En un contexto en el que el crimen organizado afecta a numerosas comunidades de América Latina, la seguridad ciudadana se ha convertido en una de las principales preocupaciones de la población. Para Cristian Zamora, alcalde de Cuenca, Ecuador, y presidente de la Federación Latinoamericana de Ciudades, Municipios y Asociaciones de Gobiernos Locales (FLACMA), fortalecer la participación ciudadana y la cohesión comunitaria es una parte fundamental de la respuesta.
Durante la Cumbre de Alcaldes de las Américas 2026, organizada por la Universidad Internacional de Florida (FIU) y realizada en Doral, Florida, a finales de abril, Diálogo conversó con Zamora sobre el papel de los ciudadanos en la seguridad, los desafíos que enfrentan los gobiernos locales y las lecciones que podrían ayudar a fortalecer la seguridad ciudadana en toda la región.
Diálogo: Desde su experiencia de servicio público, ¿cómo ha visto evolucionar el impacto del crimen organizado y cómo está afectando la vida cotidiana de los ciudadanos?
Cristian Zamora, alcalde de Cuenca y presidente de la federación Latinoamericana de Ciudades, Municipios y Asociaciones de Gobiernos Locales (FLACMA): Ecuador era, hasta hace no mucho tiempo, un país de paz. Lamentablemente, en los últimos años el país ha tomado otro rumbo y hoy registra algunas de las tasas de homicidios más altas de la región.
Es un problema que no está distribuido de manera uniforme en todo el territorio; está concentrado en determinadas zonas, pero eso no deja de preocuparnos. El crimen organizado ha sido, evidentemente, uno de los principales responsables de este fenómeno que vive el país. También hay una falta de políticas públicas y de inversión en distintos niveles de gobierno que ha contribuido a esta situación.
La seguridad es una responsabilidad del Estado, pero el crimen organizado ha comenzado a carcomer algo fundamental: la paz de la gente. Cuando una sociedad pierde tranquilidad, también pierde estabilidad para trabajar, desarrollarse y construir oportunidades. Además, existen impactos muy fuertes sobre los jóvenes, que son especialmente vulnerables cuando estas organizaciones ganan terreno.
Diálogo: desde su perspectiva, ¿qué papel desempeñan los ciudadanos en la mejora de la seguridad y por qué su participación es esencial para enfrentar a las redes criminales?
Zamora: La ciudadanía es fundamental. Cuenca, la ciudad de la cual yo soy el alcalde, es una de las ciudades más seguras de América Latina , en contraste con la situación que viven otras zonas del país.
Nuestros indicadores de muertes violentas por cada 100 000 habitantes son muy bajos. Creo que una de las razones es precisamente el papel que desempeña la ciudadanía.
Existe una cohesión muy importante dentro de los barrios. La gente responde, se une y se conoce. No son comunidades aisladas donde nadie sabe quién vive al lado. Ese conocimiento entre vecinos es fundamental para reaccionar frente a problemas como la inseguridad y el crimen organizado.
Más bien, creo que una parte de la raíz del problema en muchas ciudades es la desconexión entre los propios ciudadanos. Por eso, a través del Consejo de Seguridad Ciudadana, promovemos constantemente la vida barrial, la organización comunitaria y la participación de la gente para poder cuidarnos entre todos.
Diálogo: ¿Cómo puede, esa estrategia que ha puesto en práctica ciudadana, traducirse a otras ciudades del país?
Zamora: Parte de la respuesta está en la planificación de las ciudades. Cuenca no ha promovido un crecimiento urbano basado en urbanizaciones cerradas donde las personas prácticamente no tienen contacto entre sí.
Aquí la gente sigue viéndose en la calle, reconoce a sus vecinos y mantiene una relación cotidiana con su comunidad. Esa integración permite que las personas se conozcan y fortalece la idea de que la ciudadanía tiene un enorme poder para proteger su entorno.
Cuando han existido problemas de inseguridad, la propia comunidad se ha organizado para defender sus barrios y enviar un mensaje claro de que no está dispuesta a permitir que se altere la tranquilidad del sector.
Además, hemos implementado herramientas tecnológicas como alarmas comunitarias conectadas a teléfonos celulares. Cuando ocurre una emergencia, los vecinos reciben una alerta que les permite reaccionar de manera colectiva. Esa capacidad de organización comunitaria es fundamental para enfrentar la inseguridad.
Diálogo: Para aquellos ciudadanos que consideran que denunciar un delito puede ser riesgoso, o que no tendrá resultados, ¿qué mensaje les daría?
Zamora: Si se pierde la confianza en la denuncia, se pierde mucho más que un mecanismo de información; se pierde la conexión entre los ciudadanos y las instituciones. Entiendo que muchas personas tengan miedo, y en muchos casos ese temor puede ser razonable.
Por eso, más allá de pedirle a la gente que denuncie, es fundamental que exista un sistema capaz de proteger la información y garantizar una respuesta efectiva.
Muchas personas pierden la fe porque denuncian y no ven resultados. La política pública y la inversión deben enfocarse en proteger a quienes colaboran con las autoridades, garantizar la reserva de la información y, sobre todo, ofrecer respuestas rápidas. Si no existe protección ni resultados, es muy difícil que la ciudadanía mantenga la confianza en el sistema.
Diálogo: ¿Cuáles son los principales desafíos que enfrentan los municipios cuando grupos criminales intentan influir en las comunidades, las economías locales o la confianza pública?
