La expansión de las redes sociales en Latinoamérica ha creado un nuevo y preocupante punto de contacto entre jóvenes creadores de contenido y organizaciones criminales transnacionales (OCT). Casos documentados en Argentina, Brasil, Colombia, México y Perú, evidencian una evolución estratégica: las redes del narcotráfico se están adaptando al universo digital, utilizando la visibilidad de los influencers y las plataformas sociales para fortalecer sus operaciones y ampliar su alcance. Esta integración de la cultura digital y las empresas ilícitas representa una amenaza híbrida con profundas implicaciones para la defensa regional y la arquitectura de seguridad tradicional.
Plataformas sociales: herramientas para el crimen organizado
Las redes sociales como TikTok, Facebook e Instagram han trascendido su papel como centros de entretenimiento para convertirse en teatros operativos estratégicos para el crimen organizado. Según un análisis publicada en el Journal of the British Academy, el principal foro del Reino Unido para las humanidades y las ciencias sociales, estas plataformas son utilizadas para reclutar, coordinar operaciones y mitigar riesgos de detección, aprovechando su alcance global y los vacíos en los sistemas de supervisión.
El estudio académico destaca cómo características como el anonimato, el cifrado de comunicaciones y la conectividad transnacional facilitan una nueva era de logística digital para las redes criminales. Estas herramientas permiten la creación de identidades digitales falsas, la coordinación discreta de operaciones y un proceso de reclutamiento acelerado. Desde una perspectiva de defensa, las redes sociales ya no son un espacio separado de los entornos criminales, sino una extensión directa de ellos, que permiten a las OCT operar con agilidad.
La experta en seguridad Yadira Gálvez, profesora de la Universidad Nacional Autónoma de México, explicó a Diálogo que estas plataformas “permiten promover lógicas de vida y referentes culturales orientados a construir legitimidad social en torno a actividades ilícitas, especialmente entre audiencias jóvenes”.
Gálvez advirtió que esta normalización de la criminalidad funciona como una operación psicológica dirigida contra el estado de derecho. “Estas acciones degradan valores y principios fundamentales de convivencia social, justificando prácticas criminales”, señaló, destacando cómo el ecosistema digital facilita la erosión de la confianza pública en las instituciones estatales.
Influencers y crimen organizado en Latinoamérica
La convergencia de la cultura de los influencers y las organizaciones criminales toma múltiples formas en la región. En México, por ejemplo, TikTok ha sido utilizado para difundir ofertas laborales encubiertas dirigidas a jóvenes, empleando recursos visuales atractivos. Una investigación del Colegio de México sugiere que las redes sociales permiten a los criminales construir identidades digitales y atraer nuevos integrantes.
“La exhibición deliberada de capacidades armadas y operativas en redes sociales responde a una lógica de visibilidad estratégica”, abundó Gálvez. “Al hacerse visibles, estos grupos envían mensajes de intimidación y generan atracción simbólica, incluso entre públicos que no necesariamente serán reclutados”.
El fenómeno de los “narcoinfluencers” ha llamado especialmente la atención en México. La Unidad de Inteligencia Financiera ha identificado perfiles vinculados monetariamente con grupos como Los Chapitos. Según informa el diario mexicano Milenio, estos ingresos en plataformas digitales podrían estar eludiendo los sistemas bancarios tradicionales para subvencionar actividades ilícitas.
Asimismo, un creador de contenido entrevistado por el periódico mexicano El Universal, reveló un esquema de lavado digital. En este modelo, las organizaciones criminales utilizan bots y granjas de clics para inflar artificialmente la participación de los influencers afiliados. Esta popularidad fabricada se monetiza luego a través de pagos legítimos de la plataforma, limpiando efectivamente el capital ilícito a través de la economía digital global.
