Más que un conglomerado empresarial, el Grupo de Administración Empresarial S.A. (GAESA) se ha convertido en el principal instrumento mediante el cual las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) controlan buena parte de la economía estratégica de Cuba. Puertos, logística, turismo, servicios financieros, comercio exterior y otras actividades generadoras de divisas forman parte de una estructura empresarial sin equivalente en el resto de Latinoamérica y el Caribe.
Para los analistas, la importancia de GAESA trasciende el ámbito económico. Al concentrar bajo administración militar gran parte de la infraestructura estratégica del país, el conglomerado no solo sostiene financieramente al régimen cubano, sino que también se convierte en el principal punto de acceso para gobiernos y empresas extranjeras interesados en operar en sectores clave de la isla. Esta concentración de poder económico plantea implicaciones para la transparencia financiera, la seguridad regional y la creciente presencia de actores extrarregionales como China y Rusia en el Caribe.
Recientemente, Estados Unidos impuso nuevas sanciones contra varias empresas y altos directivos vinculados a GAESA, lo que volvió a poner al conglomerado bajo el escrutinio internacional. En ese contexto,
el Departamento de Estado de los EE. UU., describió a GAESA como “el corazón del sistema comunista cleptocrático cubano” al considerar que concentra de manera opaca los ingresos provenientes de algunos de los sectores más rentables de la economía cubana, no en beneficio de la población, sino de las élites políticas y militares.
“Este oligopolio posee cuentas offshore, sus accionistas son invisibles, sus principales empresas están registradas en Panamá bajo otras nacionalidades y no pueden ser auditadas ni por las instituciones administrativas ni por las políticas de la isla, ya sea la Contraloría General de la República, el Consejo de Estado y de Ministros o el Comité Central del Partido Comunista de Cuba”, explica a Diálogo el politólogo cubano Juan Antonio Blanco, presidente y director del centro de estudios Cuba Siglo 21, con base en Estados Unidos.
Aunque el Gobierno de La Habana no publica datos oficiales, estimaciones independientes indican que GAESA controla entre el 40 y el 70 por ciento de la actividad económica nacional, incluyendo el turismo, la logística portuaria, los servicios financieros, el comercio exterior, las telecomunicaciones y otras infraestructuras estratégicas. A través de empresas como Gaviota, Banco Financiero Internacional y Almacenes Universales, GAESA se ha convertido en el principal centro de acumulación de capital del régimen.
Sin embargo, para los expertos, el problema va más allá de la concentración económica. Al controlar los principales sectores generadores de divisas, GAESA convierte la actividad económica en un instrumento de poder del régimen.
El ascenso de un imperio económico-militar
GAESA nació en la década de 1990, durante el llamado Período Especial, la profunda crisis económica que siguió al colapso de la Unión Soviética. En sus inicios, su misión era permitir que las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) generaran ingresos propios mediante actividades vinculadas al turismo, el comercio exterior y otros sectores capaces de atraer divisas.
“Con el tiempo, esta institución se transformó en un pulpo de muchos tentáculos, administrado al margen del control del Estado, mientras que su subordinación a las FAR es más nominal que real. Es una verdadera Cosa Nostra cubana”, afirma Blanco.
El crecimiento de GAESA se aceleró especialmente tras la llegada al poder de Raúl Castro en 2006. Bajo la dirección de su yerno, el General Luis Alberto Rodríguez López-Calleja, considerado el arquitecto de la expansión del grupo, el holding del régimen comenzó a absorber algunas de las empresas estatales más importantes de Cuba. Entre ellas figuran Corporación CIMEX S.A., la principal red comercial del país; Gaviota, el gigante turístico que controla gran parte de los hoteles de la isla; y Habaguanex, cuyos hoteles, restaurantes y establecimientos comerciales en el centro histórico de La Habana fueron transferidos al sistema empresarial militar en 2016. A través de empresas como Almacenes Universales, GAESA también ocupa una posición central en las operaciones logísticas y comerciales vinculadas al puerto y la Zona Especial de Desarrollo Mariel, uno de los principales polos de comercio e inversión de Cuba. Tras la muerte del Gral. López-Calleja en 2022, la dirección del grupo pasó a la General de Brigada Ania Guillermina Lastres, recientemente sancionada por Estados Unidos.
