La política de Pekín con respecto al régimen de Nicolás Maduro y su conflicto con Georgetown, están marcados por la ambigüedad. Ahora, la estatal China Petroleum, manifestó a la dictadura venezolana su interés por apropiarse de las operaciones de Chevron en Venezuela.
Este viene a ser un nuevo capítulo de la prolongada aceptación que Pekín demuestra al autócrata sudamericano, cuya reelección el 28 de julio de 2024 ha sido rechazada incluso por gobiernos que eran sus aliados.
Paradójicamente, China también tienen presencia cada vez más activa en la explotación de los recursos de la vecina Guyana, con la cual Venezuela tiene una prolongada disputa por la reclamación del Esequibo.
Este conflicto ha ido en ascenso, al punto que la Cancillería guyanesa advirtió en un comunicado sobre los planes de Caracas, para emprender una acción militar sobre el referido territorio, de unos 160 000 kilómetros cuadrados. En abril, además, el régimen de Maduro dio a conocer la designación de un militar activo, el Almirante Neil Villamizar Sánchez, para optar a la gobernación de la Guayana Esequiba, un estado creado unilateralmente a través de una ley aprobada por el Parlamento venezolano, dominado por el oficialismo.
Estas decisiones van en contra de una reciente sentencia de la Corte Internacional de Justicia (CIJ). La instancia, donde se dirime el diferendo por el Esequibo, sentenció que Venezuela debía abstenerse de emprender cualquier acción sobre los territorios en disputa.
El silencio de Pekín sobre las acciones de Maduro en su reclamación del Esequibo y la incursión en marzo de un buque de guerra venezolano en la zona económica exclusiva de Guyana se ha interpretado como un apoyo tácito a la posición del régimen venezolano.
A mediados de abril, Guyana rechazó la sugerencia de China de entablar negociaciones amistosas con Caracas para resolver la disputa del Esequibo, subrayando que el asunto estaba ante la CIJ. “Guyana no participará en ninguna discusión sobre asuntos que hayan sido sometidos a la Corte [CIJ]”, afirmó el Ministerio de Relaciones Exteriores de Guyana en un comunicado. China, añadió, “debe mantener una posición de principios y respetar la integridad territorial de Guyana, en lugar de apaciguar las violaciones sistemáticas del derecho internacional por parte de Nicolás Maduro”.
En este contexto, China también participa en la explotación de crudo en las aguas en reclamación. La estatal China National Offshore Oil Corp. (CNOOC), hasta el momento ha invertido más de USD 54 000 millones en multiples proyectos de exploración en el bloque marítimo de Stabroek.
Por lo tanto, el Partido Comunista chino desea sacar el mayor provecho de su relacionamiento con Venezuela y Guyana, explotando la mayor cantidad de recursos en ambos lados de la frontera; aún si esto se traduce en el fortalecimiento económico de la dictadura de Caracas y sus planes de conflicto bélico.
Sin carta democrática
¿Cómo se explica esta actitud del régimen de Pekín? Según el exrepresentante de Venezuela ante la Organización de Naciones Unidas Milos Alcalay, las relaciones de China con los países latinoamericanos se caracteriza por el pragmatismo.
“La presencia de China en Latinoamérica y el Caribe no es ideológica, no se basa en relaciones políticas hacia uno u otro país, como podría ser los casos de Rusia o Irán; sino que es una relación que les permita penetrar el tercer mundo”, explicó a Diálogo.
Esta actitud general, indicó el diplomático, obliga a China a mantener la mayor discreción posible en lo referido al conflicto por la reclamación al territorio Esequibo.
“China no entra en el ámbito de la defensa de la democracia occidental o de la defensa de los principios de democracia y participación ciudadana. Ellos reconocen más una política de Estado, y su versión de política de Estado es reconocer a quien esté conduciendo las riendas del Ejecutivo”, afirmó Alcalay. “Ellos no forman parte de la Carta Democrática Interamericana, no tienen la cláusula democrática que tenemos en MERCOSUR, no tienen una posición de defensa de las elecciones como la tienen los EE. UU. o la Unión Europea. De manera que la relación de China es con el Estado”.
Para la politóloga venezolana María Teresa Romero, los hechos indican que la diplomacia china hacia Venezuela y Guyana no está regida por los principios, sino por los intereses.
En conversación con Diálogo, la experta en relaciones internacionales indicó que esta actitud de Pekín se mantendría hasta que la CIJ emita una sentencia en torno al diferendo.
China ve “posibilidades de que la balanza se incline hacia un lado o hacia el otro. Por eso no quieren quedar mal ni con Guyana ni con Venezuela, porque no tienen certeza; aunque la mayoría de los expertos suponen que la Corte se inclinará hacia Guyana”, remató Romero. “Pero los últimos actos de la dictadura madurista han ido contra las solicitudes de la Corte, de modo que los chinos prefieren mantener esa equidistancia, esa ambigüedad, hasta que la Corte se pronuncie”.
Para la Fundación Andrés Bello, un centro de investigación dedicado al análisis de las relaciones entre China y Latinoamérica, la posición de China es cuestionable. En un informe de diciembre de 2024, la institución señaló que, a pesar de la política de “no intervención” de China en la disputa del Esequibo, las visitas bilaterales de alto nivel entre Pekín y Caracas aumentaron a lo largo de 2024, culminando con la visita a China en diciembre y, más recientemente en abril, de la vicepresidenta nominal Delcy Rodríguez.
“Este acercamiento puede interpretarse como un apoyo implícito” al régimen de Maduro, “una ambigüedad que ha suscitado análisis y debate en diversos círculos diplomáticos”, señaló la institución.