Mientras crece la preocupación por el predominio de China en las cadenas globales de suministro de tierras raras y minerales estratégicos, Brasil se está consolidando como una de las principales alternativas a nivel mundial. Según el Servicio Geológico de los Estados Unidos (USGS), el país posee aproximadamente 11 millones de toneladas de reservas de tierras raras, las segundas más grandes del mundo después de China, además de destacados yacimientos de otros minerales críticos, como litio y niobio, indispensables para la defensa, la seguridad nacional, la transición energética y las tecnologías avanzadas. Estos recursos son fundamentales para la fabricación de capacidades estratégicas que van desde sistemas de comunicación y sensores avanzados hasta plataformas no tripuladas y otras tecnologías críticas para la seguridad nacional.
“Este escenario coloca a Brasil en una posición estratégica para convertirse en un proveedor alternativo confiable”, declaró a Diálogo Pablo Cesário, director-presidente del Instituto Brasileño de Minería (IBRAM).
Sin embargo, el desafío no se limita a la extracción de materias primas. Para convertir su potencial geológico en una ventaja estratégica, Brasil deberá desarrollar una cadena industrial capaz de procesar y transformar estos recursos en productos de alto valor agregado, como los imanes permanentes, reduciendo la dependencia de una cadena productiva que hoy está dominada en un 90 por ciento por China.
Oportunidades y limitaciones
Las perspectivas de Brasil en este sector se sustentan en una combinación de ventajas naturales y desafíos estructurales. El país es el mayor productor mundial de niobio, el segundo en reservas de tierras raras y grafito, y el tercero en níquel. A ello se suman una sólida tradición minera, amplias áreas aún por explorar y una matriz energética basada principalmente en fuentes renovables.
Según Cesário, gracias a la capacidad de establecer alianzas con países que buscan diversificar sus cadenas de suministro y reducir su dependencia de China —un enfoque conocido como friendshoring— y a la capacidad de producir minerales con un bajo impacto ambiental utilizando energía renovable (powershoring), “Brasil puede atraer capital extranjero y abastecer mercados particularmente exigentes”.
Sin embargo, la riqueza del subsuelo no se traduce automáticamente en liderazgo industrial. A pesar de contar con las segundas mayores reservas mundiales de tierras raras, Brasil representa todavía menos del 1 por ciento de la producción mundial y continúa exportando principalmente concentrados minerales. “El principal desafío consiste en transformar esta riqueza mineral en capacidad industrial”, declaró a Diálogo el profesor brasileño Jaques Paes, de la Fundación Getulio Vargas.
El caso de Serra Verde, en el estado de Goiás, pone de manifiesto tanto el potencial como las dificultades del sector. La empresa, considerada una de las fuentes más importantes de tierras raras pesadas fuera de China, alcanzó en abril un acuerdo para ser adquirida por la estadounidense USA Rare Earth en una operación valorada en USD 2800 millones. El acuerdo le permite redirigir a sus clientes, que reprocesan y refinan los elementos extraídos, de China a Estados Unidos.
La importancia estratégica de los minerales críticos brasileños también ha impulsado una mayor cooperación con Estados Unidos. En 2026, autoridades estadounidenses y brasileñas avanzaron en acuerdos de cooperación enfocados en tierras raras y otros minerales críticos, incluyendo iniciativas en el estado de Goiás destinadas a promover inversiones, intercambio técnico y el desarrollo de capacidades de procesamiento y manufactura. Para Washington, Brasil es considerado un socio estratégico en los esfuerzos para diversificar cadenas de suministro actualmente dominadas por China y fortalecer el acceso a recursos esenciales para tecnologías avanzadas y aplicaciones de defensa.
El riesgo
En los últimos años, Pekín ha ampliado rápidamente su presencia en el sector minero brasileño mediante adquisiciones e inversiones estratégicas. En 2025, Anglo American acordó vender a la empresa china MMG, controlada por la estatal China Minmetals, las minas de níquel de Barro Alto y Codemin, en el estado de Goiás, además de otros activos en Pará y Mato Grosso. El acuerdo, valorado en aproximadamente USD 500 millones, fortalecería significativamente la participación de empresas respaldadas por China en la producción brasileña de níquel, un metal fundamental para baterías y tecnologías avanzadas.
