El nuevo estadio de fútbol de El Salvador, de USD 500 millones y con capacidad para 50 000 espectadores, y financiado por China -un regalo de Pekín-, será concluido a mediados de 2027.
La construcción a gran escala que se construirá en Antiguo Cuscatlán es quizás uno de los últimos ejemplos de la diplomacia de los regalos o la ofensiva de encanto del Partido Comunista Chino (PCCh) en los países de Centroamérica.
El nuevo estadio forma parte de un proyecto de infraestructura más amplio que el PCCh prometió “regalar” a El Salvador tras el establecimiento de relaciones diplomáticas en 2018. Sin embargo, lejos de ser un simple acto de generosidad, este tipo de megaproyectos forman parte de una estrategia de Pekín para ganar influencia política y económica en Latinoamérica a través de infraestructura “gratuita” que genera dependencia.
“La logística detrás de este tipo de cooperación ‘no reembolsable’ es que los países beneficiarios deban favores al régimen chino”, dijo a Diálogo Eduardo Escobar, director Ejecutivo de Acción Ciudadana, organización que promueve la transparencia y rendición de cuentas en El Salvador. “Este enfoque de poder blando, a nivel latinoamericano, busca aportar al desarrollo de los países a través de obras, con la intención de obtener algún beneficio posterior para China”.
El estadio fortalecerá el deporte nacional, fomentará la práctica de nuevas disciplinas y construirá una cultura deportiva más sólida, informa el periódico oficial Diario El Salvador. Sin embargo, el proyecto responde a un patrón sistemático mediante el cual China despliega infraestructuras similares en otros países de la región, usándolas como instrumentos de proyección geopolítica e influencia en territorios clave para sus intereses estratégicos.
“Este tipo de inversión es probable cuando China tiene interés en mantener buenas relaciones con un país, pero no prevé el surgimiento de complementariedades económicas o estratégicas significativas”, indicó a Diálogo Henry Ziemer, investigador asociado del Programa de las Américas, del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS). “El Salvador es un buen ejemplo de ello: al carecer de recursos naturales significativos que China pudiera desear, se enfoca más en donaciones como el estadio de futbol y la biblioteca nacional, que mejoran la percepción pública, pero son de poca relevancia para Pekín”.
Otra controvertida empresa china
El anuncio sobre el término de la construcción del estadio salvadoreño también enciende las alarmas hacia la compañía Ingeniería de Construcción Estatal de China (CSCEC), una empresa constructora con un historial de fraudes, violaciones laborales y ambientales documentadas en la región. Un ejemplo es el caso de la empresa Construcción China en América (CCA), filial de CSCEC, que fue declarada culpable de fraude y de incumplir su acuerdo de inversión con BML Properties Ltd. en el fallido proyecto Baha Mar en las Bahamas, apuntó el medio estadounidense National Law Review.
Un tribunal de Nueva York determinó que CCA desvió fondos de subcontratistas, los retiró y autorizó retrasos, lo que contribuyó directamente al colapso y quiebra del proyecto en 2015. A pesar de una apelación de CCA, la corte ratificó su decisión y determinó una indemnización de USD 1600 millones a BML, señaló el medio Eyewitness News Bahamas.
CSCEC también fue acusada de múltiples violaciones en un proyecto de infraestructura de USD 230 millones en Bolivia, tras una investigación del Banco Mundial, informó el diario digital South China Morning Post. El proyecto vial, adjudicado en 2017 por la Administración Boliviana de Carreteras a CSCEC, buscaba mejorar una vía pública y beneficiar a 125 000 residentes. Pero la empresa china manipuló a los lugareños para firmar a ciegas contratos desfavorables de concesión de tierras, pagando precios muy por debajo del valor del mercado, reportó el diario.
Además, la empresa fue señalada de construir como compensación, viviendas que resultaron inconclusas e inhabitables, ignorando las características climáticas de la región, especificó desde Reino Unido la organización sin fines de lucro Centro de Recursos sobre Negocios y Derechos Humanos. También se le atribuye la contaminación de fuentes de agua esenciales para las comunidades cercanas e incumplimiento de la legislación laboral, incluyendo retrasos salariales, impago de seguros y falta de equipo de protección adecuado para los trabajadores, agregó.
La estrategia del “regalo”
La agenda de Pekín va más allá del discurso de “ganar-ganar” que impulsa en sus acuerdos. Su táctica de “cooperación no reembolsable” suele activarse cuando un país rompe lazos con Taiwán. Así lo registró un informe del centro de ideas Expediente Público, titulado Estudio de Caso: la Influencia de China en Costa Rica, donde además se documenta que, desde mediados de la década de los años 60, se construyen infraestructuras similares en el Caribe y el Pacífico Sur.
En 2007, Costa Rica se convirtió en el primer país centroamericano en romper lazos con Taiwán y establecer relaciones con Pekín. A cambio, recibió la construcción del Estadio Nacional de San José, valorado en USD 100 millones. Este giro diplomático fue clave para Pekín, que buscaba debilitar el reconocimiento internacional de Taiwán y afianzar su presencia en una región históricamente influida por occidente. La nueva relación no solo trajo una oleada de regalos del PCCh, sino también un aumento en las actividades ilícitas vinculadas al comercio bilateral.
“Miembros de la comunidad china costarricense operan una serie de casinos privados, así como operaciones de criptomoneda, ambas utilizadas en parte para el blanqueo de capitales (…). Las organizaciones criminales chinas con sede en Costa Rica también están muy involucradas, en cierta medida, en la compra y venta de drogas que transitan por el país”, detalla un informe del doctor Evan Ellis, profesor investigador de Estudios Latinoamericanos, en el Instituto de Estudios Estratégicos del Colegio de Guerra del Ejército de los EE. UU. “Desafortunadamente, la capacidad de las autoridades costarricenses para combatir al crimen organizado chino (…) es limitada, ya que suelen tener poca capacidad para penetrar en las comunidades chinas de Costa Rica, debido a que son socialmente relativamente cerradas ante la presencia de foráneos”.
China también busca tener influencia en el Caribe a través de inversiones estratégicas que combinan infraestructura crítica con proyectos de alto impacto simbólico. Bajo su iniciativa de la franja y la ruta, ha financiado desde puertos y redes eléctricas hasta hospitales y estadios, en una apuesta que le garantiza presencia en sectores clave, además de cercanía a recursos naturales como en los casos de Guyana y Surinam, puntualizó la revista política europea Político. En Jamaica, este patrón se evidenció con obras como el Trelawny Stadium, construido por un costo de más de USD 30 millones; y la ampliación del hospital de la Universidad de las Indias Orientales, con una inversión de USD 511 millones.
Las implicaciones a largo plazo de estos gestos, que se asemejan a la “diplomacia palaciega” de China en África, siguen sin estar claras, ya que los detalles sobre los acuerdos de inversión del PCCh en Latinoamérica son vagos y oscuros.
“La ambigüedad significa que algunos paquetes pueden interpretarse simultáneamente como préstamos, inversiones y ayuda”, explicó Bhaso Ndzendze, profesor asociado de política y relaciones internacionales de la Universidad de Johannesburgo, a Al Jazeera. “Por supuesto, se trata de cosas diferentes y tienen implicaciones diferentes… necesitamos sistemas de información que permitan la transparencia para poder realizar un análisis de coste-beneficio como ciudadanos y actores ajenos al Gobierno”.