En la última década, China ha afianzado con gran relevancia su penetración en el Caribe impulsada por una combinación estratégica de inversiones económicas, iniciativas diplomáticas y proyectos de infraestructura. En 2018, Trinidad y Tobago se convirtió en el primer país insular en adherirse a la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI), seguido por Surinam, Guyana, Dominica, Antigua y Barbuda, y Barbados. En 2019, las dos economías más grandes del Caribe, Jamaica y la República Dominicana, también se sumaron.
El impacto de esta expansión ha sido significativo. Para 2023, la inversión directa de China en los países insulares alcanzó los USD 3300 millones, mientras que los contratos en infraestructura ascendieron a USD 32 200 millones.
Por su parte, el centro de pensamiento Diálogo Interamericano, con sede en Washington D.C., destacó que, en 2022, entre los diez países de Latinoamérica y el Caribe con la mayor inversión directa de China –en proporción a su producto interno bruto–, cuatro de los primeros están en la región insular. Guyana encabezó la lista, seguida de Santa Lucía, mientras que Jamaica y Surinam ocuparon el cuarto y quinto lugar, con Perú en tercer puesto como la única excepción fuera del Caribe.

A nivel comercial, el crecimiento también ha sido exponencial. De acuerdo con cifras de la Comisión de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes de los EE. UU., el comercio entre China y el Caribe pasó de USD 1000 millones en 2002 a USD 8000 millones en 2019, con un marcado superávit para Pekín. Un informe del centro de pensamiento el Indian Council of World Affairs (ICWA) destacó que el Caribe se ha convertido en un destino para productos chinos “baratos”, y la región, en fuente clave de bauxita, oro, petróleo y gas natural para Pekín.
Aunque los países del Caribe experimentan un impulso económico sin precedentes, diversos informes académicos, centros de pensamiento y expertos advierten que la agenda de Pekín trasciende el modelo de cooperación “win-win” que pregona en sus acuerdos. “Pocos proyectos chinos en el Caribe pueden considerarse realmente acuerdos “beneficiosos para todos”, en gran parte debido al enfoque a menudo depredador de Pekín y a la marcada asimetría de poder entre las empresas chinas respaldadas por el Estado –como China Harbour Engineering Company (CHEC), China State Construction Engineering Corporation (CSCEC) y China National Petroleum Corporation (CNPC)– y los gobiernos pequeños y económicamente vulnerables que negocian estos acuerdos”, señaló Evan Ellis, experto en relaciones sino-latinoamericanas e investigador de estudios latinoamericanos en el Instituto Estratégico de la Escuela de Guerra de los Estados Unidos, en entrevista con Diálogo.
Lejos de ser una simple relación de inversión y cooperación para el desarrollo, la presencia de China en el Caribe se inscribe dentro de una estrategia de largo plazo, donde la economía es tan solo la primera fase de un modelo de dominación más amplio. “No estamos hablando de un país democrático, sino de empresas que forman parte de un sistema represivo”, advirtió Ryan Berg, director del Programa de las Américas del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), en entrevista con Diálogo.
Arquitectura de poder disfrazada de cooperación
El entonces primer ministro de Trinidad y Tobago, Keith Rowley, que dimitió a inicios de marzo, no se equivocó cuando, tras la adhesión de su país a la BRI, afirmó ante la RPC: “Nosotros necesitamos de sus inversiones y ustedes necesitan nuestra ubicación”. Su declaración, citada en una investigación de la Red de Periodismo de Investigación del Caribe (CIJN), resume el pragmatismo con el que los pequeños estados caribeños han acogido la creciente influencia de Pekín.