“Al insistir en mantener un control totalitario sobre la actividad económica y la producción, este régimen de gobernanza de tipo mafioso está empujando a un número cada vez mayor de cubanos a la miseria a un ritmo alarmante”, señala Blanco.
En el centro de este sistema se encuentran instituciones como el Banco Financiero Internacional (BFI) y la financiera Rafin, ambas sancionadas en junio de 2026. Según los expertos, estas entidades desempeñan un papel esencial en la movilización de fondos en nombre del régimen. A través de estas estructuras pasa una parte importante de las operaciones comerciales en divisas, desde los ingresos del turismo hasta las remesas, las inversiones extranjeras y las exportaciones.
La capacidad para movilizar estos recursos es posible gracias a una estructura que opera al margen de cualquier control independiente. Lo que distingue a GAESA de otras instituciones estatales cubanas es precisamente el nivel de secretismo que la rodea: no publica balances financieros, no informa sobre sus ingresos y no está sujeta a mecanismos independientes de supervisión. En la práctica, funciona como un Estado económico paralelo que concentra en manos del aparato militar el control de las principales fuentes de divisas del país.
Las implicaciones para la seguridad regional
La influencia de GAESA va más allá del volumen de los activos que administra y se extiende a los sectores estratégicos que controla. Al canalizar gran parte de la inversión extranjera y de la actividad comercial de Cuba a través de entidades vinculadas a las FAR, el conglomerado ocupa una posición central en las relaciones del país con gobiernos, empresas e inversionistas extranjeros. Esto otorga a GAESA un papel clave en la configuración de las alianzas con actores extrarregionales que buscan establecer o ampliar su presencia en sectores estratégicos de la isla.
“Es un complemento paramilitar del aparato represivo. Cuando el régimen necesita intervenir para reprimir manifestaciones o suspender Internet, GAESA actúa como un complemento paramilitar al servicio del Ministerio del Interior”, afirma Blanco.
Al controlar puertos, logística, servicios financieros, telecomunicaciones y una parte significativa de las inversiones extranjeras, esta “caja negra económica” del régimen se ha convertido también en uno de los principales canales mediante los cuales gobiernos y empresas extranjeras, incluidos socios como China y Rusia, establecen relaciones con sectores estratégicos administrados por el aparato militar cubano.
Documentos financieros internos publicados por el Miami Herald revelaron que, en marzo de 2024, las empresas analizadas de GAESA registraban activos por USD 17 900 millones, incluidos más de USD 14 000 millones en cuentas bancarias. Aunque especialistas discrepan sobre la interpretación exacta de esas cifras, los documentos ilustran la magnitud de los recursos administrados por el conglomerado y la dificultad de conocer con precisión el alcance de su patrimonio debido a la falta de transparencia.
“La élite de poder que controla el país a través del oligopolio conocido como GAESA ha establecido vínculos con otros Estados y con actores no estatales relacionados con el crimen organizado y el terrorismo”, advierte Blanco.
En los últimos años, China ha ampliado su presencia en Cuba mediante acuerdos en sectores como el turismo, las infraestructuras logísticas, las telecomunicaciones, la digitalización, las energías renovables y otras áreas estratégicas. En 2025, Pekín y La Habana firmaron un memorando de entendimiento para ampliar la cooperación turística y suscribieron cartas de intención para nuevos proyectos hoteleros entre entidades de ambos países durante la Feria Internacional de Turismo (FITCuba). Aunque no todos estos proyectos son administrados por GAESA, el conglomerado mantiene una posición dominante en el sector turístico cubano, por lo que buena parte de las inversiones extranjeras en esta industria terminan vinculándose con empresas bajo su control o influencia.
China también ha ampliado su cooperación con Cuba en ámbitos como las telecomunicaciones, la videovigilancia y otras áreas estratégicas. Muchas de estas iniciativas se desarrollan en sectores donde GAESA mantiene una posición predominante dentro de la economía cubana.
Para los analistas, esta convergencia entre el capital chino y el aparato económico-militar cubano no solo fortalece al régimen, sino que consolida una infraestructura financiera y logística capaz de respaldar los intereses estratégicos de Pekín y de otros aliados de La Habana, entre ellos Rusia e Irán. El resultado es una mayor capacidad de cooperación en sectores de alto valor estratégico, como las telecomunicaciones, la ciberinteligencia y la recopilación de información, lo que representa una amenaza para la seguridad de toda la región.