La trata de personas: un problema que rebasa las fronteras y los géneros

Por Dialogo
julio 22, 2013


El Informe sobre la Trata de Personas, publicado recientemente por el Departamento de Estado de los Estados Unidos se concentra en identificar a las víctimas, una prioridad clave en el movimiento internacional para combatir la trata de personas.



El documento proporciona información detallada sobre entrenamiento y técnicas que permiten que los esfuerzos de identificación resulten exitosos, así como sobre los problemas de una identificación inadecuada.



El informe también destaca las innovaciones y asociaciones dentro y fuera del gobierno que permitirán mejorar los esfuerzos de identificación. De implementarse con éxito, estas innovaciones posibilitarán ofrecer de forma más eficiente servicios a los sobrevivientes, así como acumular datos y análisis para mejorar la respuesta general a la trata de personas, indica el estudio.



A medida que el movimiento para combatir la esclavitud moderna ha venido evolucionando, también ha evolucionado la comprensión de a quienes se puede considerar víctimas de trata de personas. En los primeros años después de la adopción del Protocolo de Palermo, casi todos los casos de trata enjuiciados por los gobiernos tenían que ver con tráfico sexual, y las víctimas identificadas eran principalmente mujeres.



Aunque las cifras actuales sugieren que la mayoría de las víctimas de la trata son ciertamente mujeres y niñas, ha quedado claro que las víctimas de la trata de personas están sujetas tanto al tráfico sexual como a trabajos forzados, y que un porcentaje significativo de las víctimas ahora también son hombres y niños.



A pesar de que hoy se conoce mucho más sobre las víctimas y sus necesidades, encontrarlas continúa siendo un enorme reto. Parte de esta dificultad proviene de la propia naturaleza del delito. Los traficantes constantemente modifican sus tácticas para no ser detectados y operan en zonas de impunidad. Se aprovechan de las poblaciones excluidas: minorías marginalizadas, indocumentados, poblaciones indígenas, pobres y personas con incapacidades, cuyas experiencias y antecedentes a menudo los hace reacios a buscar la ayuda de las autoridades.



Documentos que datan de los años 1890, revelan que las promesas de más oportunidades, mejor vida o una relación afectiva y de apoyo desde hace mucho han hecho que las víctimas caigan en las garras de la explotación. A medida que la tecnología y la globalización permiten que el mundo esté cada vez más interconectado, las posibilidades de los traficantes de reclutar y explotar a sus víctimas también se han intensificado.



Se encuentran víctimas de trabajo forzado en casi todos los ambientes laborales o industrias imaginables, incluidos en casas privadas, fábricas, restaurantes, hogares para cuidados de ancianos e instalaciones médicas, hoteles, trabajos domésticos, cuidado de niños, agricultura, construcción y jardinería, procesamiento de alimentos, empaque de productos cárnicos, y servicios de limpieza.



En la mayoría de los países, los servicios domésticos siguen teniendo poca o ninguna supervisión o regulación gubernamental. Y aunque por definición la trata de personas no requiere del cruce de fronteras, los trabajadores migratorios, entre ellos muchas mujeres que buscan nuevas oportunidades, continúan en especial riesgo.



Aunque algunos de los retos para la identificación de víctimas se pueden atribuir a la naturaleza de este delito, sus victimarios y sus víctimas, los gobiernos tienen la responsabilidad de identificar a las víctimas. En todas las regiones, los gobiernos que hace una década insistían en que el delito de trata de personas no se cometía en sus jurisdicciones, ahora están identificando y ayudando a las víctimas y juzgando a los traficantes de forma enérgica. Estos gobiernos están adoptando estructuras modernas contra la trata y apoyando la voluntad política para aplicar esas medidas de manera también enérgica.






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