En los últimos años, la influencia china en Guyana ha crecido exponencialmente, aprovechando el boom petrolero que vive el país. Pekín está invirtiendo principalmente en las industrias que el petróleo ha generado, desde infraestructuras hasta construcción de hoteles e incluso suministro de energía. Empresas estatales chinas o con fuertes vínculos con el gobierno de Pekín, como Chongqing Bosai Minerals Group, China Railway Road, China Harbour Engineering Corporation (CHEC) y Beijing Construction Group, están inundando el país con diversas operaciones.
Esta expansión ha cobrado un precio muy alto para la población local. “Preocupa la falta de transparencia en la ejecución de los proyectos. Las partes interesadas, desde las empresas locales hasta las comunidades de trabajadores, a menudo se sienten excluidas y sin voz”, explica a Diálogo Jared Ward, profesor asociado del Campus Global de la Universidad de Arizona, cuyas investigaciones se centran en la política exterior china.

En octubre de 2024, los comerciantes de Agricola Village, una localidad en la región Demerara-Mahaica, donde se encuentra la capital Georgetown, protestaron contra el aumento de la inversión china en supermercados y cadenas de tiendas porque temen la competencia desleal. “¿Qué va a pasar con la gente como nosotros que ya tiene años con su negocio? Venderán a un precio más bajo”, se quejó un comerciante local al sitio de noticias de Guyana, Kaieteur News.
La situación es aún más crítica en Lethem, en la frontera con el estado brasileño de Roraima, en el Amazonas. Según Kaieteur News, las inversiones chinas controlan ahora los principales comercios de la zona y también han empezado a respaldar la construcción de nuevos edificios. Los comerciantes locales los acusan de defraudar al fisco.
La región es estratégica porque es la puerta de entrada a Brasil desde Guyana y forma parte del llamado Proyecto de Integración Sudamericana. Se trata de una serie de grandes inversiones en infraestructuras, deseadas por el Gobierno brasileño, para que las mercancías entren y salgan rápidamente de Brasil. Entre estos proyectos figura el de una carretera asfaltada que una la capital de Roraima, Boa Vista, con Lethem, para conectar Brasil con el futuro puerto de aguas profundas de la región de Berbice, en Guyana, cuyo proyecto de viabilidad fue realizado por las empresas chinas China State Construction and Engineering (CSCE) y China Dalian.
Según Nicolás Devia-Valbuena, especialista del programa para América Latina del Instituto de Paz de los Estados Unidos (USIP), este tipo de inversiones presenta riesgos para la seguridad. “Estamos hablando de posibles infraestructuras de doble uso, que tienen fines civiles, pero que podrían ser utilizadas por los militares chinos para proyectar poder en la región”, explica a Diálogo Devia-Valbuena.
El interés de Pekín en la región también se ve confirmado por el hecho de que en octubre algunas empresas chinas como China Road and Bridge Corporation, China Railway Construction Caribbean Company Limited y China Railway First Group Company Limited participaron en la licitación para la construcción de un nuevo puente sobre el río Berbice.
Inversiones chinas en infraestructuras
Según el centro de investigación con sede en Washington, Centro de Política Judía, la ampliación del Aeropuerto Internacional Cheddi Jagan por parte de la CHEC también ha hecho saltar las alarmas por su potencial uso militar. Con sus más de 3 kilómetros de pista, el aeropuerto que es el mayor de Guyana, a 41 km de la capital Georgetown, es capaz de albergar aviones militares chinos a reacción.
CHEC también se ha convertido en un actor dominante en Guyana en el sector de la construcción hotelera, como demuestra la ampliación del antiguo hotel Pegasus de Georgetown, con una inversión de USD 100 millones.
Además, avanzan las obras de construcción del nuevo puente sobre el río Demerara. El proyecto de USD 260 millones fue adjudicado a una empresa conjunta formada por China Railway Construction Corporation (CRCC), China Railway Construction Company y China Railway Construction Bridge Engineering Bureau Group. CRCC fue sancionada en 2019 por el Banco Mundial por fraude y corrupción. En 2022, otro conglomerado chino, China Railway First Group, se adjudicó un contrato de USD 184 millones para ampliar el sistema ferroviario y de autopistas de la Costa Este de Demerara.
A pesar de la cantidad de proyectos chinos para Guyana, muchos de ellos resultaron ser de mala calidad y poco fiables. En 2021, la presa de Matthews Ridge, construida en el noroeste del país por la empresa china Guyana Manganese Inc. (GMI), filial local del grupo chino Chongqing Bosai Minerals, se derrumbó, inundando las comunidades adyacentes. Según las autoridades de Guyana, el derrumbe fue causado por materiales pobres y malas prácticas de construcción.

