En la primera parte de esta entrevista, Guido Torres, experto en seguridad nacional y director ejecutivo de Irregular Warfare Initiative, un espacio colaborativo para tender puentes entre el mundo académico y los profesionales militares, examinó los motivos estratégicos que impulsan la creciente presencia de China en el sector espacial latinoamericano. En esta segunda parte, Torres profundiza en la creciente amenaza y analiza cómo las instalaciones espaciales de Pekín en la región podrían servir de apoyo para devastadores ataques con misiles desde el sur. Subraya la urgente necesidad de una estrategia regional unificada, basada en la transparencia, el uso pacífico del espacio y la gobernanza responsable.
Diálogo: En su artículo Espacio, velocidad y soberanía, usted describe las armas hipersónicas como una amenaza revolucionaria debido a su velocidad y maniobrabilidad. ¿De qué manera, si es que hay alguna, está relacionada la infraestructura espacial de China en Latinoamérica con el desarrollo de sus armas hipersónicas, y cuáles son las implicaciones para la seguridad nacional y regional?
Guido Torres, director ejecutivo de la Iniciativa de Guerra Irregular: Por ahora es más una teoría. Los vehículos hipersónicos planeadores funcionan lanzando un misil balístico intercontinental al espacio, donde la ojiva se separa y se convierte en lo que se denomina un “planeador”. Básicamente, funciona como un satélite: está en órbita y puede permanecer allí hasta que se le ordena hacer algo diferente. Para realizar ese cambio, probablemente se necesitaría un centro de telemetría, seguimiento y control (TT&C) para enviar una orden y decir: “Estas son tus coordenadas para maniobrar y lanzar”. Ahí es donde entra en juego la posible conexión con la infraestructura espacial.
Los vehículos hipersónicos son una gran amenaza debido a su velocidad extrema y a la falta actual de defensas eficaces. Esto significa que un misil hipersónico podría acercarse desde el sur con efectos devastadores. Incluso hay informes de que China ha probado misiles hipersónicos deslizantes con ojivas nucleares. Por lo tanto, se trata de una amenaza significativa para la seguridad nacional.
Y, de nuevo, todo se reduce a la misma cuestión de soberanía para los países del hemisferio occidental: ¿quieren instalaciones en su territorio que puedan ayudar a proporcionar maniobras y coordenadas a un misil chino?
Diálogo: A pesar de la creciente presencia de China en la infraestructura espacial de la región, estas instalaciones han sido objeto de un mayor escrutinio recientemente. El año pasado, por ejemplo, la estación Espacio Lejano, en Argentina, fue objeto de sospechas por sus posibles aplicaciones militares y de inteligencia. Mientras tanto, Chile suspendió un proyecto con China para construir un observatorio espacial en el desierto de Atacama. ¿Cree que la región es ahora más consciente de los riesgos que implican este tipo de acuerdos con China?
Torres: Sin duda lo creo. Ha habido mucha cobertura mediática y mucha información al respecto. Los responsables políticos lo han planteado durante sus comparecencias ante el Congreso y han involucrado a sus socios de la región en la cuestión. Así que sí, definitivamente ahora se presta más atención al tema. Sin embargo, creo que todavía hay una falta de avances reales, a pesar de que hemos planteado el caso de la estación Espacio Lejano de Argentina y la situación reciente en Chile.
En el caso de Argentina, volviendo al aspecto geopolítico, aunque puedan considerar que esto les coloca en una posición difícil entre dos grandes potencias, también tienen otras prioridades. La economía nacional es una de ellas, y China desempeña un papel importante en este sentido. Por lo tanto, deben sopesar esos factores y decidir qué pueden hacer realmente, sobre todo cuando se trata de un acuerdo que, por ejemplo, supone un arrendamiento de 50 años.
Chile es un poco más interesante. Sí, han tenido problemas, pero, como usted dice, esos problemas no están directamente relacionados con el espacio o la seguridad, sino más bien con los procesos burocráticos. En este caso, creo que la Universidad Católica firmó un acuerdo con concesiones en lugar de pasar por el Ministerio de Relaciones Exteriores.
Así que se trata más de una cuestión burocrática que de seguridad. Dicho esto, espero que los chilenos, que son pragmáticos por naturaleza, vean el panorama general, como lo que hemos estado discutiendo aquí, y lo evalúen también desde el punto de vista de la seguridad. Eso significa analizar sus vulnerabilidades y decidir qué tipo de lenguaje deben incluir en cualquier acuerdo futuro relacionado con el espacio para protegerse.
Diálogo: ¿Cómo sería un marco práctico para una cooperación bilateral y regional sólida en materia de seguridad espacial, y qué papel deberían desempeñar las instituciones de defensa latinoamericanas en su configuración y dirección?
Torres: Creo que todo debería basarse, aunque sea un poco anticuado, en el Tratado sobre el Espacio Ultraterrestre como fundamento.
Hoy en día, diez países latinoamericanos han firmado los Acuerdos Artemis. Se trata de acuerdos no vinculantes, pero hacen hincapié en la transparencia, el uso pacífico del espacio y el establecimiento de normas internacionales. En ellos se esbozan principios que se ajustan bien a un comportamiento responsable en el espacio.
Latinoamérica también ha creado recientemente una organización espacial regional. Esto supone una oportunidad real para que la región se una, adopte los mismos principios de los Acuerdos Artemis, defienda el espíritu del Tratado del Espacio Exterior, y garantice que los socios los respeten. Eso significa no militarizar el espacio, no realizar pruebas antisatélite que generen desechos y no llevar a cabo acciones que pongan en riesgo los recursos y capacidades de todos. Si la región puede unirse en torno a estos principios, dispondrá del marco que necesita.
Otro punto crítico es la gobernanza. En toda Latinoamérica, los programas espaciales se gestionan de manera diferente, algunos por el ejército, otros de forma puramente civil y otros de forma híbrida. Decidir quién tiene la autoridad para celebrar acuerdos es tan importante como los propios acuerdos. Para garantizar su eficacia, es esencial contar con líneas de responsabilidad claras, una base jurídica sólida y un plan para mantener los acuerdos a largo plazo.
Diálogo: ¿Cuál es el mensaje central o el llamado a la acción que desea que los líderes y los funcionarios militares de Latinoamérica y el Caribe extraigan de su reciente investigación y análisis sobre este tema?
Torres: El espacio no va a desaparecer. Lo que antes era dominio exclusivo de los gobiernos ahora está abierto a todos, y el espacio comercial ha proliferado rápidamente. Por lo tanto, mi mensaje para la región es que den prioridad a la transparencia, la claridad y el uso pacífico del espacio. Deben asegurarse de que los marcos nacionales se basen en ese mensaje y de que se mantengan sólidos y sostenibles a lo largo de las diferentes administraciones.


