundó Sánchez. “En esta expansión, China, Irán y Rusia actúan como aliados clave dentro del mismo sistema dictatorial, unidos por un modelo autoritario, basado en acciones criminales que oprimen a sus pueblos para perpetuarse en el poder”.
De Irán a Maduro
Un personaje destacado en este entramado es Irán. Desde la Revolución Islámica, Teherán busca expandir su influencia en Sudamérica. En las últimas dos décadas, su relación con Venezuela creció significativamente. El petróleo es el eje de esta alianza, proporcionando ingresos esenciales para ambos regímenes, refiere el diario Arab News.
Irán ve en Venezuela un colaborador estratégico, en su objetivo para contrarrestar la presión internacional y proyectarse como potencia global.
“Para sobrevivir, las dictaduras [del hemisferio] fortalecen lazos con Moscú, antiguo socio de Cuba; con Pekín, por la necesidad de recursos y créditos; y con Irán por su apoyo en asistencia, protección y entrenamiento al castrismo”, dice Sánchez. “Estas alianzas se hicieron evidentes cuando los regímenes autoritarios de América apoyaron la invasión rusa a Ucrania, lo que muestra su lealtad y dependencia mutua”.
Por otro lado, la presencia de grupos terroristas, como Hezbolá en Venezuela, entre otras áreas de la región, enciende las alarmas por posibles operaciones desestabilizadoras, detalla Arab News. Los “colectivos”, grupos armados creados durante el chavismo, reciben entrenamiento de Hezbolá, apoyando ahora a Maduro en su intento de mantenerse en el poder, asegura la organización dedicada al estudio del crimen organizado en Latinoamérica InSight Crime.
La situación se complica aún más, con la denuncia de que “las dictaduras del siglo XXI en Latinoamérica se alinearon con movimientos a favor del terrorismo”, indicó Sánchez. “Desde Costa Rica, se ha señalado que Venezuela, Bolivia y Nicaragua, se convirtieron en bases de operaciones para grupos terroristas islámicos, lo que refuerza el vínculo entre estos regímenes autoritarios y las redes que desestabilizan a la región”.
Beneficio entre dictaduras
En esta compleja red de alianzas, Rusia también juega un papel crucial. Tras las elecciones venezolanas del 28 de julio, el presidente ruso Vladimir Putin felicitó a Maduro por su “victoria”, a pesar de las denuncias de fraude por parte de la oposición. Esta relación estratégica entre Moscú y Caracas es clave desde la llegada del chavismo al poder en 1999, particularmente en el ámbito militar, señaló CNN.
La colaboración militar entre Venezuela y Rusia se fortaleció a principios de la década de 2000. Desde entonces, Venezuela adquirió una amplia gama de equipos militares rusos incluyendo tanques, helicópteros y cazabombarderos, consolidando así una relación que ambos países describen como de “beneficio mutuo”, dice CNN.
Rusia ve en Venezuela un puente hacia Latinoamérica, mientras que Caracas obtiene apoyo político, económico y militar, fortaleciendo su posición en el escenario internacional, complementó CNN.
El contexto político también se refleja en la presencia de Maduro en algunas reuniones con otros países. “Aunque no será admitido formalmente, Maduro aprovecha la reunión fundada por China, Brasil, India y Rusia [BRICS], para reunirse con Putin y darse un baño de soporte internacional que no tiene”, expresó Sánchez. “Las dictaduras, inevitablemente apoyan a otras dictaduras para sostener su poder y legitimidad”.
China al acecho
Por su parte, China se consolida como otro de los pilares económicos del régimen de Maduro. Entre 2007 y 2015, Pekín otorgó a Venezuela préstamos por valor de USD 59 000 millones, garantizados con ventas de petróleo.
A pesar de que las sanciones impuestas a Venezuela en 2019 complicaron las relaciones comerciales entre Pekín y Caracas, China continuó adquiriendo petróleo venezolano a través de intermediarios, evadiendo las restricciones de los EE. UU., detalló BBC. Estas compras proporcionan liquidez a la autocracia de Maduro.
“Esto no significa que China no presione a Venezuela o Cuba por sus deudas. De hecho, Pekín está exigiendo a Cuba hacer reformas económicas para garantizar los pagos pendientes”, aclara Sánchez.
El régimen chino también suministra equipos antimotines y tanquetas, “que usan las autoridades venezolanas para la represión,” dijo en septiembre a BBC Joseph Humire, director ejecutivo del Centro para una Sociedad Libre y Segura, con sede en Washington. “Se estima que Pekín entregó unos 120 vehículos blindados a la Guardia Nacional Bolivariana, para controlar a disidentes y opositores”.
La colaboración china en Venezuela ha llevado al desarrollo de sistemas de vigilancia como el “Carnet de la Patria” implementado con la ayuda de empresas como ZTE, indica la plataforma argentina Infobae. ZTE es parte de la estrategia de espionaje global de Pekín. Desde el 2000, Venezuela es uno de los principales aliados de China en Latinoamérica, y Maduro ha respondido con apoyo en todos los ámbitos.
“Mientras Venezuela tenga aliados fuertes como Irán, Rusia, China y otros (…), un aislamiento total de Venezuela, un congelamiento como sucedió con África del Sur a raíz del conflicto del Apartheid, no pareciera ser tan viable”, comentó a la plataforma Voz de América, en septiembre, el canciller de Costa Rica Arnoldo André Tinoco.
Libertad y democracia
“El respaldo a la dictadura venezolana no es una apuesta ganadora para Moscú, Pekín y Teherán, sino que los posiciona en el eje autoritario, en abierta confrontación contra la democracia”, expresó Sánchez. “El escenario global actual no es una nueva Guerra Fría, sino una guerra global, en la que la imparcialidad y la neutralidad son cada vez más difíciles”.
“En Venezuela no solo se está disputando el futuro inmediato del país, sino también el rumbo de las democracias en las Américas durante las próximas dos décadas y media, incluidos Canadá y los EE. UU.”, concluyó Sánchez.