“El historial de proyectos de construcción de China en Guyana ha suscitado preocupación por su calidad y fiabilidad. Estos problemas se remontan a la fábrica de ladrillos Bel-Lu de 1976, la primera empresa china en el país, y continúan en los proyectos actuales. Las infraestructuras mal construidas y los plazos poco fiables obstaculizan las urgentes necesidades de desarrollo de Guyana”, explica Ward.
Incluso el proyecto de USD 150 millones para mejorar el Aeropuerto Internacional Cheddi Jagan duró 10 años. La culpa fue de la mala calidad de las obras, ya que CHEC había impuesto un contrato criticado como “unilateral” por el consorcio de periodistas de investigación locales, la Red de Periodismo de Investigación del Caribe (CIJN).
Según el informe de la CIJN, “el acuerdo era que se pagara a China Harbour Engineering Corporation (CHEC) el precio total del contrato y se liberara del pago de los impuestos, derechos, regalías y tasas impuestos por el gobierno central o local y la autoridad legal”. CHEC también estipuló en el contrato el 60 por ciento de mano de obra china para realizar trabajos no técnicos y la contratación únicamente de chinos para trabajos especializados.
Riesgos medioambientales
Sin embargo, Pekín lleva años penetrando en Guyana prometiendo puestos de trabajo para la población local, como ocurrió con la empresa maderera Bai Shan Lin desde 2007. Esta empresa china había anunciado una inversión de USD 100 millones en instalaciones madereras, prometiendo proporcionar equipos, crear puestos de trabajo y respetar el medio ambiente.
“El caso de Bai Shan Lin es un ejemplo paradigmático de los problemas de China en Guyana. La empresa ha sido acusada de talar ilegalmente en zonas protegidas y de incumplir sus compromisos”, afirma Ward.
Guyana Manganese Inc. (GMI), filial del grupo Chongqing Bosai Minerals, es una de las varias empresas chinas que operan en la zona de Matthews Ridge y se dedican a la extracción de manganeso. Además de las numerosas quejas que ha recibido por su elevado impacto medioambiental, también ha sido acusada de condiciones de trabajo inhumanas para los empleados locales.
“Los riesgos asociados a las inversiones chinas en infraestructuras han sido ampliamente documentados no sólo en Guyana, sino en todo el mundo. Estos proyectos suelen crear antagonismo en las comunidades locales, que se sienten explotadas o excluidas de los beneficios potenciales que podrían derivarse de las infraestructuras construidas en sus tierras”, explica Devia-Valbuena.
Un ejemplo es el proyecto de central hidroeléctrica de Amaila Falls (2021), en el centro oeste de Guyana, de China Railway Group Limited. Como denunció el activista guyanés por los derechos de los indígenas Michael McGarrell en un documental del sitio de noticias estadounidense Vice, “la central corre el riesgo de inundar grandes extensiones de tierra, acabar con la biodiversidad de la región y diezmar a los indígenas de la zona, que viven de la caza y la pesca”. En mayo de 2022, China Railway se retiró del acuerdo, alegando su incapacidad para financiar el proyecto de USD 700 millones y pidiendo al Gobierno de Guyana que cubriera el coste.
Sin embargo, el proyecto de Amaila Falls ha hecho saltar las alarmas sobre la expansión china también en el sector energético. “El posible monopolio chino de los servicios públicos de Guyana coloca al país en una posición indeseable de dependencia no sólo para sus necesidades de electricidad, sino potencialmente también en el plano político, ya que las necesidades locales podrían verse mermadas por los intereses geopolíticos chinos”, afirma Devia-Valbuena.
Espionaje chino

En 2023, la Operación Jacana de la empresa de ciberseguridad ESET descubrió un sofisticado ataque de hackers chinos a una agencia gubernamental guyanesa a través de correos electrónicos de spear phishing. Se trata de una estafa cibernética que engaña a las víctimas para que revelen información sensible, como sus credenciales de acceso.
Pekín ha tenido acceso a las redes de Guyana durante años. En 2012, el grupo Datang, financiado por el Gobierno chino, compró el 20 por ciento de la empresa de telecomunicaciones de Guyana, Guyana Telephone and Telegraph Company (GT&T). Un mes después, Datang contrató a la china Huawei para mejorar la red inalámbrica del país.
“En Guyana, Huawei ya ha desempeñado un papel en proyectos clave, como la instalación de cables de comunicación en alta mar y el suministro de una red nalámbrica para los empleados del gobierno. Estas actividades plantean la posibilidad de un acceso no autorizado a datos sensibles del gobierno y a información biométrica individual”, dice Ward.
Huawei también está presente en Guyana con el proyecto Ciudades seguras, que monitoriza los principales centros urbanos en un intento de luchar contra la delincuencia. En 2023, la empresa china también firmó un memorando de entendimiento para construir, también en Guyana, un centro de investigación de inteligencia artificial que, según Huawei, “se ocupará de toda la región”.
“Ante un escenario así, será necesario construir una serie de instituciones independientes dedicadas a la protección de los datos de los ciudadanos, así como una serie de barreras de protección para las acciones de las fuerzas de seguridad, algo para lo que EE. UU. y sus socios están especialmente preparados y dispuestos a apoyar”, afirma Devia-Valbuena.
La farmacéutica china Sinopharm también ha invertido USD 37 200 millones en seis hospitales del país que están siendo construidos por empresas chinas como China CAMC Engineering Co., Ltd. (CAMCE) y China National Machinery Industry Corporation (SINOMACH). El riesgo es que Pekín pueda acceder a los datos sanitarios de los ciudadanos guyaneses y garantizarse un acceso privilegiado al sector médico y farmacéutico del país.
Junto con las demás inversiones chinas, esto también garantiza a Pekín una infiltración en varios frentes que, dada la posición estratégica de Guyana, puede suponer un peligro para toda la región del Caribe.


