Preparación de los equipos de alto rendimiento bajo situaciones de estrés

Preparation of high performance teams under stress

Por Dialogo
noviembre 19, 2013



El cerebro humano es el dispositivo más complejo del que se tiene conocimiento. Se supo más del cerebro en los últimos cinco años que durante la existencia de la civilización.
Es el encargado de administrar todas nuestras actividades vitales. A lo largo de la evolución de la raza humana, este órgano duplicó su tamaño. Aunque pesa menos de 1,5 kg, consume un quinto de la energía del cuerpo. Durante millones de años, el cerebro ha evolucionado y recibido otros anexos y conexiones a su estructura inicial.
La parte más primitiva es el tronco encefálico, que también está presente en los reptiles y otros animales. Nos mantiene vivos y controla funciones vitales como el pulso cardíaco, la digestión, la presión sanguínea y otras cosas que hacemos automáticamente, sin pensar.
Cientos de miles de años después se desarrolló el sistema límbico, donde se encuentran las amígdalas. Pequeñas como almendras, son las que transmiten nuestras reacciones emocionales al cerebro.
Tuve la posibilidad de participar y dirigir durante mucho tiempo la formación de los Comandos, Fuerzas Especiales y Guerreros de la Selva del Ejército de Brasil, donde se prepara a los alumnos para modificar el modo en el que el cerebro reacciona ante el miedo, una de las emociones humanas más simples, primitivas y fuertes. Desde el comienzo, los alumnos son sometidos a una situación de presión psicológica intensa con el objetivo de provocar el caos en sus mentes. El punto es someterlos a una situación de simulación de estrés de combate.
Se observó que la mayoría de los errores en combate están asociados al miedo y al pánico. Siendo así, se deduce que la capacidad de controlar tales impulsos resulta extremadamente importante. Como los militares que frecuentan estos cursos están siendo preparados para las misiones más difíciles, peligrosas y de extremo riesgo, los cursos son extremadamente rigurosos. En consecuencia, el número de candidatos eliminados o desertores es muy alto a lo largo del proceso de selección y formación.
Normalmente, los alumnos que terminan demuestran más capacidad de adaptar su forma de pensar a las exigencias de las actividades y a las respectivas presiones. Los alumnos que llegan al final no siempre son los alumnos con mejor preparación física. Candidatos con las mejores marcas en natación, pentatlón, atletismo, así como medallistas de otros deportes, muchas veces desisten durante algunas actividades extenuantes, mientras que personas con un rendimiento físico más bien promedio mantienen la determinación de seguir en el entrenamiento, que incluye situaciones extremas de frío, dolor, hambre, sed, sueño, y finalmente lo terminan.
Las amígdalas tienden a llevar instintivamente a un estado de pánico cuando se está de cara a situaciones de miedo. Estas envían señales al tronco encefálico usando sus conexiones. Siempre que el miedo esté presente, la ansiedad se manifestará en su máxima expresión, ya sea mediante manifestaciones físicas, o psíquicas. A partir de allí, se pueden manifestar varias reacciones en el organismo, entre ellas las siguientes: taquicardia, respiración acelerada, sudor, escalofríos, temblores, boca seca, vértigo, hormigueo en los pies y las manos, entre otras.
El entrenamiento de lucha contra terrorismo de las Fuerzas Especiales se realiza bajo presión. Se entrena a los alumnos para identificar los blancos con precisión y para realizar un disparo cuando es necesario, controlando los impulsos de estrés enviados por las amígdalas.
El entrenamiento es gradual. En la fase final, se puede dar el incremento de otras variantes, como gas lacrimógeno en el recinto, entrenamientos con máscaras y poca visibilidad. Algunos entrenadores o integrantes de los equipos se mezclan con los blancos y la ejecución es al azar, lo que exige más atención, porque no hay tolerancia para errores. Algunas veces, la reacción correcta es rápida y letal, otras, es solo la identificación del rehén y el control del impulso de disparar.
La preparación para el combate cuerpo a cuerpo es otro evento en el que los alumnos aprenden a controlar sus reacciones y ponen a prueba su rusticidad, resistencia y agresividad bajo situaciones de estrés extremo. En la fase final de esta actividad, se lleva a los alumnos a una situación de extenuación, y deben identificar instantáneamente cuál es la amenaza a la que están siendo sometidos, para aplicar vigorosamente la técnica adecuada de defensa. El control de la agresividad, el cansancio y la corrección de los movimientos forman parte de la evaluación.
Otra actividad en la que el alumno es sometido intensamente a entrenamientos exhaustivos es el paracaidismo, porque debe contrariar el instinto de conservación, para saltar al vacío. El sistema busca automatizar procedimientos y reacciones posibles para las diferentes emergencias a las que el paracaidista pueda verse expuesto. En estos casos, el tiempo que el militar tiene para salvar su vida es mínimo. Cualquier duda en tomar una decisión por culpa del miedo puede ser fatal.
