China modificó su enfoque en Latinoamérica, adoptando una estrategia de influencia menos visible pero más estructural. Esta nueva dirección se centra en inversiones específicas en sectores estratégicos como telecomunicaciones, energía y tecnología. Este cambio no solo redefine los métodos de influencia externa, sino que también plantea profundos interrogantes sobre la autonomía estatal y la seguridad en la región.
A pesar de que la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI) sigue captando atención internacional, la participación de Latinoamérica en este proyecto ha disminuido por tercer año consecutivo. En el primer semestre de 2025, la región representó poco más del uno por ciento del gasto global chino en construcción de la BRI y solo el 0.4 por ciento de su inversión externa. La revista Americas Quarterly señala que la inversión extranjera directa china también ha continuado su desaceleración. En un golpe particularmente significativo para la iniciativa, Panamá, la primera nación latinoamericana en unirse a la BRI, se retiró oficialmente del programa a principios de 2025. El presidente panameño, José Raúl Mulino, cuestionó los beneficios tangibles de la BRI y preguntó de manera incisiva en una conferencia de prensa: “¿Qué le ha aportado a Panamá todos estos años?”.

Prioridades internas y repliegue estratégico
Este cambio en la estrategia de inversión se debe, en parte, a las prioridades internas de Pekín. Según Americas Quarterly, las autoridades chinas instruyeron a la banca estatal a enfocarse en el crecimiento doméstico y en 2023 implementaron normas de gestión de riesgos que limitan la exposición financiera externa. Esto ha resultado en una reducción del financiamiento para grandes proyectos de infraestructura de alto perfil en el extranjero.
A pesar de esta disminución, las empresas chinas han mantenido su actividad en la región, realizando inversiones más pequeñas y focalizadas en sectores críticos como el litio, las tecnologías de la información y las comunicaciones, la energía limpia y la producción de vehículos eléctricos. Estas iniciativas no solo incorporan estándares tecnológicos chinos, sino que también refuerzan su papel como proveedores estratégicos en Latinoamérica. Al incorporar la tecnología propria china en las redes energéticas y de comunicaciones de la región, Pekín está creando una dependencia a largo plazo que supone una amenaza silenciosa para la seguridad interna y la independencia en la toma de decisiones de los países receptores.
Nuevo paradigma en la influencia
El coordinador del Centro de Estudios sobre Asia del Pacífico e India de la Universidad Nacional de Tres de Febrero en Argentina, Sergio Cesarin, explicó a Diálogo que China ha desplazado los proyectos de gran visibilidad y alto compromiso financiero que había utilizado durante años como herramientas de posicionamiento regional. “Este tipo de obras, además de su elevado costo, proyecta una presencia política explícita que hoy Pekín busca administrar con mayor cautela”, afirmó.
Para Cesarin, “el viraje hacia iniciativas menos visibles responde a una estrategia de contención, orientada a moderar una proyección que había sido especialmente activa”. En este contexto, China busca adaptar su influencia a ciclos políticos regionales más cambiantes, priorizando mecanismos de impacto estructural sobre la exposición pública. Este enfoque más sutil permite a China mantener una huella omnipresente y, al mismo tiempo evitar la reacción pública que a menudo provocan los proyectos de infraestructuras masivos y con gran endeudamiento.
Inversiones selectivas y diplomacia militar
El más reciente documento del Gobierno chino sobre su relación con Latinoamérica, el tercero de este tipo publicados a finales de 2025, confirma un giro hacia la identificación de “nichos” específicos. Este documento, la primera actualización en ocho años, va más allá del comercio y describe explícitamente un programa que amplía la huella de China en materia de seguridad. Esto incluye una diplomacia militar intensificada, la formación militar profesional de oficiales regionales y la profundización de la cooperación en materia de aplicación de la ley, ciberseguridad y tecnología de vigilancia. Este compromiso pone de manifiesto la intención de influir en las doctrinas de seguridad y la estabilidad interna de las naciones latinoamericanas.

Cesarin sostiene que este cambio refleja un nuevo ciclo en la economía china, que ha pasado de exportar capacidad constructiva e infraestructura tradicional a priorizar la tecnología, los servicios y el conocimiento especializado. En Chile, la industrialización del litio en 2025 evidenció la persistencia de intereses chinos en sectores estratégicos. Aunque el Gobierno chileno reportó que las empresas chinas BYD y Tsingshan desistieron de proyectos de procesamiento en el norte del país, la embajada china en Santiago afirmó que ambas firmas mantienen inversiones y están dispuestas al diálogo con las autoridades locales, según el medio chileno Emol.
En Argentina, Ganfeng Lithium comenzó en febrero de 2025 la operación de una planta de producción de litio en la provincia de Salta, destinada a extraer y procesar el mineral para mercados globales. Este proyecto tiene una capacidad de hasta 20 000 toneladas anuales de cloruro de litio y cuenta con un parque solar construido para su operación energética, reportó la agencia británica de noticias Reuters.
Más allá de la minería, las empresas chinas han avanzado en manufactura e infraestructura tecnológica en Latinoamérica. Proyectos en Brasil, México y Argentina abarcan la producción de vehículos eléctricos, autopartes y desarrollos vinculados a energías limpias y transmisión eléctrica, según el diario peruano La República.
En México, las inversiones se concentran en manufactura avanzada y producción de componentes automotrices, especialmente sistemas eléctricos y autopartes, con el objetivo de integrarse a cadenas de suministro existentes en medio de la reorganización industrial del sector, reportó la revista Mexico Business News.
Influencia estructural y desafíos futuros
Cesarin advirtió que China ya cuenta con una presencia significativa de inversiones en Latinoamérica, particularmente en infraestructura y energía, respaldada por grandes bancos chinos con presencia regional. Estos activos configuran intereses económicos consolidados que Pekín busca preservar, lo que puede traducirse en una capacidad de influencia estructural sobre sectores estratégicos de los países receptores.
El analista subrayó que, “aunque China redujo la visibilidad de los grandes proyectos, mantiene una estrategia de largo plazo mediante inversiones de menor escala. Este enfoque técnico y fragmentado sostiene su presencia regional con menor exposición política y, al mismo tiempo, dificulta la identificación temprana de impactos acumulativos sobre la seguridad y la gobernanza económica”.
En última instancia, esta integración “técnica y fragmentada” en sectores críticos crea un nuevo tipo de vulnerabilidad, en la que la huella regional de una potencia extranjera se entrelaza tan profundamente en el tejido nacional que ya no puede desentrañarse fácilmente ni auditarse en busca de riesgos para la seguridad.