La expansión china también alcanza otros minerales estratégicos. En 2024, la estatal China Nonferrous Metal Mining adquirió la minera Taboca, en la Amazonia, que extrae estaño y posee reservas asociadas de niobio, tantalio y hafnio. En 2025, el grupo Baiyin compró una planta de cobre en el estado de Alagoas, mientras que BYD obtuvo derechos de exploración de litio en el valle de Jequitinhonha, en Minas Gerais. Paralelamente, el Gobierno brasileño inició conversaciones con CATL para producir baterías de ion-litio en el país.
Para muchos analistas, la cuestión va mucho más allá del mero control de las minas. El predominio chino en las materias primas críticas le otorga a Pekín una capacidad de influencia sin precedentes sobre cadenas de suministro esenciales para las economías modernas, las industrias estratégicas y las capacidades de defensa de numerosos países. Desde semiconductores y baterías avanzadas hasta radares, drones y sistemas de guerra electrónica, gran parte de las tecnologías que sustentan la seguridad nacional y la superioridad tecnológica dependen de minerales cuya refinación y procesamiento continúa concentrada en China.
En este contexto, la dependencia de cadenas de suministro dominadas por China representa una vulnerabilidad estratégica. En un escenario de crisis, tensiones geopolíticas o restricciones comerciales, el acceso a minerales críticos y a los componentes derivados de ellos podría convertirse en un instrumento de presión con consecuencias para la defensa, la industria y la resiliencia económica de numerosos países. Para Brasil, el desafío consiste en evitar quedar relegado al papel de exportador de materias primas, mientras las etapas más estratégicas de la cadena de valor —refinación, transformación industrial y producción de componentes avanzados— permanecen bajo control chino.
Hacia la autonomía estratégica
Ante estos desafíos, Brasil busca fortalecer su base industrial y tecnológica. Según Cesário, el país está adoptando medidas para integrar actividades extractivas, innovación y financiamiento. “Además del crédito, existen iniciativas para crear polos integrados que conecten las minas con las industrias de transformación, optimizando las infraestructuras logísticas y energéticas”. La innovación sigue siendo un elemento clave. “Brasil busca fortalecer la investigación y el desarrollo mediante alianzas entre universidades, centros de investigación y el sector privado, con el objetivo de superar la dependencia de tecnologías extranjeras”, añadió.
Paralelamente, el proyecto de ley 2780/2024, que contempla la creación de una Política Nacional de Minerales Críticos y Estratégicos, nuevos instrumentos de financiamiento y mayores inversiones en investigación y desarrollo, continúa avanzando en el Congreso brasileño tras haber sido remitido al Senado en 2026. Sin embargo, representantes del sector privado han expresado preocupación de que la versión actual del proyecto de ley pueda otorgar a un consejo propuesto amplias facultades para revisar la inversión extranjera en minería, lo que podría desalentar a los inversionistas.
Sin embargo, los desafíos siguen siendo considerables. Según los expertos, solo el 27 por ciento del territorio brasileño ha sido cartografiado desde el punto de vista geológico. A ello se suma el tema de la soberanía nacional, cada vez más presente en el debate sobre el futuro de los recursos estratégicos del país. Para Paes, la cuestión de la soberanía va mucho más allá del origen del capital extranjero. “La soberanía no depende de quién invierte, sino de la capacidad de desarrollar competencias propias, generar conocimiento, fortalecer la base industrial y preservar la autonomía en las decisiones estratégicas”.
Las decisiones que tome hoy Brasil podrían influir no solo en su futuro económico, sino también en los esfuerzos internacionales por construir cadenas de suministro más resilientes y menos dependientes de China para minerales y tecnologías estratégicas. “Al transformar su potencial extractivo en una verdadera capacidad productiva, el país podrá atraer inversiones, infraestructura y empleo calificado, generando beneficios concretos para la sociedad”, concluyó Cesário.



