Ecuador marca el ritmo en operaciones ribereñas antinarcóticos de la región

Ecuador Sets the Regional Pace in Counter Narcotics River Operations

Por Dialogo
septiembre 12, 2012


Los vientos del río Napo soplan en dirección este a través del paisaje ecuatoriano; desde los Andes centrales hacia el puerto de Francisco de Orellana, en El Coca, donde converge con el río Coca y se constituye el principal afluente del río Amazonas en el vecino Perú. En 1541, Gonzalo Pizarro dirigió una expedición de conquistadores españoles a través de sus aguas en busca de oro, pero se encontraron en vez, con la imponente selva amazónica.

Conocido como Jatunyacu en idioma quichua, significa “río grande” por una razón: Representa una principal fuente de vida para las tantas culturas indígenas que habitan el área, además de servir como principal ruta de transporte y comercio que se extiende por el continente sudamericano. Unos 50 a 80 kilómetros al norte de sus aguas, los ríos San Miguel y Putumayo, que también alimentan al Amazonas, fluyen paralelos al Napo, pero estos dos bordean parte de la frontera de 728 kilómetros entre Colombia y Ecuador, en una zona de fácil acceso, donde la presencia y el control del Estado eran prácticamente nulos.

En el año 2000, de hecho, había menos de 2.000 tropas ecuatorianas que operaban en la región norte del país bajo diversos comandos, según datos del Grupo Militar de la Misión del Ejército de los Estados Unidos en Ecuador. Se trataba de un territorio donde primaban las plantaciones de coca y los campamentos armados de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) existían con total impunidad. Su ubicación estratégica ecuatorial junto al océano Pacífico hacia el oeste y su convergencia hacia dos importantes zonas productoras de cocaína en el resto de su circunferencia lo convierte en un país atractivo para el tránsito de narcotraficantes y las tantas actividades ilegales que derivan de este flagelo, como por ejemplo el crimen organizado transnacional, daños ambientales y violaciones a los derechos humanos.

No obstante, hoy en día este panorama está vislumbrando un horizonte más esperanzador. Las Fuerzas Militares ecuatorianas han reforzado su presencia en la zona gracias a una inversión de US$ 3 mil millones que el gobierno nacional ha destinado a infraestructura, equipamiento, vehículos, embarcaciones y mantenimiento de tropas en el área. Desde entonces, se estableció una fuerza de 11.000 efectivos para que operen a lo largo de la frontera septentrional, bajo las órdenes del Comando de Operaciones Norte N°1 (OPCMD 1N), manifestó el oficial técnico jefe del Ejército estadounidense Ricardo Márquez, administrador del programa ribereño e ingeniero de vehículos acuáticos de la misión castrense de los Estados Unidos.

Durante la visita de Diálogo en agosto de 2012 a la Brigada de Selva 19 “Napo” en El Coca, el General de Brigada Celso Andrade, comandante de la IV División “Amazonas” del Ejército Ecuatoriano (IV-DIV), explicó que las Fuerzas Armadas ecuatorianas restablecieron su enfoque desde las fronteras orientales y boreales que limitan con Perú hacia la frontera septentrional con Colombia en 2005. “Definitivamente, nuestra frontera es permeable. Varios ciudadanos colombianos [vinculados con las FARC] cruzan la frontera para ser parte de las redes de apoyo a los sistemas logísticos de las FARC”, expresó. Con el apoyo agregado de la zona, trabajan estrechamente con sus homólogos colombianos para controlar los efectos propiciados por compartir una frontera de tan fácil acceso.

Además, gracias a un apoyo adicional de US$ 100 millones otorgado por los Estados Unidos en los últimos doce años también ayudaron a que las Fuerzas Armadas del país reforzaran y extendieran el control de su soberanía y seguridad nacional a lo largo de la frontera norte, así como también luchar con mano dura contra el narcotráfico. Específicamente, los Estados Unidos han apoyado al programa ribereño de las Fuerzas Armadas ecuatorianas a través de un enfoque integral destinado a la compra de equipamiento individual, vehículos tácticos, embarcaciones tácticas fluviales, proyectos de infraestructura, logística, operaciones, mantenimiento y entrenamiento fluvial y táctico.