Y es que más allá de su imagen como destino turístico paradisíaco, el Caribe posee un valor estratégico como centro logístico, financiero y comercial. Su acceso a rutas marítimas clave lo convierte en un eslabón fundamental dentro de la proyección de poder global de China, en una dinámica comparable a la observada en el sudeste asiático, donde Pekín ha combinado inversión económica, presencia diplomática y, potencialmente, proyección militar como parte de su estrategia de expansión. “Las rutas marítimas caribeñas son comparables a corredores estratégicos como el estrecho de Malaca o las aguas alrededor de Taiwán, donde China ha utilizado el comercio y las finanzas como herramientas de influencia”, señaló Ellis.
A esto se suma otro factor determinante: el pulso diplomático con Taiwán. Cinco de los doce países que aún reconocen oficialmente a Taipéi están en esta región, lo que convierte al Caribe en un escenario crucial dentro de la estrategia geopolítica de China. Expertos aseguran que Pekín ha desplegado una ofensiva diplomática sistemática para reducir el número de aliados de Taiwán, recurriendo a incentivos económicos y promesas de inversión como mecanismos de presión. “El Caribe se ha convertido en un silencioso campo de batalla en la cruzada de China por erosionar los lazos diplomáticos de Taiwán, una prioridad dentro de la política exterior de Xi Jinping”, añadió Ellis.
Este panorama confirma que la presencia del país asiático en el Caribe va más allá de la estricta cooperación económica y responde a una arquitectura de poder silenciosa y meticulosamente diseñada y calculada. Expertos han encendido las alarmas, advirtiendo que, aunque la región no ha recibido la misma atención que Sudamérica, representa el eslabón más frágil dentro de la estrategia de poder regional de China.
“Es difícil encontrar una región en Latinoamérica más importante estratégicamente para Pekín, especialmente en el contexto de un posible conflicto futuro, y que, sin embargo, reciba tan poca atención y reconocimiento,”, señala Ellis. Según el experto, China ha invertido más capital en el Caribe per cápita que en cualquier otra parte de Latinoamérica.
Una idea que refuerza Joseph Humire, director ejecutivo del Centro para una Sociedad Libre y Segura al señalar que: “Todo el juego de China está en el Caribe. El Pacífico es la entrada, pero todo terminará en el Caribe”, advirtió en entrevista con Diálogo.
Préstamos e inversión: Caballo de Troya de China en el mar de las Antillas

Una pieza clave de la estrategia de China en el Caribe ha sido consolidarse como el mayor prestamista de la región con más de USD 8000 millones otorgados en las últimas dos décadas, según datos del centro de pensamiento Diálogo Interamericano. Ahora bien, lo que a primera vista parece una oportunidad, expertos aseguran es un peligroso esquema de endeudamiento fortaleciendo la influencia de China, comprometiendo la soberanía económica y política de las naciones receptoras.
Para Gerard Johnson, economista de Trinidad y Tobago está claro que Pekín presta dinero para proyectos que otras instituciones multilaterales no aprobarían o que requerirían años de análisis, porque la mayoría de estos proyectos no son viables o presentan riesgos ambientales o socioeconómicos considerables. “El financiamiento chino es mucho más rápido y se entrega llave en mano, pero los costos en términos de debilitamiento institucional son reales”, señaló Johnson en una entrevista con la revista de investigación centroamericana Expediente Público.
Este fenómeno ha sido particularmente evidente en Jamaica, considerada el ancla de las inversiones de Pekín en el Caribe. El país ha recibido cerca de USD 2000 millones en préstamos gubernamentales para proyectos de infraestructura estratégica y USD 3000 millones en inversión directa, en sectores clave como la minería de bauxita y la producción de azúcar, según datos de la Base de Datos de Finanzas China-América Latina, producido por Diálogo Interamericano.
Un caso revelador es la Autopista Norte-Sur, construida por China Harbour Engineering Company (CHEC) a un costo de USD 458 millones, financiados en su totalidad por China Development Bank. Como parte del acuerdo, el Gobierno jamaicano cedió a Pekín los derechos de operación y cobro de peajes por 50 años, lo que no solo garantiza el retorno de la inversión de China, sino que también otorga a Pekín un control sostenido sobre una infraestructura clave de la isla.