Esta lapidación de la reacción de los combatientes solo es posible porque la corteza frontal, otra parte del cerebro humano, también procesa el miedo. La corteza evidencia una mayor evolución humana y surge después de las amígdalas. Es la capa externa del cerebro, fina y arrugada, que puede llegar a ser cuatro veces más grande que la de los otros primates.
Se descubrió que la información de nuestros sentidos llega a las amígdalas con el doble de la velocidad que demora en llegar a los lóbulos frontales. La diferencia en la velocidad de las señales significa que sabemos reaccionar instintivamente a una amenaza, porque de lo contrario, nos paralizaríamos de miedo esperando que los lóbulos frontales decidan cuál es la reacción correcta.
Detrás del miedo y del pánico está lo desconocido, el no saber qué hacer. El cerebro se paraliza, como se paraliza un yacaré cuando ve el haz de luz de una linterna. Las amígdalas pueden enviar señales de miedo muy veloces, aunque no siempre correctas. En cuanto uno nota que una situación no corresponde a una amenaza, la vuelta a la calma se da de forma natural.
El objetivo de este tipo de entrenamiento consiste en controlar las señales emitidas por las amígdalas a través del lóbulo frontal, es decir, de forma racional. Se aprende a minimizar el retardo en las reacciones en una situación de estrés, generando movimientos o comportamientos instantáneos.
El siglo XXI ya se caracteriza por el gran crecimiento en el uso de Fuerzas de Operaciones Especiales, razón por la que los tres principales centros de formación de esos recursos humanos en Brasil (el Centro de Instrucción de Operaciones Especiales, el Centro de Instrucción de Paracaidistas y el Centro de Instrucción de Guerra en la Selva) están en constante búsqueda de excelencia en la instrucción y perfeccionamiento de los procesos de enseñanza.
En los módulos de buzo de entrenamiento de las Fuerzas Especiales se aprende a controlar el miedo a no poder respirar. A lo largo de su evolución, el ser humano fue programado para temer una situación bajo el agua. Por eso es necesario mucho autocontrol para contener el impulso de emerger para respirar.
Los alumnos reciben una preparación gradual para realizar tareas subacuáticas complejas. Inicialmente se realizan fuera del agua y sin tiempo, y eventualmente pasan a enfrentar situaciones críticas, totalmente inmersos. Son sometidos a actividades planificadas dirigidas por un instructor que les interrumpe el flujo de aire de diversas formas, escondiendo las válvulas reguladoras, promoviendo piruetas, arrancando la máscara y dándonos sus equipos en ataques continuos que pueden tomar más de quince minutos, mientras sus reacciones son evaluadas y observadas.
El alumno ansioso aumenta rápidamente su consumo de oxígeno, reduciendo así su capacidad de razonar y el tiempo disponible para solucionar los problemas. Dependiendo de su desempeño, el alumno puede llegar a pasar la mitad del tiempo sin aire. Por más que hayan aprendido y estén capacitados para hacer tal cosa fuera del agua, practicar en estas condiciones es extremadamente difícil y reprueban aquellos alumnos que no aprenden a lidiar con el estrés en esas condiciones.
Cuando el alumno comienza a quedarse sin aire, sus amígdalas accionan el “botón” de pánico, que lo impulsa a emerger. La corteza cerebral debe controlar ese impulso para que el combatiente siga en estado de autocontrol. En ese proceso, el estudiante tiene que aguantar la respiración mucho más de lo normal mientras el equipo de instrucción evalúa sus comportamientos.
Los impulsos nerviosos emitidos por el cerebro se trasladan a más de 400 kilómetros por hora y, bajo estrés, las amígdalas liberan adrenalina y cortisol al torrente sanguíneo, preparando al organismo para reaccionar ante una emergencia. Estas hormonas aceleran la respiración y el pulso cardíaco, elevan la presión sanguínea, dejan los sentidos más alerta, la memoria más aguda y el cuerpo menos sensible al dolor, y aun así, esta prueba de competencias subacuáticas es muy difícil. El principal enemigo del alumno durante este ejercicio es el pánico, que lo lleva a perder el control bajo el agua.
En todas las situaciones antes mencionadas, el control del miedo es fundamental para el éxito en la capacitación.
Al verificar entre los alumnos que finalizan esta capacitación, se observó que casi todos miden su comportamiento usando cuatro herramientas mentales que los ayudan a controlar el estrés incluso en las situaciones más extremas:
1. Establecer objetivos intermedios
2. La mentalización
3. El desarrollo de autoestima
4. El control de la respiración
Establecer objetivos ayuda a los lóbulos frontales, que son los supervisores del cerebro. Esto facilita el razonamiento y la planificación. Concentrarse en metas específicas permite que la corteza mantenga las amígdalas bajo control. Los alumnos acostumbran a establecerse plazos simples, tales como: “llegaré hasta el próximo refrigerio”, o “llegaré hasta el próximo tramo”, y así sucesivamente. Lo importante es que se focalicen en esos objetivos intermedios y se mantengan firme en sus convicciones.




Muy bueno. Gracias. Buen articulo, es una realidad bien esclarecida y una explicación cientifica sin rodeos.
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