El Tren de Aragua (TdA), organización criminal surgida en una prisión venezolana, se ha consolidado como uno de los principales actores delictivos transnacionales del hemisferio occidental. Su rápida expansión, combinada con niveles extremos de violencia, marca una nueva fase del crimen organizado en Latinoamérica y plantea serios desafíos para la seguridad regional.
De pandilla carcelaria a red transnacional
Lo que comenzó en el penal de Tocorón, en el estado de Aragua, como una pandilla local dedicada al secuestro y la extorsión, evolucionó en menos de una década en una red criminal con presencia en al menos una decena de países. De acuerdo con expertos y centros de estudios regionales, el TdA ahora domina el panorama delictivo venezolano y ha proyectado su influencia más allá de sus fronteras.
“En muy poco tiempo ha logrado posicionarse al nivel de los principales grupos criminales transnacionales de la región”, señaló a Diálogo Douglas Farah, experto en seguridad y crimen organizado y presidente de IBI Consultant. Aunque puede que no tenga la sofisticación de estructuras como el Cártel de Sinaloa o la MS-13, su capacidad de expansión y su brutalidad lo convierten, según Farah, en “la organización criminal más disruptiva que opera hoy en Latinoamérica”.
Estados Unidos, Perú, Ecuador, Argentina y Trinidad y Tobago, entre otros países, han designado al grupo como organización terrorista, lo que refleja la urgencia regional de la amenaza. El TdA mantiene presencia en toda la región, incluso en Chile, Colombia, Brasil, Perú, Trinidad y Tobago y las islas caribeñas de Aruba, Curazao y Bonaire. También ha extendido su alcance hacia Guyana y Surinam, vinculada al control de la minería ilegal en el sur de Venezuela, según indicó en un informe la ONG Transparencia Venezuela.
Estructura flexible y modelo “franquicia”
El TdA tiene su origen en la figura de Héctor Rusthenford Guerrero Flores, alias Niño Guerrero, quien consolidó su liderazgo en Tocorón a mediados de los 2000. Bajo su control, la prisión se transformó en un enclave criminal autosuficiente, con su propia economía ilícita y una jerarquía interna.
El TdA adoptó una estructura descentralizada y adaptable. “Funciona como una franquicia criminal”, explica Farah. “Bandas locales en otros países pueden usar su nombre, símbolos y métodos a cambio de lealtad o tributo económico”.
Esa estructura “exoesquelética”, que opera sin un mando visible ni una base física central, permite a las células mantener su autonomía operativa, adaptarse a contextos diversos y aprovechar los vacíos institucionales de países con débil control estatal.
Migración venezolana: el vector de expansión
La expansión del TdA está estrechamente ligada a la crisis migratoria venezolana. Más de 7,9 millones de ciudadanos han abandonado el país desde 2018, según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).
“El grupo se ha expandido como consecuencia directa de las migraciones masivas derivadas del colapso institucional en Venezuela”, dijo a Diálogo Carlos Augusto Chacón, director del Instituto de Ciencia Política Hernán Echavarría Olózaga. “Ha aprovechado la vulnerabilidad de los migrantes”, añadió.
En este contexto, el TdA ha extendido sus operaciones hacia comunidades de migrantes en todo Perú, Chile, Colombia, Ecuador y Brasil, especializando en reclutamiento, extorsión y trata de personas. “Países como Costa Rica, Uruguay, Chile y Argentina, antes ajenos al crimen organizado de gran escala, hoy registran presencia de estas redes. La combinación de flujos migratorios masivos, debilidad estatal y expansión de economías ilícitas creó un escenario que el TdA supo aprovechar”, dijo Chacón.
Un patrón de terror
El uso deliberado del terror es una de las principales características del TdA. De acuerdo con el Proyecto de Información sobre el Crimen Organizado y la Corrupción (OCCRP), el grupo ha dejado un rastro de homicidios, mutilaciones y desapariciones en varios países de la región.
En Perú, el asesinato de trabajadoras sexuales atribuido al TdA en Lima fue interpretado como un mensaje de control territorial sobre el comercio sexual, señaló Ángela Villón, presidenta del Movimiento de Trabajadoras Sexuales del Perú, citada por OCCRP.
