En el sur de Venezuela, los minerales estratégicos, conocidos como “arenas negras” –que incluyen coltán, niobio y estaño– están siendo extraídos y enviados hacia cadenas de suministro que terminan en China. Este proceso se desarrolla a través de un complejo esquema de extracción ilegal y blanqueo transfronterizo que, en la práctica, convierte la riqueza de recursos de Venezuela en un arma para el beneficio estratégico de China.
Según una investigación del medio digital Armando.info, se utilizan rutas fluviales y terrestres hacia Colombia, donde el material es “legalizado” mediante operaciones de fraude documental, reclasificación y comercialización antes de ser exportado como si fuera parte del comercio formal.
Apoyo de China a los grupos armados
La depredación de estos recursos se basa en una relación simbiótica entre los intereses chinos y las organizaciones criminales transnacionales (OCT). Mineros en el municipio de Cedeño, situado en el corazón de las zonas de extracción de arenas negras en el Estado Bolívar, han compartido inquietantes relatos con el medio digital Amazon Underworld, describiendo una integración perfecta entre los compradores y los grupos armados irregulares. Estos mineros han observado cómo compradores vinculados a empresas chinas interactúan de manera estrecha con el Ejército de Liberación Nacional (ELN).
Los traficantes de metales no solo se limitan a negociar la compra de minerales; sino que actúan como socios operativos del ELN, colaborando en actividades logísticas y de transporte. Los informes indican que se ha visto a compradores chinos y comandantes guerrilleros coordinando la recolección de minerales desde el aire, utilizando helicópteros para desplazarse por el denso interior venezolano. Esta asociación proporciona a las OCT el capital financiero y la demanda técnica necesarios para ampliar su control territorial, al tiempo que concede a China acceso a minerales sancionados que de otro modo serían inaccesibles a través de los canales formales.
La expansión de la huella geopolítica
El Dr. Evan Ellis, profesor investigador de estudios latinoamericanos en el Instituto de Estudios Estratégicos de la Escuela de Guerra del Ejército de los Estados Unidos, destaca que esta economía sumergida es un componente deliberado de la huella regional de China: “Considerando la condición sancionada de Venezuela, es muy posible que materiales extraídos de manera informal del país –bajo esquemas de acoso o supervisión por parte de comandantes militares de las Zonas Operativas de Defensa Integral o las Regiones Estratégicas de Defensa Integral (…)– sean trasladados a Colombia para salir oficialmente como si provinieran de minas formales, como una forma de lavado”. Esta dinámica ilustra cómo la demanda de China alimenta un ecosistema “cleptocrático” que socava la soberanía de las naciones de la región.
Además, el interés de China por estos minerales es una medida calculada para reforzar su monopolio mundial de procesamiento. China representa hasta el 90 por ciento de la capacidad mundial de refinado de estos insumos estratégicos, señala la cadena televisiva española RTVE. Al asegurarse un flujo constante de minerales ilícitos procedentes de Sudamérica, Pekín se garantiza que incluso las economías ilegales de la región estén atadas a su maquinaria industrial, creando una dependencia geopolítica que reduce los márgenes de control y la trazabilidad de los componentes tecnológicos críticos.
Valor estratégico
La importancia de estos minerales radica en su condición de materias primas críticas para la defensa y la tecnología modernas. El coltán es la principal fuente de tantalio, un metal indispensable para la fabricación de condensadores de alto rendimiento utilizados en teléfonos inteligentes, implantes médicos como marcapasos y sistemas de guía para misiles.
El niobio es igualmente vital como agente aleante en las “superaleaciones” necesarias para los motores de turbina de los aviones y las toberas de los cohetes, ya que se mantiene su resistencia a temperaturas extremas en las que la mayoría de los metales fallarían. El estaño sigue siendo una piedra angular de la industria electrónica, y que es el principal agente de soldadura que une cada microchip a su placa de circuito. Al controlar el suministro de estos materiales, China tiene efectivamente las claves del futuro de las industrias aeroespacial, de telecomunicaciones y de defensa.
Incautaciones de alto perfil y el Arco Minero del Orinoco
La magnitud de esta depredación quedó recientemente de manifiesto con importantes operativos en Colombia. En abril de 2025, las autoridades colombianas llevaron a cabo la Operación Uranio, una operación a gran escala contra el tráfico de minerales que dio lugar a la incautación de 54 toneladas de estaño y coltán en Villavicencio. Este cargamento, valorado en más de USD 1,2 millones, se remontaba a minas ilegales explotadas por el ELN y disidentes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) cerca de la frontera con Venezuela, y se documentó explícitamente que tenía como destino el puerto de Cartagena para su envío final a China. Estas incautaciones de alto perfil ponen de relieve el enorme volumen de material que se extrae de la cuenca amazónica para satisfacer las cuotas industriales chinas.
El Arco Minero del Orinoco se ha convertido en el epicentro de este saqueo. Desde su declaración en 2016 como Zona de Desarrollo Estratégico Nacional, abarca más de 111 000 kilómetros cuadrados, cerca del 12 por ciento del territorio venezolano. El Dr. Ellis advierte que la estrategia regional de China está diseñada para perdurar en el tiempo y señala que, “China, como en muchas otras partes del mundo, continuará operando no solo de forma ilícita, sino también mediante esquemas formales de gobierno a gobierno”. Esta presencia persistente garantiza que China tratará de mantener su influencia independientemente del clima político en Caracas.
Legitimación y línea difusa
Bram Ebus, consultor para el International Crisis Group, señala en una publicación de InfoAmazonía, que la sustitución de las empresas mineras tradicionales por grupos armados colombianos ha alterado fundamentalmente el panorama comercial del sur de Venezuela. Los compradores ahora se presentan directamente en los yacimientos mineros, trabajando dentro de un sistema integrado que utiliza decretos legales específicos para centralizar la recepción de minerales, lo que da una apariencia de legitimidad. Los organismos públicos y las empresas estatales actúan como principales conductos en este proceso; registran y mezclan materiales de origen ilícito en los circuitos formales, ocultando su origen delictivo antes de que lleguen a los mercados internacionales.
Aunque muchos de los compradores de estas regiones parecen entidades “privadas”, la distinción entre empresas privadas y estatales en China es prácticamente inexistente. En el modelo económico chino, el Estado suele mantener vínculos directos de capital y comités del Partido Comunista dentro de empresas nominalmente privadas, en particular las que operan en sectores estratégicos como la extracción de minerales, para garantizar una alineación absoluta con la política gubernamental. En el marco del 15.º Plan Quinquenal de China (2026-2030), las estrategias corporativas se sincronizan sistemáticamente con los objetivos nacionales. En consecuencia, cualquier entidad china que actúe en Bolívar o Amazonas actúa efectivamente como agente de la diplomacia de recursos más amplia de Pekín.
Costos ecológicos y sociales
La estrategia china para apoderarse de las tierras raras ha traído consigo un alto costo ecológico y social. La extracción de estos minerales pone en peligro el medio ambiente y la salud de las comunidades locales. Según la cadena alemana de noticias Deutsche Welle, estos minerales contienen elementos radioactivos que contaminan el suelo y las aguas subterráneas.
El Dr. Ellis concluye que “lo preocupante es que, a medida que aumenta la corrupción, también se expande el mercado ilícito”. Los procesos de extracción tóxicos y el fomento de una economía ilegal basada en la corrupción y la informalidad representan una cicatriz permanente en la región. En última instancia, estos costos ambientales y humanos son el subproducto de una estrategia geopolítica deliberada de China que prioriza su propia seguridad mineral por encima de la preservación de la vida o la estabilidad de Sudamérica.


