En el corazón de Latinoamérica, las organizaciones criminales transnacionales (OCT) están experimentando una transformación sin precedentes, complicada por la presencia de actores estatales extranjeros. La incorporación de inteligencia artificial (IA), biometría y neurodatos en las operaciones de las OCT, junto con la recopilación estratégica de datos por parte de rivales globales, está reescribiendo el panorama delictivo. Esta doble amenaza obliga a las fuerzas de seguridad a avanzar rápidamente en ciberseguridad, cooperación internacional y marcos legales para hacer frente a adversarios cada vez más sofisticados.
Un análisis del Instituto de Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de La Plata, Argentina, advierte que la IA y los sistemas autónomos están acelerando la convergencia entre distintas redes criminales. Esta “nivelación tecnológica” da a las OCT capacidades antes reservadas a los actores estatales, al tiempo que llama la atención sobre las sofisticadas operaciones de recopilación de inteligencia que se llevan a cabo desde el extranjero.
“Las OCT corren más rápido que los gobiernos. Sin políticas urgentes de protección de datos sensibles, neuroseguridad y regulación de la inteligencia artificial, las redes criminales seguirán explotando vacíos legales y tecnológicos, dejando a los Estados en desventaja frente a amenazas que evolucionan con rapidez”, alerta a Diálogo Víctor Ruiz, fundador del centro de ciberseguridad SILIKN en México.
El auge de la IA al servicio del crimen
La IA ha dejado de ser un recurso futurista para convertirse en una herramienta real y peligrosa para el crimen. El informe Uso de Inteligencia Artificial por Redes Criminales de Alto Riesgo, publicado en el marco del Programa de Asistencia contra el Crimen Transnacional Organizado Europa-Latinoamérica, EL PACCTO 2.0, subraya que los algoritmos y la automatización están reconfigurando el mapa criminal en la región.
Organizaciones como el Cártel Jalisco Nueva Generación y el Cártel de Sinaloa utilizan IA para planificar rutas de tráfico, optimizando la logística, anticipando riesgos y esquivando controles. Estas soluciones, desarrolladas junto a intermediarios digitales regionales, permiten a los criminales acceder a infraestructuras tecnológicas como servicio.
Es fundamental señalar que la eficacia de estas empresas criminales se ve reforzada directamente por las asociaciones que se extienden a actores extranjeros. China, en particular, desempeña un importante papel facilitador. Las redes chinas de lavado de dinero utilizan plataformas digitales sofisticadas, potencialmente optimizadas con IA, y criptomonedas para procesar grandes sumas de dinero para los cárteles, proporcionando la infraestructura financiera esencial para mantener sus operaciones de alta tecnología.
Además, los cárteles dependen de un flujo constante de precursores químicos procedentes de China para fabricar fentanilo y metanfetamina, utilizando la IA y una logística avanzada para gestionar esta compleja cadena de suministro global. Este comercio de precursores, muy visible, opera con el apoyo tácito del Estado chino, ya que, según señalan los expertos, las empresas químicas chinas suelen anunciarse abiertamente en la web y otras plataformas para promocionar sus paquetes de precursores directamente a los grupos criminales mexicanos.
Aprovechando estas ventajas tecnológicas, el uso de IA en estas redes criminales se extiende a cuatro grandes categorías: económica, sexual, política-ideológica y terrorista. Van desde fraudes y extorsiones hasta manipulación social, propaganda y sabotaje. De esta forma, señala el informe, los cárteles automatizan la estafa y el terrorismo priorizando la propaganda digital.
Además, los criminales emplean algoritmos para detectar y reclutar a menores vulnerables, especialmente adolescentes sin supervisión adulta, atrayéndolos con promesas de éxito y pertenencia.
Biometría: el oro digital del crimen organizado
La biometría se ha convertido en un recurso estratégico para el COT, que explotan sistemas de reconocimiento facial, huellas e iris para robar, intercambiar y comercializar identidades digitales. La magnitud de esta amenaza se ve agravada por el uso generalizado de tecnología de vigilancia extranjera.
Más allá de la amenaza que representan las OCT que explotan las violaciones de datos, la proliferación de sistemas de vigilancia con IA de fabricación china —vendidos por empresas como Huawei, Hikvision y Dahua— en ciudades y proyectos de infraestructura de Latinoamérica introduce un riesgo significativo a nivel estatal. Estos proyectos de “ciudades seguras” integran sistemas de reconocimiento facial y biométricos para la seguridad pública, pero su diseño crea potencialmente puertas traseras y enormes bases de datos centralizadas de información biométrica sensible. Esta infraestructura presenta una doble vulnerabilidad: los datos son un objetivo principal para la explotación por parte de las OCT, y los propios sistemas podrían ser aprovechados por el Estado chino para la recopilación de información, lo que supone un riesgo para la seguridad nacional de los países anfitriones.