Zamora: Uno de los principales desafíos es trabajar de manera coordinada con los distintos niveles de gobierno, ya sea el estatal, nacional o federal, dependiendo de cómo esté organizado cada país.
La seguridad es un tema multidimensional. Si únicamente actúa la ciudad, o únicamente la provincia, o solamente el gobierno nacional, se realizan esfuerzos importantes, pero los resultados son limitados si no existe coordinación entre todos los niveles de gobierno.
Lamentablemente, los temas político-partidarios a veces interfieren en esa articulación. Y eso termina dejando de lado al ciudadano, que debería ser el centro de todas las acciones. Debemos estar atentos a las posiciones extremas, de un lado o del otro, cuando impiden que los distintos actores trabajen juntos en temas tan importantes como la seguridad.
Diálogo: Como presidente de la Federación Latinoamericana de Ciudades, ¿cuáles son los retos observa a nivel regional? y ¿Qué podría ayudar a reforzar la seguridad ciudadana en la región?
Zamora: Uno de los retos fundamentales es el financiamiento. En nuestra región, los recursos siempre son un desafío. Los municipios necesitan acceso a financiamiento para invertir en infraestructura, seguridad, salud y otros servicios esenciales para la población.
Creo que esos recursos deberían ser más accesibles, menos burocráticos y más fáciles de gestionar para los gobiernos locales, que son las instituciones más cercanas a la gente y las primeras en recibir sus demandas.
Otro desafío que observo es la creciente polarización política en la región. A veces se generan posiciones muy extremas que dificultan el diálogo y la construcción de acuerdos.
La sociedad tiene matices. No todo es blanco o negro. Es en la diversidad, en la cooperación, en el diálogo y en el respeto a la democracia donde podemos encontrar puntos de encuentro para enfrentar problemas comunes.
La gente no está pensando si una autoridad pertenece a una tendencia política u otra; lo que quiere es sentirse segura, vivir en paz y poder trabajar. En ese sentido, creo que la clase política tiene la responsabilidad de dejar de lado las diferencias cuando se trata de temas tan importantes como la seguridad ciudadana.
Diálogo: ¿Qué lugar ocupa la seguridad entre las principales preocupaciones de los ciudadanos?
Zamora: En el caso de Ecuador, y yo diría que también en buena parte de la región, la seguridad ocupa un lugar prioritario.
¿De qué sirve tener resueltos otros aspectos de la vida si una persona siente que no puede salir tranquila a la calle o teme por la seguridad de su familia? La seguridad es la base sobre la cual se construyen muchas otras condiciones de bienestar.
En Cuenca, cada vez que realizamos mediciones o consultas ciudadanas, la seguridad aparece entre las principales preocupaciones de la población. Si una persona no se siente segura para trabajar, estudiar o desarrollar sus actividades diarias, inevitablemente se afecta su calidad de vida.
Por eso, la seguridad está siempre entre las principales expectativas que los ciudadanos tienen de sus autoridades. La gente espera acciones concretas frente a los factores que afectan la paz y la tranquilidad social, particularmente aquellos relacionados con el crimen organizado y las actividades ilícitas.
Diálogo: Desde su perspectiva, ¿cómo se traduce la cooperación internacional — particularmente con socios como Estados Unidos— en beneficios concretos para los ciudadanos a nivel local, y de qué manera podrían fortalecerse aún más estos esfuerzos?
Zamora: Estados Unidos es un actor muy importante para la región y existe una cooperación significativa a través de los gobiernos nacionales. Eso es positivo y debe mantenerse.
Sin embargo, creo que también vale la pena pensar en cómo parte de esos esfuerzos pueden llegar con mayor fuerza a los gobiernos locales, a los municipios, provincias, departamentos o estados, dependiendo de cada país.
Muchas veces las estrategias se diseñan a nivel nacional, pero no siempre llegan con la misma intensidad al nivel más cercano a la ciudadanía. Y es precisamente allí donde se enfrentan problemas concretos relacionados con la inseguridad, la prevención de la violencia o el reclutamiento de jóvenes por parte de organizaciones criminales.
En temas como la lucha contra el narcotráfico y la prevención del crimen organizado, una mayor cooperación con los gobiernos locales podría generar resultados muy importantes, precisamente por la cercanía que estas instituciones tienen con la población.
Diálogo: De cara al futuro, ¿qué debería priorizarse para fortalecer la seguridad ciudadana y reforzar la confianza entre las comunidades y las instituciones?
Zamora: Creo que lo primero son las respuestas rápidas y concretas por parte de las instituciones encargadas de brindar seguridad.
En el caso de Cuenca, por ejemplo, la seguridad es una competencia principalmente estatal. Sin embargo, eso no significa que los gobiernos locales podamos desentendernos del problema. La gente no distingue entre niveles de gobierno; lo que espera es que sus autoridades le ayuden a resolver los problemas.
Por eso es fundamental la articulación. La clase política debe trabajar de manera coordinada para que las políticas públicas lleguen con resultados concretos a los ciudadanos.
También debemos evitar que las diferencias partidarias se conviertan en obstáculos para la cooperación. La seguridad requiere un trabajo conjunto y sostenido entre instituciones, comunidades y distintos niveles de gobierno.
Solo mediante ese esfuerzo integrado podremos enfrentar con mayor eficacia al crimen organizado y a las actividades ilícitas que afectan la tranquilidad y el desarrollo de nuestras sociedades.



