Crisis en Nicaragua favorece intereses militares de Rusia

El interés ruso en Latinoamérica es la expansión militar y las crisis de la región benefician sus intenciones.
Gustavo Arias Retana/Diálogo | 17 enero 2019

Amenazas Transnacionales

Soldados del Ejército nicaragüense conducen tanques de fabricación rusa durante el desfile militar que conmemora el 38.º aniversario de su fundación. La exhibición tuvo lugar en la Plaza Juan Pablo II en Managua, Nicaragua, el 2 de septiembre de 2017. (Foto: Inti Ocon/AFP)

La inestabilidad que vive Nicaragua desde abril de 2018 no es casual. El país centroamericano ya era una de las puertas de entrada de los intereses rusos en la región latinoamericana, pues con la vuelta al poder de Daniel Ortega en 2007 se reactivó una fuerte relación iniciada durante la revolución sandinista y en el primer mandato de Ortega de 1979 a 1990. En un principio, el acercamiento fue vendido a la población como una alianza comercial, pero poco a poco Rusia dejó ver sus intenciones ocultas.

Una mujer nicaragüense huye de la policía antidisturbios que bloquea una calle durante una protesta contra el Gobierno de Daniel Ortega, en Managua, el 23 de septiembre de 2018. (Foto: Inti Ocon/AFP)

Víctor Hugo Tinoco, exembajador de Nicaragua en las Naciones Unidas de 1979 a 1980 y vicecanciller de 1981 a 1990, explica que la alianza entre Ortega y Rusia se vio en un principio como algo natural. El giro que se presentó cerca del 2015 encendió las alertas sobre los intereses militares rusos y las facilidades brindadas por el Estado nicaragüense.

“En un inicio Rusia trató de mantener lazos históricos que había desde la década de los 80, lazos políticos, y darle continuidad porque hay que recordar que el Ejército nicaragüense solo tiene tecnología rusa; hasta cierto punto era normal pensar en una relación”, dijo Tinoco a Diálogo. “Sin embargo, en los últimos años se empezó a hacer un desarrollo hacia una posición de presencia física en términos de actividades de inteligencia, sobre todo para ampliar las capacidades de comunicación con construcciones especiales en algunas zonas de Managua”.

De 2007 a 2014, Rusia apoyó al sector público de Nicaragua con el envío de taxis, autobuses, equipos para la prevención de desastres y trigo. Sin embargo, desde 2015 ese tipo de ayuda dejó de llegar al país centroamericano y fue sustituida por colaboración de corte militar. El caso más polémico fue el de la adquisición de 50 tanques rusos T-72 en 2016.

Luego de los tanques, la prensa nicaragüenses informó que el Gobierno de Ortega compró a Rusia cuatro lanchas patrulleras rápidas, dos barcos misileros y al menos un avión de combate. Ningún oficial –ni ruso ni nicaragüense– confirmó o desmintió a la prensa la compra.

A su vez, en marzo de 2014, Nicaragua –junto a Venezuela, Cuba, y otros pocos países– apoyó la anexión rusa de Crimea. “Agradecemos el constante apoyo de Nicaragua a Rusia en los asuntos de Crimea, Ucrania y Siria debatidos en la Asamblea General de la ONU”, dijo a la prensa Valeri Guerásimov, el jefe del Estado Mayor ruso, durante su encuentro con el General de Brigada del Ejército de Nicaragua Bayardo Rodríguez, jefe del Estado Mayor General de Nicaragua, el 26 de abril de 2017, en el marco de una reunión del Consejo de Seguridad de la ONU.

La redirección de los planes rusos también es evidenciada por la construcción del Centro de Capacitación Antidrogas de Centroamérica, en el sector de Las Colinas, en Managua. La oposición cuestiona el desarrollo del proyecto, financiado por Rusia, pues afirman que se trata de una base rusa de espionaje. Además, hay polémica sobre la construcción de instalaciones en Managua para operar 24 satélites del Sistema Satelital Glonass, el programa más caro de la Agencia Espacial Federal Rusa.

Policías antidisturbios despejan a los periodistas en Plaza El Sol, en Managua, el 15 de diciembre de 2018. La policía nicaragüense ocupó la sede del periódico de oposición Confidencial y de organizaciones civiles y de derechos humanos después de que se les despojó de su estatus legal. (Foto: Inti Ocon/AFP)

¿Qué busca Moscú?

Guillermo Barquero, politólogo de la Universidad de Costa Rica, afirma que lo que sucede en Nicaragua coincide con el principal interés ruso en Latinoamérica: expansión militar, sin importar si se tiene que aliar con mandatarios cuestionados como Ortega o Nicolás Maduro, en Venezuela, quien recibió dos bombarderos supersónicos rusos Tu-160 en diciembre de 2018. “Rusia se mantiene activa en apoyo político y ha decidido realizar inversión militar, energética y tecnológica. Esta última de elevado interés para Rusia”, aseguró Barquero a Diálogo. “En el caso de Latinoamérica, explotar la frágil situación social de Nicaragua y Venezuela le ha servido para crear un enclave donde todo se negocia en la oscuridad”.

Barquero y Tinoco coinciden en que las facilidades para Rusia se multiplican. La crisis que vive Nicaragua, que suma al menos 264 muertos, ha llevado a Ortega al aislamiento internacional. Rusia queda como uno de los pocos aliados al que no le importan las muertes de civiles en la nación centroamericana.

“La Rusia de Putin toma mayor ventaja en la coyuntura actual. Este sin embargo es un proceso lento. Rusia afianzará su estrategia y presencia militar porque Ortega cree que la necesita para mantenerse en el poder. La verdad es que Rusia es de los pocos aliados que hacen caso omiso a las terribles violaciones que sufre el pueblo nicaragüense”, agregó Barquero.

Las autoridades rusas no condenan la actuación del Gobierno de Ortega. Más bien diseminan el discurso del mandatario de que las protestas son orquestadas desde afuera [de Nicaragua] y que tienen carácter golpista.

Cuando los Estados Unidos llevaron el tema de Nicaragua al Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas (ONU) en septiembre de 2018, el diplomático ruso Vasili Nebenzia afirmó que la situación de Nicaragua no era una amenaza a la paz. “Se trata de un ejemplo edificante y triste de la injerencia de una potencia externa y destructora”, dijo apegándose al discurso con el que se ha defendido Ortega durante los últimos meses. En contraposición, los Estados Unidos externaron su preocupación por lo que pasa en Nicaragua e hicieron un llamado para que otras naciones encuentren la verdad.

“El Consejo de Seguridad no puede ser un observador pasivo mientras Nicaragua desciende hacia un Estado fallido, corrupto y dictatorial, porque sabemos a dónde lleva ese camino. Daniel Ortega y Nicolás Maduro están cortados de la misma tela corrupta, los dos son estudiantes de la misma ideología fallida y los dos son dictadores que viven atemorizando a su propio pueblo”, dijo Nikki Haley, entonces embajadora estadounidense ante la ONU, ante el Consejo de Seguridad, en septiembre de 2018.

Con ese panorama y sin soluciones a corto plaza para la crisis que vive Nicaragua, Rusia vuelve a aprovecharse de los problemas de la región para expandir sus tentáculos. A Moscú poco le importan las violaciones contra la ciudadanía; solo le interesa sacar provecho de la situación y Nicaragua tiene todos los ingredientes para dejarlos proceder a placer.

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