El impacto económico y social de la autopista ha sido objeto de debate. según la Autoridad de Peajes el costo del peaje, USD 16 por un trayecto de 66 kilómetros de ida, lo hace inaccesible para la mayoría de los ciudadanos lo que resulta en una autopista que los jamaiquinos no pueden costear. “China busca posicionarse a través de inversiones estratégicas, mientras los países receptores enfrentan los costos ocultos de estos acuerdos”, advirtió Ellis.
Expertos aseguran que las economías pequeñas del Caribe carecen de los recursos técnicos y financieros para evaluar en profundidad las condiciones contractuales o explorar alternativas de financiamiento, lo que las deja en una posición de desventaja. En muchos casos, estas negociaciones han terminado por favorecer únicamente los intereses de Pekín a expensas de los países receptores, que quedan atrapados en esquemas de deuda con mínima generación de empleo local y un claro control extranjero sobre activos estratégicos.
Ejemplo de ello es Bahamas, donde el Banco de Exportación e Importación de China (China Exim Bank) aportó USD 2500 millones para construir el complejo turístico y casino Baha Mar, el más grande del Caribe. Durante su construcción, se emitieron más de 8000 visas de trabajo para obreros chinos, le dijo Ellis a Diálogo, desplazando a miles de trabajadores bahameños calificados. Tras declararse en quiebra durante su ejecución, el socio local fue marginado y China Construction America (CCA) tomó el control, asegurando la infraestructura bajo condiciones favorables para Pekín más que para la economía local.
Más preocupante aún es la falta de transparencia en los acuerdos financieros, que dificulta la intervención de otros prestamistas internacionales en caso de crisis. Un caso alarmante es Surinam, cuya deuda externa ha alcanzado los USD 2400 millones, con aproximadamente 17 por ciento adeudado a bancos estatales chinos.
A mediados del 2023, en un contexto de profunda crisis económica y social que ha dejado a Surinam sin capacidad para devolver créditos, India accedió a reestructurar su deuda. Pekín, por el contrario, se negó a renegociar los USD 545 millones pendientes. La intransigencia de China, y la falta de información sobre las conversaciones bilaterales entre Surinam y Pekín llevaron al Fondo Monetario Internacional (FMI) a suspender su programa de asistencia financiera, informó esta institución.
Si bien, se ha dado a conocer que, a finales de 2024, Surinam habría logrado un acuerdo con Pekín para reestructurar su deuda, expertos advierten que los detalles del pacto aún no han sido esclarecidos. “Surinam sigue siendo el país con la mayor deuda per capita con China en la región y es uno de los pocos con los que Pekín ha mostrado reticencia a reestructurar pasivos, una postura que también ha adoptado en varios casos en África. Aunque se ha discutido la posibilidad de una renegociación, hasta ahora no se ha oficializado ningún acuerdo de manera transparente”, señaló Ellis, haciendo referencia a la opacidad que ha caracterizado las negociaciones con China a nivel global.
Lo que sí se confirmó, en diciembre de 2024, tal como lo registró la agencia de noticias española EFE, es que Guyana y Surinam seleccionaron a la empresa China Road andd Bridge Corporation para la construcción de un puente de 1,1 kilómetros sobre el río Corentyne, con una inversión de USD 236 millones.
El creciente volumen de inversiones de China en el Caribe también suscita serias preocupaciones sobre la autonomía de los países de la región. “La dependencia financiera podría restringir la capacidad de los gobiernos para tomar decisiones soberanas, como ha ocurrido en otras naciones donde Pekín ha utilizado la coerción económica para presionar a quienes desafían sus intereses”, advirtió Leland Lazarus, director asociado de Seguridad Nacional en el Instituto Jack D. Gordon de Políticas Públicas de la Universidad Internacional de Florida, en entrevista con Diálogo.
