El 17 de junio, la empresa China Civil Engineering Construction Corporation (CCECC) inició oficialmente las obras estructurales del corredor ferroviario para el tren RegioTram de Occidente en Colombia. Aunque se presenta como un avance en movilidad, el proyecto plantea dudas sobre la dependencia tecnológica y el control autónomo sobre sistemas estratégicos.
El tren electrificado, con una inversión cercana a USD 850 millones, conectará Bogotá con los municipios de Facatativá, Funza, Mosquera y Madrid, a lo largo de 39,6 kilómetros. El sistema incluirá 17 estaciones y 18 trenes eléctricos, con capacidad para movilizar hasta 130 000 pasajeros diarios. El primer tramo operaría en 2027 y el segundo en 2029, informó el diario colombiano La República.
La estructuración técnica y financiera del proyecto se completó entre 2016 y 2019; el contrato con CCECC se firmó en 2020. Los trabajos preparatorios y de cimentación iniciales comenzaron en 2022, y la fecha, el proyecto registra un 30 por ciento de avance. La operación del sistema estará a cargo de CCECC durante 22 años.
El proyecto se ha enfrentado a importantes obstáculos. En 2023, la Autoridad Ambiental suspendió la licencia del proyecto RegioTram por falta de información en el estudio, tras 41 requerimientos no atendidos sobre impacto en fuentes hídricas, ruido y material particulado. En febrero de 2024, el Gobierno decidió que el proyecto ya no requerirá licencia ambiental, según un reporte de la Fundación Andrés Bello.
Estrategia de influencia
Vladimir Rouvinski, director del Departamento de Política y Relaciones Internacionales de la Universidad ICESI en Colombia, dijo a Diálogo que “China no crea un corredor nuevo, sino que electrifica uno ya existente usado por miles a diario, convirtiendo cada viaje en un recordatorio de su presencia y en una estrategia de influencia blanda en la región”.
Según los expertos, la estrategia de China en Latinoamérica se desarrolla en varios niveles opacos que combinan inversión en infraestructura y comercio, con un plan de acción para ampliar sus vínculos políticos y económicos.
Este enfoque incluye la promoción de su moneda, la expansión de su tecnología en sectores como la ciberseguridad, el sector aeroespacial y la adquisición de recursos clave, con usos finales inciertos. El objetivo es consolidar su poder geopolítico en la región, lo que genera preocupaciones sobre la autonomía de los países latinoamericanos.
Críticas y riesgos de dependencia
El sistema RegioTram ha generado cuestionamientos. Carlos Carrillo, director de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres de Colombia, advirtió en redes sociales que el RegioTram representa “una decisión equivocada, más por razones técnicas que políticas”, señalando riesgos en planificación, pérdida de capacidad futura y afectaciones a infraestructura crítica.
“Colombia carece de la tecnología y capacidad para controlar estos sistemas”, señaló Rouvinski. “La capacitación será solo operativa, no de transferencia de conocimientos, por lo que cualquier ampliación o actualización dependerá de las empresas de China, consolidando influencia y control a largo plazo”.
Rouvinski señaló además que el proyecto genera riesgos de dependencia en refacciones, software y personal técnico extranjero. “Si los estándares se definen según China, Colombia tendrá dificultades para diversificar proveedores y operar de manera autónoma”.
La alianza creciente con China “podría limitar la capacidad del país para negociar futuros proyectos con otros actores internacionales, debido a que las negociaciones con China suelen ser opacas y aplican estándares diferentes a los de las empresas occidentales”, detalló Rouvinski.
Participación de China en Colombia
Actualmente, China participa en 42 proyectos en Colombia, incluida la primera línea del metro de Bogotá, de acuerdo con el medio La Silla Vacía. Además, a través del consorcio Apca, liderado por China Harbour Engineering, busca adjudicarse la planta de tratamiento que limpiaría el río Bogotá, según el sitio colombiano Las2orillas.
Las empresas chinas enfrentan señalamientos por prácticas fraudulentas en varios países, debido a la ausencia de regulaciones de Pekín sobre las operaciones de sus empresas en el extranjero en materia de calidad, medioambiente o condiciones laborales. Colombia carece de la capacidad legal para enfrentar a los equipos jurídicos de estas firmas.
CCECC también fue incluida en la lista negra del Banco Mundial por casos de corrupción y fraude, junto con otras cinco compañías chinas, informó un reporte de la plataforma de periodismo de investigación Consejo de Redacción. Además, la empresa que construye el metro de Bogotá acumula cuestionamientos por incumplimiento en otros países, reportó W Radio en Colombia.
“El RegioTram también podría convertirse en un proyecto vitrina para Pekín, ampliando su influencia en otros sistemas de transporte urbano e interurbano en Latinoamérica”, advirtió Rouvinski.
Fortalecer control y transparencia
“Colombia debería aumentar la participación de la sociedad civil y el debate público, fortalecer el control del Estado sobre el proyecto y garantizar la aplicación de las herramientas legales existentes, y que los centros de pensamiento sigan documentando la presencia de China y los riesgos asociados en la región”, concluyó Rouvinski.