El despliegue de la escuadrilla de drones Rayo Justiciero se ha convertido en el núcleo de la estrategia de la Fuerza Aérea Ecuatoriana (FAE) para desmantelar las redes criminales transnacionales. Al reforzar la vigilancia aérea y asfixiar los corredores logísticos utilizados por el narcotráfico, la minería ilegal y otras economías ilícitas en zonas remotas, estos drones representan un punto de inflexión de alta tecnología en la seguridad nacional.
“Desde una perspectiva operativa, esta escuadrilla permitió cerrar brechas críticas en vigilancia y control territorial que no podían ser cubiertas de manera permanente, segura y eficiente ni por aeronaves tripuladas ni por el patrullaje terrestre”, explicó a Diálogo el Brigadier General Mauro Bedoya Aviles, comandante del Comando de Operaciones Aéreas y Espaciales de la FAE.
Estas plataformas han superado limitaciones tradicionales, proporcionando lo que los analistas militares denominan “vigilancia persistente”, es decir, la capacidad de mantener una cobertura continua sobre grandes extensiones, observación nocturna y operación en entornos de alto riesgo, subrayó el Brig. Gral. Bedoya. El empleo de drones permite una presencia prolongada en corredores sensibles y sobre infraestructura crítica, con menores requerimientos logísticos y operativos que los medios convencionales.
“El uso de sensores ópticos y térmicos mejoró la detección de actividades irregulares en condiciones de baja visibilidad. A ello se suman capacidades de fotogrametría y generación de modelos 2D y 3D, que reforzaron la conciencia situacional al identificar cambios en el terreno y enclaves ilegales”, detalló el Brig. Gral. Bedoya. “La transmisión de información en tiempo real redujo los tiempos de reacción y optimizó el comando y control sin incrementar la presencia física en zonas de riesgo”.
De punto de tránsito a centro global
El reto de Ecuador tiene su origen en su geografía. Situado entre Colombia y Perú, los mayores productores mundiales de cocaína, Ecuador fue considerado durante mucho tiempo como una “isla” de tránsito pacífica. Sin embargo, en los últimos años el país se ha integrado en la cadena de suministro mundial de narcóticos.
El punto de inflexión se produjo en enero de 2024, cuando una ola de violencia coordinada por parte de grupos narcoterroristas llevó al presidente Daniel Noboa a declarar un conflicto armado interno. Esta medida designó a 22 organizaciones criminales transnacionales (OCT) como entidades terroristas, lo que cambió fundamentalmente el papel de la FAE y las Fuerzas Armadas, que pasaron de la defensa externa a la primera línea de la seguridad interna.
A medida que se intensificaba la presión internacional sobre las rutas del Caribe, los cárteles mexicanos y balcánicos se desplazaron hacia la costa pacífica de Ecuador. Guayaquil, el motor económico del país, se ha convertido en el “centro neurálgico” de esta lucha. Los enormes puertos de la ciudad son los principales objetivos de la “contaminación” —la práctica de ocultar toneladas de cocaína dentro de cargamentos legítimos, como las exportaciones de plátanos.
“Estas economías ilícitas requieren control territorial para sostener actividades como el narcotráfico, la minería ilegal y la extorsión”, señaló a France24 Renato Rivera, investigador de la Iniciativa Global contra el Crimen Organizado. Mario Pazmiño, exdirector de Inteligencia de Ecuador, advirtió: “Cuando el crimen organizado entra a un país, permea sus estructuras”.
Esta competencia por la “autopista de la cocaína” ha elevado la tasa de homicidios de Ecuador a una cifra estimada de 50 por cada 100 000 habitantes en 2025. Los grupos terroristas designados como Los Choneros y Los Lobos ya no se limitan a transportar el producto, sino que luchan por la soberanía territorial, utilizando la violencia para financiar sus estructuras.