Puertos estratégicos con la mirada militar de Pekín

Dentro de los proyectos con mayor objetivo geoestratégico se encuentra la expansión portuaria de China en el Caribe. Si bien la inversión en infraestructura portuaria pareciera adecuarse a una planeación lógica para un país que transporta cerca del 90 por ciento de su carga por mar, analistas advierten que estos proyectos tienen un uso dual, tanto civil como militar. “China aprovecha su presencia comercial para fortalecer su influencia en materia de defensa, utilizando infraestructuras clave como los puertos para afianzar su posición global”, señaló Berg.
Uno de los principales riesgos radica en la recolección de inteligencia, incluso información marítima y aduanera, geolocalización, registros reglamentarios e información comercial, y el monitoreo de rutas marítimas. “Toda empresa china que opere en el extranjero está legalmente obligada a informar a Pekín sobre sus actividades, lo que convierte estas infraestructuras civiles en puntos estratégicos para el país asiático”, explicó Berg. Según el CSIS, dado que casi todas las mercancías marítimas globales pasan por infraestructuras chinas, China podría aprovechar la información a la que tiene acceso para desviar o retrasar equipos militares, poner suministros esenciales en cuarentena o incautar bienes críticos como medicina.
La preocupación se acrecienta debido a la legislación china, que obliga a que todos los activos civiles puedan ser utilizados por el Ejército Popular de Liberación (EPL) en caso de movilización. “La seguridad nacional y la seguridad económica están entrelazadas, son inseparables y están absolutamente vinculadas”, afirmó Lazarus. Investigaciones del Wall Street Journal han revelado que, en los Emiratos Árabes Unidos y Guinea Ecuatorial, proyectos portuarios financiados por China fueron diseñados con especificaciones que facilitarían el acceso de embarcaciones militares.
Uno de los puertos bajo mayor escrutinio en el Caribe es el Puerto de Contenedores de Freeport (FCP) en las Bahamas –que posee aguas muy profundas– conocido como el “Centro de Transbordo de las Américas”. Actualmente, es operado por la empresa estatal china Hutchison Port Holdings. “Es un punto clave en términos de seguridad regional, por lo que el interés de China en este territorio no es casual”, advirtió Ellis.
La presencia portuaria china en las Bahamas no se limita a Freeport. A menos de 200 millas de Florida, se encuentra el Puerto de Ábaco (North Abaco Port), construido por la estatal China Harbour Engineering Company (CHEC). A esto se suma el Airport Gateway Project en Nassau, desarrollado por China Construction America (CCA) y financiado por el China Exim Bank.
Pero aún hay más. En Jamaica, el Puerto de Kingston representa otro enclave de alto valor geopolítico. Mientras tanto, en Antigua, el megaproyecto portuario liderado por Yida Zhang avanza con fuerza, consolidando aún más la presencia de Pekín en este sensible sector estratégico.
Antigua: el enclave chino que redefine al Caribe
Antigua, la pequeña isla caribeña de 70 000 habitantes, se prepara para albergar uno de los proyectos más ambiciosos de China en la región: el Special Economic Zone Holdings (SEZH). Este megaproyecto, impulsado por el empresario chino Yida Zhang y construido por la estatal China Civil Engineering Construction Corporation (CCECC), abarcará unas 810 hectáreas –superficie equivalente al 40 por ciento del territorio de la isla– y funcionará como una zona económica especial, otorgando exenciones fiscales y privilegios legales a inversionistas chinos. Según una investigación de Newsweek, el SEZH incluirá un puerto, una aerolínea, un sistema propio de aduanas y la capacidad de expedir pasaportes y registrar empresas en sectores estratégicos como logística, criptomonedas, virología y cirugía estética.