En enero de 2025, la situación escaló cuando el uso de las redes sociales se transformó en intimidación directa. En Culiacán, Sinaloa, se distribuyeron volantes anónimos que incluyeron una lista de 25 influencers presuntamente vinculados al crimen organizado. El posterior asesinato de seis de ellos puso de relieve las consecuencias de la asociación digital, lo que provocó un intenso escrutinio por parte de las agencias de inteligencia que vigilan el nexo entre las redes sociales y las actividades ilícitas.
En agosto de 2025, el Departamento del Tesoro de los EE. UU. subrayó esta amenaza al sancionar al rapero e influencer mexicano conocido como El Makabelico, acusándolo de lavar dinero para el Cártel del Noreste mediante conciertos y regalías de plataformas digitales.
Casos emblemáticos y expansión transnacional
El uso de los influencers por las redes criminales no se limita a México. En Perú, el 12 de enero de 2026, dos influencers de 22 años fueron detenidas en el Aeropuerto Internacional Jorge Chávez, cuando intentaban transportar cocaína y drogas sintéticas hacia Asia. Según el medio El Pulzo, ambas utilizaban sus redes sociales para proyectar un estilo de vida asociado a viajes internacionales, camuflando así su participación en una operación global de narcotráfico.
En Brasil, en octubre de 2025, el influencer alias Buzeira fue arrestado por presuntos vínculos con el narcotráfico. Durante el operativo, las autoridades encontraron en su residencia armas, vehículos de lujo y evidencia de lavado de dinero mediante actividades digitales, según un reporte de Publimetro Colombia.
En Argentina, la detención en septiembre de 2025 de Leandro Colella, conocido como El Musulmán, en Mar del Plata puso de relieve el uso de plataformas digitales para la logística. La Nación informó que Colella utilizaba sus cuentas de YouTube e Instagram para coordinar la venta puerta a puerta de cocaína, mediante aplicaciones de mensajería para eludir la vigilancia policial.
De manera similar, en Colombia, en enero de 2024, las autoridades detuvieron a la influencer Yulisa de las Aguas Contreras en Medellín, por presuntos vínculos con el Clan del Golfo. Las autoridades le atribuyeron la administración de bienes relacionados con actividades ilícitas, reportó El Nuevo Día Colombia.
“Es fundamental determinar si los influencers están directamente vinculados a la estructura criminal o si funcionan como espacios publicitarios”, indicó Gálvez. Sin embargo, la especialista subrayó que, en cualquier caso, estas figuras forman parte del engranaje que sostiene y legitima las dinámicas criminales.
El entorno digital: nuevo ámbito para la defensa
La superposición entre influencers y crimen organizado plantea un cambio de paradigma urgente para las fuerzas de seguridad regionales. Según Gálvez, uno de los principales retos es comprender e identificar los vínculos entre artistas, creadores de contenido y narrativas digitales que normalizan la criminalidad. “El riesgo no es solo la violencia, sino su penetración social y la progresiva naturalización de actividades ilegales”, señaló.
Gálvez enfatizó la necesidad de ampliar las capacidades de cooperación internacional, dado el carácter transnacional de estas organizaciones. “El intercambio de información y el desarrollo conjunto de capacidades son esenciales para combatir estas dinámicas”, afirmó. Además, subrayó que las estrategias deben ir más allá del simple monitoreo cibernético. “Se requiere mayor coordinación en el diseño de estrategias compartidas y en el fortalecimiento técnico de las áreas de seguridad”.
Finalmente, la especialista destacó un punto crítico: la naturaleza difusa del ecosistema digital. “Con los influencers existe una figura visible, pero también operan numerosas cuentas anónimas que amplifican narrativas criminales desde cualquier lugar, sin rostro ni identidad identificable”, concluyó.
Esta nueva dimensión del crimen organizado, que combina el poder de las redes sociales con estructuras ilícitas consolidadas, redefine el panorama de la seguridad regional y exige una respuesta tan adaptable y fluida digitalmente como las amenazas que pretende neutralizar.