En respuesta a este aumento, el Estado ecuatoriano estableció a finales de 2023 el Bloque de Seguridad. Este comando estratégico articula al Ministerio de Defensa, al Ministerio del Interior, las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional. Desde enero de 2024, el Bloque ha concentrado sus operaciones en provincias bajo estado de excepción, con patrullajes, controles y redadas orientadas a incautar drogas y armas, y detener a integrantes de grupos criminales. Más recientemente, el Rayo Justiciero sirve como los “ojos en el cielo” de esta fuerza integrada, proporcionando la inteligencia en tiempo real necesaria para llevar a cabo acciones con precisión.
Inteligencia y disuasión
La escuadrilla de drones Rayo Justiciero, activada en septiembre de 2025 y asignada al Comando de Operaciones Aéreas y Espaciales y al Ala de Combate N.º 22 con base en Guayaquil, ya ha llevado a cabo más de 1120 misiones, recuperando la iniciativa frente a las OCT.
“El empleo sostenido de sistemas UAV–UAS permitió identificar patrones recurrentes del crimen transnacional en corredores ilícitos y enclaves de minería ilegal. Entre ellos destacan operaciones nocturnas, apertura gradual de accesos secundarios, expansión progresiva de áreas intervenidas y concentración de actividades en nodos logísticos”, comentó el Brig. Gral. Bedoya.
El análisis de imágenes 2D y 3D revela cambios en el terreno y, gracias a la vigilancia persistente, es posible identificar esquemas de movilidad y ocultamiento. Esta información, integrada con otras fuentes de inteligencia, se traduce en una planificación operativa más precisa y eficaz.
“El impacto del Escuadrón UAV–UAS en la interrupción de rutas aéreas ilícitas se refleja principalmente en la detección temprana, la disuasión y el apoyo al comando y control, más que como un medio de interdicción directa”, subrayó el Brig. Gral. Bedoya, quien destacó también el valor de estas capacidades para la cooperación internacional contra amenazas transnacionales.
Alianzas estratégicas
El éxito de estas operaciones es un testimonio de la determinación interna de Ecuador, reforzada por el apoyo inquebrantable de los países amigos. Los Estados Unidos, por ejemplo, siguen siendo un aliado estratégico fundamental, que proporciona una ayuda crucial en áreas clave: defensa y seguridad, operaciones marítimas conjuntas e intercambio de inteligencia.
La colaboración se consolidó recientemente en septiembre de 2025, cuando el Comando Sur de los EE. UU. (SOUTHCOM) donó sistemas de radar avanzados y firmó un nuevo memorando de acuerdo sobre seguridad de la información de las comunicaciones.
Esta asociación da resultados tangibles. En junio de 2025, por ejemplo, la vigilancia aérea estadounidenses ayudó en una histórica interceptación marítima cerca de las Galápagos, en la que se incautaron más de 2 toneladas de cocaína. La eficacía de esta asociación quedó de manifiesto una vez más a principios de diciembre de 2025, cuando el asesoramiento de las Fuerzas Especiales de los EE. UU. al Ejército Ecuatoriano contribuyó a la incautación de 1,4 toneladas de cocaína.
Desafíos y autosuficiencia
A pesar de los avances, siguen existiendo desafíos en materia de enlaces de comunicación y ciberseguridad, según el Brig. Gral. Bedoya. Sin embargo, la FAE mira hacia un futuro de autosuficiencia con varios de estos sistemas UAV–UAS diseñados y fabricados en el Centro de Investigación y Desarrollo Aeroespacial de la FAE.
“La proyección de la escuadrilla Rayo Justiciero se apoya en el desarrollo tecnológico del Centro de Investigación y Desarrollo de la Fuerza Aérea Ecuatoriana, que consolidó capacidades nacionales para diseñar e integrar drones de despegue y aterrizaje vertical (VTOL) como el prototipo HORUS, orientado a misiones ISR (Inteligencia, Vigilancia y Reconocimiento) y de seguridad interna”, afirmó el Brig. Gral. Bedoya.
Este esfuerzo se complementa con la labor de la Dirección de Industrias de la Fuerza Aérea, que fortalece “una base industrial nacional en sistemas aéreos no tripulados, lo que asegura sostenibilidad operativa, reduce la dependencia externa y posiciona estas capacidades como un componente estratégico para el control del territorio y la respuesta a amenazas emergentes”, concluye el oficial.