“Estamos ante un claro ejemplo de ‘proyectos de enclave’ que China consolida en economías pequeñas y vulnerables como las del Caribe”, afirmó Ellis, quien advierte que este modelo de influencia de China guarda claro paralelismo con su estrategia en África. “Muchos de estos países alcanzaron su independencia hace relativamente poco, y sus gobiernos han estado dominados por partidos políticos nacidos de los movimientos independentistas. Esto ha permitido a China estrechar lazos con las élites políticas y económicas de la región, facilitando la creación de megaproyectos como el de Antigua y, con ello, ejerciendo una influencia significativa”, señaló el experto.
Ellis destaca que, con base en indicadores per cápita, la presencia china es más evidente en países como Granada, Dominica, Jamaica, Barbados y Antigua, donde el tamaño reducido y las limitadas capacidades gubernamentales han generado un entorno ideal para que Pekín afiance su poder económico y estratégico.
Esa influencia, según Lazarus, también ha sido potenciada por mecanismos promovidos por estas mismas naciones para incentivar la inversión. Ejemplo de ello es el programa de Ciudadanía por Inversión (CBI), que ha facilitado la llegada de ciudadanos chinos adinerados al Caribe. “A medida que más ciudadanos chinos trasladan su capital y adquieren nacionalidad en estos países, Pekín podría utilizar a esta comunidad influyente para expandir más aún, su poder político y económico en la región”, advirtió Lazarus.
El propio Yida Zhang es un ejemplo de esta dinámica: obtuvo su ciudadanía en Antigua a través del CBI y ahora lidera uno de los proyectos más ambiciosos de la región. Sin embargo, además de las preocupaciones geopolíticas, el proyecto no ha estado exento de controversias, especialmente por su impacto ambiental. Según The Guardian, la zona de desarrollo se superpone con una reserva marina protegida desde 2005, que alberga especies en peligro de extinción. Su alteración no solo podría destruir ecosistemas clave, sino también aumentar la vulnerabilidad de la isla ante desastres naturales como huracanes.
Pero eso no es todo, la empresa de Yida Zhang también enfrenta denuncias de corrupción. Investigaciones de Lazarus revelaron que la compañía está involucrada en un litigio con la inmobiliaria local Luxury Locations, que lo ha demandado por el impago de USD 3 000 millones.
Descontento creciente
China ha consolidado su influencia en una región donde, hace apenas dos décadas, su presencia era casi inexistente. Aunque el impulso chino parece no tener intención de disminuir, a medida que crece esta presencia, también lo hace la resistencia ante el costo real de esta relación. Factores como el desempleo local, la falta de regulaciones laborales y medioambientales, y la reticencia de Pekín a reestructurar los préstamos se han convertido en fuentes de fricción, empañando la relación entre China y el Caribe, y proyectando una creciente sombra sobre la imagen de la potencia asiática en la región.
En el ámbito laboral, los sindicatos caribeños han denunciado que las empresas chinas disfrutan de ventajas desleales, tales como exenciones aduaneras y una reducción en los costos de seguridad, lo que afecta la competitividad del mercado local, destacó el ICWA. En Jamaica, por ejemplo, han tenido lugar protestas debido a irregularidades salariales y a la contratación de un número desproporcionado de trabajadores chinos, en detrimento de la mano de obra local, como ha reportado el Jamaica Observer.
El impacto ambiental desbordante es otra preocupación creciente. Según datos del blog del Programa de Cambio Medioambiental y Seguridad del Wilson Center, New Security Beat, varios países insulares de la región han comenzado a implementar medidas restrictivas para proteger sus ecosistemas y preservar el turismo, uno de sus activos más importantes. Como ejemplo de esta resistencia, en 2019, el Gobierno de Trinidad y Tobago canceló un contrato de USD 70 millones con la China Gezhouba Group International Engineering Company y la Housing Development Corporation, debido a la falta de transparencia en las evaluaciones de impacto ambiental. Asimismo, en Guyana, el Gobierno rechazó la solicitud de la China Harbor Engineering Company para extender el plazo de modernización del aeropuerto internacional, un proyecto de USD 150 millones que sigue inconcluso por deficiencias en los materiales y problemas relacionados con la seguridad ambiental.



