La región del Caribe se encuentra en plena aceleración de sus esfuerzos para hacer frente a las crecientes ciberamenazas que afectan su entorno digital. Este fortalecimiento integral abarca la actualización de estrategias nacionales y regionales, la creación de equipos de respuesta a incidentes, y el intercambio de inteligencia para coordinar acciones ante incidentes mayores, a la vez que se promueve activamente la alfabetización digital generalizada.
La Comunidad del Caribe (CARICOM) ha colocado la ciberseguridad y la alfabetización digital como prioridades en su agenda, reconociendo el impacto profundo del cambio tecnológico en la seguridad pública y la vida cotidiana de sus ciudadanos.
“La organización buscará aprovechar el potencial de las tecnologías digitales —incluida la inteligencia artificial— para impulsar el crecimiento económico, fortalecer la seguridad pública y elevar la calidad de vida”, expresó Andrew Holness, primer ministro de Jamaica y presidente de CARICOM, durante la 49.º Reunión Ordinaria de la Conferencia de Jefes de Gobierno de CARICOM, celebrada en Montego Bay, en julio de 2025.
En septiembre, la Unión de Telecomunicaciones del Caribe (CTU) reafirmó que la región cuenta con una estrategia y un plan de acción de ciberseguridad actualizados, elementos clave para anticipar y enfrentar las amenazas digitales. La estrategia enfatiza la mejora en la detección, el intercambio de información y la respuesta coordinada entre los Estados miembros.
Rodney Taylor, secretario general de la CTU, enfatizó la urgencia de este enfoque: “Es necesaria la implementación de equipos de respuesta a incidentes a nivel nacional y regional, donde podamos compartir información sobre amenazas. Lo primero es poder prever la amenaza que se avecina y no esperar a que ésta ocurra”.
Uno de los pilares fundamentales de este avance ha sido el apoyo de los Estados Unidos para el desarrollo de la Estrategia de Resiliencia Cibernética CARICOM 2030, lanzada en marzo de 2024. Esta estrategia apunta a empoderar tanto a nivel individual como colectivo, permitiendo que cada nación fortalezca sus defensas digitales según su contexto, al tiempo que se beneficia del conocimiento y recursos compartidos regionalmente.
Según Joseph Cox, secretario general asistente de CARICOM, “esta estrategia es crucial para la seguridad y la estabilidad de los Pequeños Estados Insulares en Desarrollo (PEID) de CARICOM debido a su vulnerabilidad a las ciberamenazas y desastres naturales. Los PEID suelen contar con recursos y capacidades limitadas para combatir los ciberataques, lo que los hace más susceptibles a interrupciones en infraestructuras críticas como el agua y la electricidad, sistemas financieros y servicios esenciales”.
Nicole D. Theriot, embajadora de los EE. UU. en Guyana, también destacó el apoyo de los EE. UU.: “Al invertir en ciber-resiliencia, CARICOM puede mitigar los efectos adversos de las ciberamenazas, fortalecer su capacidad de respuesta eficaz ante incidentes cibernéticos y fomentar una mayor confianza en el ecosistema digital. Juntas, nuestras organizaciones buscan priorizar la inversión, la innovación y la cooperación para construir ciberdefensas resilientes y salvaguardar el futuro digital de la región del Caribe”.
La estrategia busca robustecer los marcos jurídicos, regulatorios y de confianza, además de fortalecer relaciones internacionales. Fue elaborada con la participación de más de 200 actores clave de los Estados miembros y asociados, y se encuentra próxima a ser adoptada como marco regional de defensa cibernética colectiva.
El plan se estructura en seis pilares estratégicos: gobernanza madura en CARICOM; gestión del capital humano; concientización pública y alfabetización cibernética; defensa de la información e infraestructuras críticas; armonización de leyes y cooperación regulatoria.
El enfoque en estos puntos es fundamental, considerando la doble exposición del Caribe a las amenazas cibernéticas y a las redes de crimen organizado. Erich Zschaeck, experto en ciberseguridad y académico de Ciberseguridad en la Universidad Adolfo Ibáñez, en Chile, explica a Diálogo: “La geografía abierta y fragmentada del Caribe, junto con fronteras porosas, archipiélagos dispersos y un alto flujo marítimo, ha facilitado históricamente el movimiento del crimen organizado. Esa misma realidad física y cultural (…) se refleja hoy en el entorno digital”.
El vínculo entre el crimen digital y el régimen venezolano es motivo de gran preocupación. Los expertos regionales sostienen que el Tren de Aragua (TdA) es utilizado por el régimen de Nicolás Maduro como herramienta de guerra asimétrica para desestabilizar a los países vecinos. El TdA ha sabido migrar al ciberespacio, utilizando técnicas como la interceptación y clonación de teléfonos, ingeniería social y análisis de perfiles en redes para identificar víctimas y vulnerabilidades. El TdA, por ejemplo, depende en gran medida de las redes sociales para ejecutar planes de extorsión, atraer a víctimas para la trata de personas y la explotación sexual, y difundir videos de violencia extrema como táctica de guerra psicológica para establecer su control. “No necesariamente buscan el colapso de infraestructuras críticas, sino sostener y expandir sus negocios ilícitos”, añade Zschaeck.
La respuesta regional no solo apunta a políticas y estrategias, sino también a la formación y concientización pública a nivel comunitario. En Kingston, la Embajada de los EE. UU. organizó en mayo de 2025 la Sesión de Concientización sobre Ciberseguridad, con la Comunidad Caribeña de Jubilados, orientada a enseñar a las personas mayores cómo proteger su privacidad y evitar estafas en línea.
De igual forma, el Ministerio de Educación de Jamaica, junto a la OEA, lanzó el Programa Nacional de Capacitación y Certificación en Ciberseguridad para Jóvenes, enfocado en simulaciones y escenarios reales de seguridad digital.
A nivel regional, CARICOM IMPACS y la Organización de Estados del Caribe Oriental implementaron la Campaña de Concientización Pública sobre Ciberseguridad y Ciberdelincuencia, en el marco del Proyecto de Transformación Digital del Caribe, financiado por el Banco Mundial.
En países como Santa Lucía y Dominica, las iniciativas incluyeron talleres, campañas escolares, anuncios públicos, y foros comunitarios, con el objetivo de dotar a la población de herramientas para navegar el mundo digital de manera segura.
El respaldo estadounidense es visto como imprescindible para estos esfuerzos. “Los EE. UU. tienen un rol clave en la seguridad del Caribe, no solo desde la dimensión militar sino también en el fortalecimiento civil y tecnológico”, afirma Zschaeck. Este apoyo incluye compartir conocimientos, metodologías de investigación digital, formación técnica y herramientas de inteligencia para que los países caribeños puedan anticipar y responder mejor a las amenazas emergentes.
En última instancia, al dar prioridad a la colaboración y al empoderamiento de los ciudadanos, el Caribe está construyendo una arquitectura digital resiliente capaz de defenderse de un panorama de amenazas cada vez más complejo.