La influencia de China sobre los medios de comunicación latinoamericanos y sus periodistas se está expandiendo. Con el fin de promover sus intereses y moldear la opinión pública, China emplea diversas estrategias para difundir su narrativa y reprimir las críticas.
El pasado mes de abril, el grupo editorial chino Caixin Media patrocinó la cumbre organizada por el periódico económico brasileño Valor en Shanghai, Valor Brasil-China 2025, ilustrando cómo Pekín utiliza este tipo de iniciativas periodísticas para avanzar en su agenda política y económica. Según Valor, el foro representó no sólo “una inmersión en cuestiones económicas, sino que también se mostró como un ambiente propicio para ampliar los acuerdos existentes y las nuevas oportunidades”. En la reunión, Caixin Media también destacó la posibilidad de nuevas colaboraciones con medios brasileños.
China también financia programas de formación para periodistas latinoamericanos en China. Estos cursos suelen incluir visitas a lugares estratégicamente importantes para los intereses del país asiático, además de a lugares turísticos. El objetivo de estos viajes es ejercer un mayor control sobre la imagen de China en los medios de comunicación y fomentar narrativas favorables. Esta estrategia se hizo evidente en abril, con un programa de intercambio en el que 247 periodistas de 23 países de Latinoamérica y el Caribe viajaron a China y visitaron, entre otros lugares, el Templo Shaolin y la planta de BYD en Zhengzhou, en la provincia de Henan. El resultado fue una serie de artículos y videos a favor de China.
Según un informe del centro de investigación Freedom House, con sede en Washington, el Diario del Pueblo de China, órgano de prensa oficial del Partido Comunista Chino (PCCh), ha establecido colaboraciones con periódicos de Argentina, Colombia, México y Brasil. En 2024, el diario organizó en Río de Janeiro el Foro de Cooperación de Medios de Comunicación China-América Latina y el Caribe 2024. Eventos como este sirven a Pekín para cooptar a medios y periodistas locales y para retratar a China como un socio fiable para el desarrollo económico de la región.
“Para Pekín, el papel de los medios de comunicación es apoyar y promover relaciones bilaterales constructivas. Esto se hace a menudo en el marco de la ‘amistad’, una de las palabras favoritas del Partido Comunista Chino. Sin embargo, esta amistad implica complacer los intereses de China y también evitar las críticas a sus acciones”, explica a Diálogo David Bandurski, director ejecutivo del China Media Project, un centro de investigación independiente con sede en los Estados Unidos especializado en el estudio del panorama mediático chino.
A menudo, eventos como el de Río de Janeiro siempre van acompañados de la comunicación de la diplomacia china, que en sus redes sociales amplifica temas de interés para Pekín. En los mismos días del foro periodístico en Río de Janeiro, la embajada de China en Brasil publicó en su perfil X fotos de la reunión en curso en Pekín con políticos brasileños “para discutir la profundización de la cooperación estratégica entre los dos países”, reza el texto.
Recientemente, el cónsul chino en Río de Janeiro, Tian Min, también utilizó las páginas del periódico brasileño Monitor Mercantil, uno de los organizadores locales del Foro de Cooperación de Medios de Comunicación China-América Latina y el Caribe 2024, para un largo editorial contra los aranceles. Según un reciente informe de Graphika, centro de análisis de la desinformación con sede en Nueva York, China ha montado también una amplia campaña de spamouflage con vídeos y dibujos animados sobre el tema de los aranceles. El spamouflage es una táctica que utiliza Pekín a través de redes sociales falsas o cuentas secuestradas para amplificar la propaganda pro china en múltiples plataformas.
Colaboraciones con periódicos
En Latinoamérica, Pekín también está reforzando la llamada estrategia de “pedir prestado un barco para salir al océano”, es decir, la difusión de contenidos gubernamentales en medios de comunicación extranjeros, tanto de forma abierta como encubierta. En noviembre de 2024, dos medios peruanos, América TV y el diario El Comercio, firmaron un acuerdo de cooperación con China Media Group (CMG), el principal grupo mediático estatal chino, cuya filial latinoamericana se encuentra en Brasil. El acuerdo implica la producción conjunta de contenidos para las audiencias de los dos países.
“Uno de los principales riesgos es el impacto a largo plazo sobre la integridad de la cobertura mediática sobre China y su papel en la región. La implicación unilateral de Pekín con los medios de comunicación, durante la cual se dejan de lado los valores profesionales y la verdad en favor de simples intercambios tranquilizadores que destacan sólo lo positivo sin ningún matiz, puede ser corrosiva”, afirma Bandurski. Según el experto, la influencia de China “contribuye a neutralizar a los medios locales en cuestiones relacionadas con Pekín y devalúa los valores profesionales del periodismo en un sentido más amplio, transmitiendo el mensaje de que la relación con los medios es puramente transaccional”.
La estrategia de desinformación
Pekín también utiliza estrategias en las que oculta su influencia. Según una investigación del New York Times (NYT), el PCCh está detrás de la red internacional de medios de comunicación y centros de investigación de un empresario de origen indio, Neville Roy Singham, que vive en Shanghai. Su red, según el NYT, financia, entre otros, el sitio brasileño de noticias Brasil de Fato, que presenta artículos con titulares que elogian a China, como “China lucha contra la desertificación para garantizar la seguridad alimentaria y la calidad del aire” y “China ha crecido y erradicado la pobreza porque ha hecho lo contrario de lo que predican los neoliberales”.
La campaña Paperwall, denunciada por Citizen Lab de la Universidad de Toronto, Canadá, también sacó a la luz una operación encubierta de influencia digital atribuida a la empresa china de relaciones públicas Shenzhen Haimai Yunxiang Media Co., también conocida como Haimai. Con presencia en más de 30 países de Europa, Asia y Latinoamérica, esta red de al menos 123 sitios web imita a los periódicos locales para promover una narrativa favorable a Pekín. Esta operación incluye ataques contra los críticos del PCCh, camuflando el contenido con numerosos comunicados de prensa comerciales, para dificultar a los lectores la distinción entre noticias auténticas y desinformación.
Los influencers chinos que hablan español o portugués también forman parte de la maquinaria propagandística de Pekín. Hablan de su vida en Latinoamérica o ensalzan la vida china y, en muchos casos, enseñan el idioma. Algunos influencers latinoamericanos suelen compartir estas publicaciones. Según el Instituto Democracia Digital de las Américas (DDIA), con sede en Washington, recientemente “perfiles latinoamericanos como Filosóraptor compartieron una campaña viral contra los aranceles estadounidenses”. En TikTok, autodenominados empresarios chinos muestran falsamente cómo muchos artículos de lujo vendidos por afamadas marcas mundiales se producen en China a costes muy bajos, un ejemplo más de desinformación al servicio de la agenda económica de Pekín.