Las consecuencias de esta vulnerabilidad digital ya se están manifestando. En El Salvador, más de 5 millones de imágenes faciales y datos personales fueron filtrados en la Internet oscura en 2024, constituyendo una de las mayores brechas biométricas regionales. En Colombia, la Ley 2502 de 2025 tipificó como agravante el uso de la IA en delitos de suplantación de identidad, reflejando la urgencia del problema.
En México, el 13 por ciento de la población ha sido víctima de robo de identidad, un fenómeno agravado por la dificultad para revertir la usurpación de datos biométricos. Las consecuencias suelen ser permanentes, haciendo de la biometría una de las principales vulnerabilidades digitales de la región.
Neurodatos: una doble amenaza
Más allá del robo de identidad tradicional, ha surgido un nuevo y más insidioso foco de atención: los neurodatos. Esta información, extraída de ondas cerebrales durante el sueño o la concentración, permiten crear perfiles cognitivos susceptibles de manipulación, chantaje o control de grupos vulnerables.
Esta amenaza se ve amplificada por las acciones conocidas de actores estatales extranjeros. Recientes denuncias sobre el robo de datos cerebrales de deportistas mediante dispositivos de medición, publicados en septiembre de 2025, revelan una campaña global vinculada a la empresa china BrainCo, respaldada por el Estado. Esto sugiere una campaña estratégica para recopilar datos neuronales con fines militares y de espionaje. Si bien este tipo de recopilación de datos a nivel estatal se centra en información estratégica, sus sofisticadas herramientas y métodos son los que las organizaciones criminales eventualmente buscan replicar o adquirir.
Ruiz advierte sobre el potencial de convergencia: “Aunque actualmente el uso de neurodatos por las OCT es limitado, la integración de inteligencia artificial, biometría y análisis neuronal ofrece un marco que podría explotarse a corto plazo”.
La preocupación se extiende de manera más crítica a militares, policías y personal de inteligencia. En manos de un estado hostil como China o de una OCT, sus datos neuronales podrían ser utilizados para anticipar decisiones bajo presión, convirtiendo los neurodatos en un vector estratégico para desorientar y debilitar la respuesta de las fuerzas de seguridad.
IA en defensa: una carrera tecnológica contra el crimen
No todo el avance tecnológico está del lado de los adversarios. La IA también se ha convertido en un aliado clave para las fuerzas de seguridad latinoamericanas. Permite procesar grandes volúmenes de información, identificar patrones delictivos, prever focos de riesgo y optimizar la respuesta operativa.
La Policía Nacional de Colombia, por ejemplo, implementó un sistema de IA con Amazon Web Services (AWS) que ha reducido un 49 por ciento los tiempos de respuesta y mejorado un 89 por ciento la precisión de predicción, según AWS. A nivel regional, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) ha lanzado la plataforma Safe Cities (ciudades seguras), que utiliza IA y análisis de datos para unificar información sobre seguridad, desarrollo urbano y riesgo social, priorizando estrategias de prevención.
El desafío de la cooperación hemisférica
La lucha contra la doble amenaza de las OCT y las amenazas a nivel estatal requiere más que tecnología: demanda cooperación. Consciente de este reto común, los Estados Unidos apoyan activamente a sus socios regionales para reforzar las defensas digitales. El Comando Sur de los EE. UU. (SOUTHCOM), por ejemplo, promueve programas para fortalecer la ciberdefensa de las fuerzas armadas latinoamericanas mediante entrenamiento conjunto, intercambio de inteligencia y refuerzo de los sistemas de respuesta ante incidentes. Washington mantiene intercambio de datos biométricos con países de la región, mejorando la detección y persecución del crimen digital.
Para Ruiz, “la cooperación técnica y el intercambio de inteligencia cibernética en el hemisferio son clave para anticipar y frenar la explotación ilícita de neurodatos, biometría e IA”.
No obstante, Ruiz subraya que “los acuerdos actuales son limitados y dispersos, lo que dificulta una respuesta conjunta ante delitos digitales transfronterizos, como el robo de información biométrica o ataques a infraestructuras críticas”. Advierte sobre la necesidad de mecanismos de coordinación más integrados, similares a los europeos, que permitan actuar legalmente frente a estas amenazas en constante evolución.
En última instancia, “Estados Unidos sigue siendo el socio estratégico con mayor desarrollo en ciberdefensa e intercambio de inteligencia, vínculo que podría servir de base para una futura política regional de seguridad digital”, concluye Ruiz.
El crimen transnacional en Latinoamérica ha entrado en una nueva era. IA, biometría y neurodatos no solo redefinen la amenaza, sino que, cuando se ven a través del prisma del espionaje sofisticado a nivel estatal, exigen una respuesta colectiva, tecnológica y legal a la altura de un adversario cada vez más sofisticado.



