A medida que Latinoamérica amplía el uso de materiales radiológicos en hospitales, centros de investigación, agricultura e infraestructura energética, la seguridad radiológica comienza a adquirir una importancia cada vez mayor dentro de la arquitectura de seguridad hemisférica.
En entrevista exclusiva con Diálogo, Rafael Grossi, director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), advierte que el posible desvío o uso ilícito de materiales nucleares y radiológicos se ha convertido en un riesgo creciente para la seguridad hemisférica, un fenómeno que ya no puede ser tratado únicamente como una cuestión técnica o regulatoria. Desde fuentes utilizadas en hospitales hasta materiales potencialmente susceptibles de ser explotados por actores no estatales, Grossi describe un escenario en el que estas amenazas dejan de ser hipotéticas y comienzan a integrarse de forma progresiva en la agenda estratégica de seguridad regional.
La conversación, realizada en el marco de la Conferencia de Seguridad Hemisférica de la Universidad Internacional de Florida (FIU), celebrada del 5 al 8 de mayo, expone las crecientes vulnerabilidades que enfrenta la región y subraya la necesidad urgente de fortalecer la coordinación entre países de la región. En ese contexto, destaca también la cooperación internacional, particularmente con Estados Unidos, como un componente clave para mitigar riesgos que podrían incluso configurarse como una “amenaza latente”.
Diálogo: En Latinoamérica se observa un uso cada vez más amplio de materiales radiológicos en sectores como la salud, la industria y la energía. En este contexto, ¿por qué la seguridad radiológica ha pasado de ser un asunto técnico y regulatorio a convertirse en una preocupación creciente para la seguridad regional?
Rafael Grossi, director general del Organismo Internacional de Energía Atómica: Es un tema muy importante porque nuestra región necesita energía, necesita energía nuclear, necesita servicios oncológicos y radioterapia, y también aplicaciones nucleares para la agricultura, el manejo del agua y muchas otras áreas donde el material nuclear está presente. Y el riesgo radiológico, si ese material nuclear no se maneja adecuadamente, es una realidad.
Por lo tanto, es indispensable el involucramiento de las autoridades reguladoras nucleares de toda la región junto con el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), para garantizar que todas estas aplicaciones, fundamentales para la salud, nuestras economías y la seguridad, sean realmente beneficiosas para la población de todo el hemisferio, desde América del Norte hasta el sur de las Américas.
Y es un tema que, por supuesto, también tiene implicaciones en materia de seguridad, ante la posibilidad de que actores no estatales utilicen material radiológico para sembrar pánico o incluso para actos de terrorismo nuclear. En definitiva, hablamos de fenómenos relativamente nuevos en la escena internacional que deben ser prevenidos y contrarrestados.
Diálogo: A raíz de este crecimiento en el uso de materiales radiológicos, ¿cómo ha evolucionado el panorama de riesgos en la región, particularmente en lo que respecta a factores como la exposición, la dispersión geográfica y la posibilidad de desvío, uso indebido o incluso tráfico ilícito de estos materiales, incluyendo, como bien lo menciona, la participación del crimen organizado?
Grossi: Es ahí donde justamente la existencia de un fuerte entramado normativo e institucional es indispensable. Y en ese sentido me refiero nuevamente al sistema de inspecciones del OIEA. Todo el material nuclear que está en la región debe ser objeto de inspección, control y monitoreo en cuanto al tráfico ilícito, porque uno de los grandes problemas que tenemos en nuestra región es el crimen transnacional organizado. Ese es uno de los principales desafíos que enfrenta hoy el hemisferio occidental.
Nuestra región, que concentra el 10 por ciento de la población mundial, registra cerca del 40 por ciento de la criminalidad internacional. Esto es algo que nos debe hacer reflexionar. Hemos tenido casos extremos en El Salvador, Colombia, Venezuela y México, inclusive, con espacios geográficos fuera del control estatal. El caso de Haití es casi el paroxismo de la existencia de bandas armadas y maras.
Todo esto forma parte de la problemática de seguridad interior en toda la región y requiere atención también desde la perspectiva nuclear, porque el material nuclear, en manos aviesas, puede convertirse en una herramienta ideal para el terrorismo y para sembrar pánico.
