La controvertida empresa estatal China Road and Bridge Corporation (CRBC) está preparada para construir el puente sobre el río Corentyne, una obra de USD 236 millones que conectará a Guyana y Surinam, lo que genera preocupaciones significativas. El historial de irregularidades de esta firma en todo el mundo, que incluye mala conducta, violaciones de los derechos laborales, prácticas turbias y trabajo de mala calidad, levanta serias dudas sobre los riesgos que implica esta inversión, indicó el diario guyanés Stabroek News.
A principios de diciembre de 2024, el ministro de Obras Públicas de Guyana, Juan Edghill, anunció la selección de CRBC, y añadió que la construcción comenzará tras asegurar el financiamiento completo, informó el diario guyanés Tempo. El puente de 3,1 kilómetros unirá Moleson Creek, en Guyana; con Long Island y South Drain, en Surinam. Con una vida útil de 100 años y con mantenimiento, permitirá el paso de embarcaciones de hasta 47 000 toneladas. También conectará la Guayana Francesa y Brasil, para unir Sudamérica a largo plazo.
“Las empresas chinas siempre presentan las propuestas más bajas, lo que plantea dudas sobre cómo logran este margen competitivo”, dijo al ser consultado por Diálogo Euclides Tapia, profesor titular de Relaciones Internacionales en la Universidad de Panamá. “Es necesario analizar su estrategia comercial y entender cómo acceden a información clave de las licitaciones, especialmente los costos estimados de sus competidores, para usarla a su favor”.
Surinam firmó en noviembre de 2024 un acuerdo para reestructurar su deuda de USD 476 millones con el Exim Bank de China, incluyendo USD 140 millones en mora; y reorganizó los pagos en dos fases, reportó la agencia española EFE. Tanto Guyana como Surinam están estudiando opciones de préstamo para su contribución del 50 por ciento, informó el sitio de noticias local Newsroom.
“Surinam solo podrá cumplir con su parte del proyecto del puente recurriendo a más deuda con China, lo que agrava su situación financiera. Este es un punto crítico que no puede pasarse por alto, ya que refleja cómo China se aprovecha de la vulnerabilidad de sus socios”, señaló Tapia. “Surinam ya cayó en la primera trampa tras la refinanciación de su deuda”.
El creciente interés de China en la región se remota al hallazgo de reservas petroleras en Guayana en 2015. Además del petróleo, la nación cuenta con recursos estratégicos como oro y bauxita, lo que atrae la atención de Pekín, señala BBC.
Historial de controversias
Los antecedentes de CRBC generan preocupaciones legítimas ya que sus proyectos en todo el mundo están plagados de problemas. En Ecuador, el proyecto Solución Vial Guayasamín, que buscaba conectar Quito con los valles de Tumbaco y Cumbayá, quedó paralizado desde 2019, debido a incumplimientos contractuales y a un arbitraje internacional entre CRBC y la Empresa Pública Metropolitana de Movilidad y Obras Públicas, indica el Instituto Ecuatoriano de Arbitraje.
Las irregularidades incluyeron la falta de diseños definitivos, provisión inadecuada de bienes y servicios, y un manejo poco transparente de fondos, indica la revista de arbitraje Ciar Global. Este proyecto, firmado en 2016, contemplaba la ejecución de las obras en 28 meses, y su administración bajo un esquema de concesión por 30 años.
En Montenegro, CRBC enfrentó graves críticas al retrasar la construcción de un tramo de 41 kilómetros de la autopista Bar-Boljare, financiado con un préstamo de casi USD 1000 millones del Exim Bank de China, refiere la ONG Support4Partnership, con sede en Sarajevo, Bosnia y Herzegovina. Según el diario español El Confidencial, los sobrecostos y el daño al ecosistema del río Tara dejaron al país con una deuda insostenible, con el riesgo de que recursos clave sean confiscados si no se cumplen los pagos antes de 2035.
“El proyecto del puente Corentyne puede exponer a Surinam a riesgos significativos. La participación de CRBC y el China Exim Bank, conocidos por sus prácticas en proyectos como la autopista de Montenegro, plantea la posibilidad de caer en una ‘trampa de la deuda’”, comentó Tapia. “Si Surinam no puede cumplir con su parte del financiamiento, podría recurrir a préstamos adicionales de China; incrementando su deuda externa y aumentando su vulnerabilidad a ceder control sobre activos estratégicos o su infraestructura crítica a Pekín”.
Promesas incumplidas
El puerto de Hambantota, en Sri Lanka, construido por la estatal China Merchant Ports, es un ejemplo recurrente de los riesgos asociados con estas inversiones. Inicialmente concebido para impulsar el comercio, el proyecto acumuló una deuda de USD 8000 millones, lo que llevó al país a ceder el puerto a China por 99 años. Este modelo de financiamiento, conocido como “diplomacia de la trampa de deuda”, resalta el impacto negativo que acuerdos mal gestionados pueden tener en la soberanía de los países anfitriones, señala el sitio argentino de noticias Infobae.
En Venezuela, el proyecto ferroviario Tinaco-Anaco, financiado con más de USD 2700 millones del Fondo Conjunto Chino-Venezolano, quedó inconcluso y plagado de conflictos laborales y daños ecológicos, indicó el sitio independiente Armando Info. Según el diario venezolano El Pitazo, solo se completó un tercio de la obra antes de ser desmantelada en 2021.
Ecuador ofrece otro ejemplo preocupante con la hidroeléctrica Coca Codo Sinclair. Desde su inauguración en 2016, la central ha sufrido múltiples fallas estructurales que generan constantes interrupciones y millonarias pérdidas económicas para el país; y enfrenta una demanda arbitral de USD 580 millones contra la estatal china Sinohydro, señala el diario ecuatoriano Primicias. Los miles de fisuras en los generadores de electricidad siguen aumentando en tamaño y número, causando daños con costos aún por cuantificar.
Riesgos estructurale
La experiencia de estos países con proyectos liderados por empresas estatales chinas, resalta un patrón de sobrecostos, problemas técnicos y falta de transparencia. El puente Corentyne, aunque prometedor en papel, plantea interrogantes sobre si realmente será “una puerta al desarrollo o una trampa de riesgos”, advierte Tapia.
“Fortalecer los mecanismos de supervisión y exigir el cumplimiento de estándares internacionales, es esencial para mitigar los riesgos asociados a este tipo de inversiones”, concluyó Tapia. Guyana, Surinam, y todos los países que tengan tratos con empresas chinas, “deben incluir cláusulas de arbitraje en sus contratos, que se resuelvan fuera de Pekín y garanticen su transparencia, como medida clave para reducir posibles sobornos”.