“El TdA está todavía en una fase de consolidación criminal”, advirtió Chacón. “Está en una búsqueda violenta por controlar territorios, espacios y cadenas de suministro ilícito”.
En Brasil, la policía de Roraima registró una docena de homicidios en 2021 vinculados al grupo, varios de ellos con víctimas desmembradas. En Colombia, la Fiscalía capturó a 19 miembros acusados de homicidio, narcotráfico y extorsión.
“Está haciendo uso de una violencia extrema para mostrarla, para intimidar a toda la sociedad y usarla como táctica de expansión”, explicó Farah.
Crimen y política: el nexo con el régimen de Maduro
Diversos informes de inteligencia, expertos y grupos de reflexión han afirmado con rotundidad que existe una conexión entre el TdA y el régimen de Nicolás Maduro.
Según estos reportes, el grupo opera y se fortalece gracias a la inestabilidad interna y a la permisividad de estructuras vinculadas al poder. Chacón destacó el carácter estratégico de esta relación. “No estamos ante una novedad. Desde el régimen chavista, Venezuela ha empleado diversas organizaciones criminales como proxies para ejercer control interno y externo”.
Continuó diciendo: “Es una doctrina de guerra asimétrica, en la que el uso de estructuras criminales como el TdA forma parte de la estrategia de seguridad nacional”.
La fuga masiva de reclusos en la cárcel de Tocorón, en septiembre de 2023, confirmó el poder del grupo dentro del sistema penitenciario. El propio régimen reconoció que el penal funcionaba como un “centro de operaciones criminales”.
Farah añade que esta relación forma parte de una estrategia regional de poder. “El régimen de Maduro, con apoyo de Rusia, China e Irán, utiliza redes criminales como el TdA para erosionar la gobernabilidad democrática y el Estado de derecho en la región”, señaló.
Persecución política y expansión geopolítica
Un reciente reportaje de la revista colombiana Semana aportó nuevos elementos sobre esta conexión, al revelar presuntas acciones coordinadas de violencia e intimidación contra opositores venezolanos refugiados en Colombia, en las que habría participado directamente el TdA.
Según la publicación, el atentado sicarial del 13 de octubre contra los activistas Yendri Velásquez y Luis Peche, en el norte de Bogotá, formaría parte de una estrategia sistemática de persecución dirigida desde Caracas. La operación, de acuerdo con Semana, habría contado con la intervención del supuesto ministro de Relaciones Interiores, Justicia y Paz de Maduro, Diosdado Cabello, y habría sido ejecutada a través de estructuras criminales asociadas al TdA.
La revista también recogió testimonios de refugiados venezolanos que aseguran que el grupo mantiene presencia activa en Bogotá y otras ciudades colombianas, siguiendo directrices del régimen. Las denuncias apuntan a una campaña de amedrentamiento político contra la disidencia en el exilio, ejecutada mediante una red criminal ya arraigada en el país.
Una amenaza regional en evolución
El caso del TdA refleja la mutación del crimen organizado en Latinoamérica hacia estructuras flexibles, transnacionales y con objetivos políticos.
“El crimen organizado dejó de ser solo un problema de seguridad pública. Es una forma contemporánea de guerra”, advierte Chacón. “Estas estructuras mezclan narcotráfico, terrorismo y control social, y se han convertido en armas políticas dentro de una estrategia de desestabilización regional”.
La designación del TdA como grupo terrorista por parte de varios países marca un punto de inflexión en la lucha contra el crimen organizado. “Permite a los Estados usar herramientas legales y de inteligencia más amplias”, explicó Chacón. “Donde no se reconoce su verdadera naturaleza, estas organizaciones operan en la clandestinidad, y las comunidades enfrentan niveles de violencia que no comprenden”.
En regiones donde el Estado carece de información o capacidad institucional, los crímenes del TdA se perciben como delincuencia común, cuando en realidad forman parte de una red criminal transnacional con fines políticos y estratégicos capaz de desafiar fronteras, Estados y democracias.
“Ya no se trata solo de violencia y control territorial, sino también de una amenaza a largo plazo para las democracias y la institucionalidad de la región”, advirtió Farah.


