A pesar de su historial polémico, empresas chinas continúan ganando contratos energéticos en Honduras, sin procesos transparentes ni competencia real, una dinámica que está suscitando fuertes críticas por parte de la sociedad civil. Este patrón de acuerdos opacos y malas experiencias están encendiendo las alarmas sobre los riesgos para la infraestructura y la economía del país.
El 20 de mayo de 2025, PowerChina anunció que firmó un contrato de ingeniería, adquisición y construcción, con la Empresa Nacional de Energía Eléctrica (ENEE) de Honduras, para un proyecto de transmisión de 230 kV. Según el comunicado, este proyecto es parte del plan de expansión de la red nacional de Honduras, e incluye la construcción de casi 176 kilómetros de líneas de transmisión de 230 kV y el desarrollo o expansión de cinco subestaciones.
Sin transparencia
Ni la empresa de China ni la estatal hondureña mostraron referencia de una licitación pública internacional asociada al contrato firmado. Esta omisión es la principal crítica de la sociedad civil. El especialista hondureño en Energía y Sector Privado Kevin Rodríguez, de la Asociación para una Sociedad más Justa, declaró a Diálogo que la recriminación se refiere a “la falta de competencia y transparencia de todos los procesos que ha realizado la ENEE (…). Otros países de la región utilizan métricas o índices de competitividad para asignar estos tipos de contratos, agregó.
Malas experiencias
La falta de procesos de licitación tiene un historial controvertido. En marzo de 2024, China Energy ganó una licitación para vender motores a la ENEE como único oferente. Posteriormente, la ENEE rescindió el contrato, lo que llevó a China Energy a demandar al Gobierno hondureño y a ganar mas de USD 127 millones. Según Rodríguez, esta cantidad “es el equivalente al presupuesto para un año del estatal Hospital Escuela Universitario” y es una consecuencia directa de un proceso que no fue competitivo.
Este patrón de negocios opacos no es nuevo.
La incursión de empresas chinas en el sector energético hondureño comenzó en 2012 con el proyecto Patuca III, construido por Sinohydro, subsidiaria de PowerChina. El proyecto se vio plagado de problemas desde el principio, incluida una evaluación de impacto ambiental deficiente que no logró obtener financiación, lo que permitió a Sinohydro hacerse con el control. El proyecto, “ha sido un fracaso total, que tuvo un costo sumamente alto para lo que debería de costar una obra de esa magnitud”, afirmó Rodríguez.
El historial de Sinohydro ha sido motivo de controversia a nivel mundial. La empresa fue uno de los principales contratistas de la represa de las Tres Gargantas en China, la más grande del mundo, la cual ha generado problemas ambientales significativos.
En Ecuador, la empresa fue el principal contratista de la represa hidroeléctrica Coca Codo Sinclair, un proyecto que se ha visto plagado de miles de grietas en la central eléctrica y otros graves defectos de construcción. Este proyecto se cita a menudo como ejemplo de las infraestructuras respaldadas por China en Latinoamérica.
También fue señalada por su falta de transparencia y sus prácticas ilegales en la represa Bakum, en Malasia, y acusada de manipular los registros públicos del proyecto Patuca III en Honduras.
El proyecto Patuca III también fue criticado por su impacto negativo en las comunidades locales. The Washington Post publicó en 2017 que “el Gobierno hondureño [de esa época] no consultó adecuadamente ni compensó a las comunidades afectadas [por Patuca III]. Las firmas de los habitantes para recibir distribuciones de arroz fueron utilizadas como ‘evidencia’ de su aprobación al proyecto, lo que indica una manipulación de procesos que deberían ser transparentes y consensuados”.
De acuerdo con un informe de la ONG hondureña Centro para el Estudio para la Democracia (CESPAD), concluyó que el proyecto hidroeléctrico Patuca III estaba colmado de irregularidades, colusión y corrupción para defraudar al Estado de Honduras.
Aunque Sinohydro no fue acusada formalmente, CESPAD señaló que la falta de transparencia en proyectos de gran escala, como esta hidroeléctrica, facilitó esquemas de corrupción, incluyendo la adjudicación de contratos secundarios sin controles adecuados.
Repercusiones
Los riesgos de depender de empresas chinas van mucho más allá de la falta de transparencia en los contratos. Según Rodríguez, “Los principales afectados de esos contratos, en caso de que no tenga el resultado esperado, es la población hondureña, es decir, los más de nueve millones de personas que reciben el servicio de la ENEE”.
La sostenibilidad a largo plazo de los proyectos gestionados por empresas chinas es una gran preocupación, ya que los fallos en el mantenimiento prodrían paralizar el país. Comparó el problema con comprar un auto en China, donde después de dos o tres años, “ya no hay repuestos, o si hay tardan mucho”.
Si lo ponemos en energía eléctrica, es una situación de preocupación sumamente alta por fallas en mantenimiento, o que las refacciones tarden semanas o incluso meses para llegar desde China. Esto implica un país paralizado si Honduras se queda sin suministro eléctrico”, dijo.
Esta preferencia por las empresas chinas también está levantando sospechas diplomáticas. A principios de mayo de 2025, el director de la ENEE anunció en X la conclusión de una gira por China, pagada por este país, para atraer inversiones de empresas chinas. “El origen de las empresas energéticas no es lo dudoso, sino que se cuestiona esa preferencia que ha tenido la ENEE, junto con la cercanía ideológica que ha tenido el Gobierno con el régimen de China”, aseguró Rodríguez.
Advirtió que esta dinámica, “genera preocupación sobre el estado de los acuerdos y las relaciones diplomáticas con los Estados Unidos, porque es nuestro principal socio comercial. Estar junto con China erosiona las relaciones con nuestro mejor aliado”.


