A lo largo de las zonas vitales de tránsito marítimo del hemisferio occidental se está escribiendo una nueva era de defensa. A medida que las organizaciones criminales transnacionales adaptan sus métodos y explotan las rutas marítimas, los socios regionales y los Estados Unidos adoptan una postura de interrupción activa e implacable. El objetivo estratégico es claro: ejercer presión sistemática implacable sobre las redes de amenazas transnacionales que buscan socavar la soberanía de las naciones aliadas y amenazan la seguridad en todo el hemisferio.
Este enfoque proactivo quedó plenamente demostrado durante la Operación PULPO, un esfuerzo combinado que sincronizó las capacidades de los Estados Unidos con la autoridad soberana de interceptación de las fuerzas de Ecuador, para desarticular las redes criminales que operan en el Pacífico oriental.

La operación se basó en las capacidades únicas de la Fuerza de Tarea Conjunta Interagencial Sur (JIATF-S), con sede en Cayo Hueso, Florida. La JIATF-S es un centro de coordinación multinacional e interinstitucional que supervisa una vasta área de operaciones conjuntas de 42 millones de millas cuadradas que abarca el Atlántico, el mar Caribe y el Pacífico oriental. En el marco de la Campaña Martillo, la JIATF-S integra información de inteligencia de 21 países aliados y socios, las Fuerzas Armadas de los EE. UU. y las agencias federales encargadas de hacer cumplir la ley. Su misión principal es la detección y el monitoreo de los movimientos ilícitos de drogas por vía aérea y marítima, proporcionando información que permita a las fuerzas estadounidenses, aliados y países socios, llevar a cabo interceptaciones y detenciones exitosas.
Durante la Operación PULPO, este marco de intercambio de inteligencia se centró en desarticular una capacidad logística crítica utilizada por redes de amenazas, incluidas las organizaciones terroristas extranjeras: los suministros ilícitos de combustible en alta mar. En Ecuador, el combustible altamente subsidiado destinado a apoyar a las industrias locales es desviado ilegalmente por organizaciones criminales, para perpetrar operaciones de contrabando marítimo. El acceso a grandes cantidades de combustible barato permite que las embarcaciones de alta velocidad recorran mayores distancias y respalden las rutas de tráfico de drogas a través del Pacífico oriental.
Al atacar estas redes, la Operación PULPO asestó un golpe devastador al alcance operativo de las redes criminales marítimas, frustrando los intentos de reabastecer a las embarcaciones de alta velocidad que viajan desde Sudamérica hacia México.

Un componente clave de esta operación fue el despliegue de una plataforma de un Buque de Misión Especial (SSM). Al funcionar como una nave nodriza de largo alcance desplegada en primera línea en aguas internacionales, la SSM permitió a los equipos tácticos ecuatorianos permanecer posicionados a cientos de millas de la costa durante períodos prolongados. Partiendo directamente desde la cubierta de la SSM, los equipos de abordaje ecuatorianos utilizaron interceptores de alta velocidad equipados con capacidades que incluían radar, sensores térmicos y comunicaciones seguras.
Este modelo operativo aprovechó con éxito el alcance de los sensores de los EE. UU. junto con la autoridad soberana de Ecuador para llevar a cabo interdicciones; lo que permitió a las fuerzas aliadas actuar rápidamente sobre la información obtenida a través de la red multinacional de detección y monitoreo.
Según un oficial que participó en la operación, “la combinación de la SSM, el destacamento militar y el equipo ecuatoriano, demostró una sinergia perfecta. La integración y el profesionalismo sin igual del equipo ecuatoriano al trabajar junto a la plataforma fue el factor clave del éxito”.
Una de las primeras interceptaciones de la operación demostró cómo funcionó esta coordinación en el mar. Los activos aéreos de la JIATF-S detectaron un buque pesquero comercial sospechoso de actuar como buque nodriza móvil de reabastecimiento para dos lanchas rápidas.

Las fuerzas ecuatorianas partieron de la plataforma SSM y acortaron la distancia para llevar a cabo acciones simultáneas de abordaje. La operación resultó en el decomiso de casi 3000 kilogramos de cocaína ocultos en compartimentos secretos, la incautación del buque de logística y la detención de su tripulación.
Más adelante en el despliegue, la coordinación entre un avión de patrulla marítima y un sistema aéreo no tripulado permitió a las fuerzas ecuatorianas interceptar una lancha rápida de tres motores que transportaba 30 garrafones de combustible ilícito. Durante el abordaje, el equipo ecuatoriano descubrió una terminal comercial activa de Internet por satélite, que la tripulación utilizaba para recibir actualizaciones de ruta en tiempo real y encriptadas, de coordinadores en tierra.
La operación concluyó con la interceptación de un remolcador comercial que arrastraba una flotilla de cinco pangas asociadas. Las fuerzas ecuatorianas aseguraron las embarcaciones y recuperaron 3400 litros de combustible ilícito vinculado a rutas regionales de contrabando.
Al utilizar las capacidades avanzadas de Inteligencia Artificial y Aprendizaje Automático (IA/AA) de la JIATF-S para mapear y predecir patrones de ruta anómalos, la Operación Pulpo demostró cómo la tecnología innovadora puede combinarse con los esfuerzos de interceptación de las naciones aliadas para proteger el hemisferio.
En última instancia, el éxito de la Operación PULPO sirve como un modelo operativo decisivo para la próxima fase de la Campaña Martillo de la JIATF-S. Al privar a las redes criminales del combustible —su principal moneda logística— y de activos de mando y control de alta tecnología como el Internet por satélite, los socios regionales han demostrado que la zona de tránsito del Pacífico oriental ya no es un entorno propicio para la ilegalidad.
Este triunfo colaborativo subraya el poder de la coordinación regional de inteligencia, cuando se combina con la acción firme y soberana de los aliados y socios del hemisferio. De cara al futuro, la fuerza conjunta está lista para ampliar y perfeccionar este modelo de despliegue avanzado, enviando un mensaje inequívoco a los adversarios de que la determinación colectiva para asegurar el hemisferio es absoluta, inquebrantable y duradera.