Diálogo: ¿Cuáles serían hoy los principales desafíos para garantizar la protección física, el control y la supervisión de fuentes radiológicas en hospitales, centros de investigación e instalaciones industriales? Y, en el peor de los casos, ¿cuáles serían las consecuencias más graves que podrían surgir si esos sistemas de control fallan?
Grossi: En primer lugar, tiene que haber fuertes estructuras regulatorias internas. Ese es el primer paso, más allá de lo que cualquiera pueda hacer en el plano internacional. Todo país, y en este caso ya no se trata únicamente de tener capacidad de energía nuclear. Como usted bien señalaba en la pregunta, sencillamente el material medicinal ya es un elemento que debe ser observado.
Por ejemplo, aquel famoso accidente radiológico en Goiânia, en los años 1980 en Brasil. Se trataba de material radiológico que fue simplemente arrojado en un basural y que causó daños, muchísimas muertes, terror y pánico. Imagínese ese material nuclear en manos de terroristas.
Es decir, la existencia de fuertes estructuras regulatorias nacionales es indispensable. Y luego está la participación en esquemas internacionales, las normas, la Comisión de Seguridad Nuclear, la Comisión sobre Protección Física del Material Nuclear y las inspecciones del Organismo Internacional de Energía Atómica. Estos deben ser prerrequisitos presentes en cualquier agenda de seguridad nacional que se precie.
Diálogo: Dada la naturaleza transnacional de estos riesgos, ¿qué tan crítica es la coordinación regional y la armonización regulatoria? ¿Y qué vulnerabilidades surgen cuando existen brechas entre los países?
Grossi: Efectivamente, estos problemas son transnacionales. Si se produce una crisis radiológica, no va a respetar fronteras, no distingue dónde termina Chile y empieza Argentina, ni dónde termina Uruguay y empieza Brasil. Son, por definición, desafíos que trascienden cualquier límite nacional.
Por eso, desde el OIEA, trabajamos para generar marcos de interacción regulatoria regional que permitan un flujo constante de información, cooperación y ejercicios conjuntos, por ejemplo. Somos particularmente activos en la cooperación para el aseguramiento de grandes eventos públicos, como el Mundial de Fútbol, las visitas del Papa, la Jornada Mundial de la Juventud o los Juegos Olímpicos. En todos estos actos de gran manifestación, así como en grandes recitales de artistas populares, es donde tiene que haber una gran coordinación.
Diálogo: ¿Cuáles deberían ser las prioridades más urgentes para fortalecer las capacidades de cooperación en la región?
Grossi: Tenemos que tener una cooperación más fluida. No es que la que ya existe no funcione, pero debe haber una mayor conciencia, a nivel de las autoridades de seguridad y también militares, de que este tema tiene que estar mucho más presente en la agenda hemisférica de seguridad.
Diálogo: Y en ese contexto, ¿qué papel juega la cooperación internacional y, en particular, qué rol considera que desempeña Estados Unidos en ese esfuerzo por garantizar la seguridad regional?
Grossi: La cooperación con Estados Unidos es fundamental. Ya se han hecho aportes muy importantes. Un ejemplo reciente: teníamos uranio enriquecido por encima del 20 por ciento, prácticamente abandonado en Venezuela. Logramos retirarlo a finales de abril trabajando junto con las nuevas autoridades transicionales venezolanas y el Departamento de Energía de Estados Unidos.
Esa era una amenaza latente. Le diría incluso que fue un caso extraordinario. Nosotros lo monitoreamos y manteníamos una relación respetuosa con Venezuela, verificando que ese material permaneciera bajo control, pero aun así existía una gran preocupación sobre lo que pudiera ocurrir.
Este tipo de situaciones se puede extrapolar a otros países de América Central, donde existen dudas sobre la solidez del tejido institucional.
Estados Unidos tiene una visión muy sólida en este campo. Ya existe una cooperación estrecha con el Departamento de Energía, y considero que todavía hay espacios adicionales para profundizar esa colaboración.



