China intensifica su ofensiva comercial en la industria militar latinoamericana, ofreciendo armamento a bajo costo, créditos blandos y promesas de transferencia tecnológica. Su intento más reciente fue ofrecer una flotilla de cazas para reforzar las capacidades de la Fuerza Aeroespacial Colombiana (FAC).
Sin embargo, los especialistas advierten que estos discursos sobre “cooperación Sur-Sur” conllevan riesgos ocultos que comprometen la operatividad táctica y la autonomía estratégica de las fuerzas armadas locales.
“Los riesgos para un país arrancan por lo básico: quedar atado a un sistema. Hay antecedentes [de armamento de China] en la región —como los cazas K-8 vendidos a Venezuela y Bolivia, o los helicópteros Z-9 que entregaron a Bolivia— con múltiples deficiencias: manuales mal traducidos que provocan errores fatales, problemas en el acceso al mantenimiento y refacciones, y limitaciones en el entrenamiento”, dijo a Dialogo Evan Ellis, profesor investigador de estudios latinoamericanos en el Instituto de Estudios Estratégicos de la Escuela de Guerra del Ejército de los Estados Unidos. “Todo esto se traduce en impactos reales, incluidos accidentes, pérdida de aeronaves y reducción de la capacidad táctica”.
Un vistazo a los antecedentes regionales confirma lo anterior. Venezuela incorporó 27 aviones de entrenamiento y ataque ligero K-8W de fabricación chino-pakistaní a partir de 2008; hoy esa flota está mermada por accidentes. Al menos cuatro de esos K-8 se estrellaron en 2022, detalló el medio especializado Defensa.
El caso de Venezuela no fue único. En Bolivia la historia se repitió: de seis aeronaves K‑8W compradas a China en 2011, dos ya se perdieron en incidentes operativos. El primero ocurrió en mayo de 2021, y el más reciente, en enero de 2023, se debió a un incendio súbito de motor, reporta el medio militar InfoDefensa.
El caso de Bolivia también ilustra otra arista preocupante: la corrupción. En 2011, el Gobierno adquirió seis helicópteros Harbin H425 por más de USD 100 millones vía crédito de Pekín. Años más tarde, tras una denuncia penal, la Fiscalía abrió una investigación por indicios de contratos lesivos y uso indebido de influencias, reportó la Agencia de Noticias Fides.
Los problemas no se limitan a los aviones: en Ecuador, los cuatro radares de vigilancia aérea adquiridos en 2009 a la empresa China Electronics Technology Group Corporation nunca funcionaron ni lograron integrarse al sistema nacional. El Estado resolvió el contrato en 2013 y recuperó USD 39 millones del anticipo, indicó el periódico ecuatoriano La República.
“La corrupción es un riesgo clave: sobreprecios, procesos opacos y adquisiciones que no cumplen con estándares internacionales, pueden derivar en escándalos y pérdida de legitimidad institucional”, enfatizó Ellis. “Hay un riesgo aún más estratégico: la dependencia estructural hacia China para el mantenimiento, el entrenamiento y el suministro de repuestos. Esta dependencia puede ser utilizada como herramienta de presión política”.
Argentina fue otro intento de Pekín: pese a la intención de colocar el JF‑17 con financiamiento blando y promesas de coproducción, Buenos Aires evaluó las opciones y optó por comprar a Dinamarca 24 F‑16 fabricados en los EE. UU. De esta forma, la nación apostó por una plataforma con una cadena de soporte probada.
“El caso de Ucrania es ilustrativo”, afirmó Ellis. “Antes de 2022, Ucrania tenía una relación estrecha con China […]. Pero cuando Rusia invadió, China no movió un dedo para ayudar. Fue una lección dolorosa sobre el tipo de respaldo que realmente ofrece Pekín”.
En Colombia primó la cautela: el presidente Gustavo Petro anunció que avanzará en la compra de los Saab 39 Gripen, fabricados en Suecia, confirmó el periódico colombiano El Tiempo. Pero el episodio dejó en claro que China entró en una nueva etapa de su incursión en la seguridad regional.
Con dos tercios de Latinoamérica dentro de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, China intenta utilizar su poder industrial y militar para profundizar alianzas, un vehículo de dependencia que asegura entrenamiento, logística y posventa bajo parámetros chinos; y ancla capacidades aéreas clave a la voluntad política y tecnológica de Pekín.
Las fuerzas armadas latinoamericanas, en definitiva, enfrentan una decisión trascendental: ceder a la tentación del armamento barato y abundante, o invertir con prudencia en la confiabilidad y alianzas que garantizan su seguridad a largo plazo, remató Ellis.