El programa ribereño antinarcóticos se rige a partir del Programa Antinarcóticos de las Fuerzas Armadas Ecuatorianas y su ejecución está a cargo del Grupo Militar de los Estados Unidos en Ecuador, que cuenta con el apoyo del Comando Sur de los EE. UU. en Miami, Florida. Como parte del programa, hay 52 embarcaciones (con sus respectivos elementos de mantenimiento, actualización, servicios de suministro y cursos de entrenamiento) encallados en distintas localidades de la frontera norte, como por ejemplo la “Amazonas” IV-DIV en El Coca, el 55° Destacamento Selvático en Putumayo, el 53° Grupo de Fuerzas Especiales de Lago Agrio, el 56° Batallón Selvático de Santa Cecilia y el Batallón de Infantería de Marina en San Lorenzo, que tienen como finalidad navegar y patrullar las aguas de los ríos Napo, Coca, Putumayo y San Miguel, en apoyo a operaciones antidrogas contra grupos armados ilegales como las FARC, en especial contra su Frente 48.

Las embarcaciones de patrullaje están diseñadas para trasladar a una tripulación de entre ocho y 12 soldados especializados en ejecutar operaciones para proteger la seguridad de la población y la soberanía de su país a lo largo de aguas ecuatorianas.

El Capitán Oscar Abad, perteneciente a la Escuela de Selva y Contrainsurgencia del Ejército Ecuatoriano, explicó a Diálogo que siete miembros de tripulación altamente armados y equipados tripulan cada bote durante una determinada misión de patrullaje: tres a cada lado, listos para disparar. Y un maquinista que maneja la ametralladora calibre 50, estratégicamente ubicada en el timón de cada embarcación. “Todos los miembros están entrenados con las mismas capacidades para así estar listos para reemplazar a algún miembro que no pueda operar en caso de emergencia o ataque”, explicó. Además, agregó que cada misión requiere el despliegue de cuatro embarcaciones al mismo tiempo para poder ejecutar búsquedas y realizar acciones.

Los modelos de las embarcaciones fueron diseñados o actualizados para llevar motores propulsores dentro de borda de bajo calado para facilitar el acceso a través de cursos de agua poco profundos y sinuosos, que suelen arrastrar desechos, como por ejemplo basura, troncos, raíces, follaje, etc.

Ecuador es solo uno de los países que en los últimos años estableció una presencia militar sólida en sus vías fluviales y que subsecuentemente tuvo que enfrentarse al narcotráfico. Belice, Guatemala, Honduras y Panamá están realizando los mismos esfuerzos. Es por esta razón que los representantes de las fuerzas militares y de defensa pública de dichos países visitaron El Coca en agosto de 2012: para observar una demostración de los logros de las Fuerzas Armadas ecuatorianas en este respecto.

Durante el evento, el Coronel E. Acosta del Ejército ecuatoriano, comandante de la Brigada de Selva 19 “Napo”, dijo a Diálogo que “es muy importante ser pioneros regionales en este tipo de operaciones. Es importante que nuestros vecinos y naciones amigas visiten nuestras instalaciones y vean lo que hacemos, ya que nos permite intercambiar información y convertirnos en mejores profesionales en esta lucha común”.

El Comandante Efraín Mann de la Marina hondureña explicó que Honduras ha establecido un programa ribereño propio. “Empleamos embarcaciones con motores turbopropulsores fuera de borda [que funcionan mejor en aguas profundas], por lo cual estamos interesados en evaluar la posibilidad de incorporar la misma clase de embarcaciones en nuestros ríos”.

Por su parte, el Mayor Charlton Roches de la Fuerza de Defensa de Belice comentó a Diálogo que pronto Belice también recibirá dos embarcaciones modelo “Pantano” para utilizar en su programa ribereño. “Necesitamos comprender claramente cómo se emplean estas embarcaciones: sus puntos fuertes y débiles”, explicó. “Más que combatir el crimen organizado transnacional, como lo hacen otros países, el enfoque de las operaciones ribereñas de Belice se concentra en el tránsito local de marihuana”, agregó el May. Roches.

Según información de las Fuerzas Armadas de Ecuador, como resultado del exitoso programa de dicho país sudamericano, se pudo erradicar a los campamentos armados permanentes de las FARC en la zona limítrofe septentrional, ya que no pueden seguir operando con impunidad. Lograron reducir sus refugios – anteriormente seguros – a simples cruces en pequeños grupos desarmados.

Además, los campos de la agrupación rebelde colombiana, establecidos para descanso y esparcimiento de sus tropas, se pudieron reducir notablemente, las plantaciones de coca casi no existen en la zona fronteriza norte y, como frutilla del postre, el Gral. de Brig. Andrade manifestó que “las Fuerzas Militares colombianas y ecuatorianas han establecido una relación positiva y cooperativa que nos permite intercambiar información, inteligencia y apoyo recíprocos mediante reuniones de coordinación habituales que tienen como objetivo enfrentar al narcotráfico de forma conjunta”.



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