Colombia espera que conversaciones de paz con las FARC atraigan también a otros combatientes

Por Dialogo
noviembre 15, 2012



BOGOTÁ — El grupo rebelde más grande de Colombia está listo para comenzar conversaciones de paz cara a cara con los negociadores del Gobierno en Cuba el 19 de noviembre: un primer paso para lograr que las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), con 8.000 combatientes, se desmovilicen. El Gobierno del presidente Juan Manuel Santos espera que otros grupos guerrilleros también puedan ser atraídos hacia las negociaciones pacíficas.
Un trágico recordatorio llegó el 24 de octubre, cuando un adolescente lanzó una granada en la cafetería de un supermercado en la ciudad colombiana de Santa Marta, al norte el país. La explosión mató a tres personas, entre ellas a una niña de 6 años, e hirió a 44.
Las autoridades afirman que fue el trabajo de Los Urabeños, una banda de narcotraficantes, conformada por ex combatientes paramilitares que alguna vez pelearon contra las FARC. Los Urabeños y otros grupos criminales también ganan millones extorsionando a empresas colombianas. El alcalde de Santa Marta, Carlos Caicedo, sostuvo que el dueño del supermercado donde se produjo el ataque el 24 de octubre fue probablemente escogido como blanco por negarse a pagar una extorsión.
“Si las FARC se desmovilizan y el Gobierno no logra recuperar el control de las zonas de los ex rebeldes, Los Urabeños podrían tomar rápidamente estos territorios", indicó León Valencia, ex miembro del Ejército de Liberación Nacional (ELN).
El ELN, fundado en la década de 1960, al igual que las FARC, tiene quizás 3.000 combatientes, según el oficial de enlace colombiano en el Comando Sur de Estados Unidos, coronel del Ejército Jorge H. Romero. El ELN está en conversaciones preliminares con el Gobierno para unirse a las negociaciones de La Habana, pero por ahora sus miembros siguen en pie de guerra.
León Valencia, quien ahora dirige el centro de estudios Nuevo Arco Iris de Bogotá, señaló que él y otros rebeldes, que habían formado una facción disidente del ELN, accedieron a deponer las armas en la década de 1980. Poco después, agregó, las FARC y grupos paramilitares ocuparon su bastión de Montes de María en las montañas del norte de Colombia.
Del mismo modo, cuando los grupos paramilitares de Colombia se desmovilizaron a mediados de la década del 2000, las áreas habían estado bajo su dominio fueron tomadas por las FARC y bandas criminales como Los Urabeños.
"La historia de las negociaciones anteriores es que los territorios abandonados por los rebeldes o paramilitares han sido ocupados por otros actores armados", expresó Valencia. "En lugar de reducir la violencia, la guerra se expandió".

¿Lecciones de América Central?

Un escenario similar se presentó en América Central. Tras las guerras civiles de la década de 1980 que convirtieron a las zonas rurales en campos de matanza, la violencia política dio lugar al caos criminal a medida que las bandas de tráfico de drogas, entre ellas algunas guerrillas desmovilizadas, se extendieron a las villas de emergencia de Ciudad de Guatemala, Tegucigalpa, San Salvador y otras principales ciudades.
En la actualidad, la región es sede de unas 900 pandillas o maras, con 70.000 miembros, según un informe reciente de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE). La violencia relacionada con las drogas ha hecho que El Salvador, Guatemala y Honduras tengan unas de las tasas de homicidio más altas del mundo, indicó la JIFE.
Valencia sugirió que si las conversaciones de paz con ambos grupos rebeldes avanzan, el Gobierno debería considerar que los combatientes desmovilizados de las FARC y el ELN se unan a las fuerzas de Policía locales en las áreas donde solían operar, para evitar que nuevos grupos armados se instalen allí.
El ministro de Defensa colombiano Juan Carlos Pinzón estimó recientemente que las FARC obtienen entre $2.400 millones y $3.500 millones anuales en ganancias de la droga. Otras estimaciones son mucho más pequeñas, pero aún así, el señuelo de las ganancias de la droga podría convencer a algunos frentes de las FARC y a los comandantes de nivel medio de permanecer en la selva.
El tema del narcotráfico es uno de cinco puntos de la mesa de negociaciones en La Habana. Pero las FARC participan en muchas otras actividades delictivas, incluyendo la minería ilegal del oro.
Una investigación reciente del periódico El Colombiano de Medellín encontró que las FARC cobran entre $1.600 y $2.750 dólares por cada pieza de equipo pesado que los mineros llevan a las zonas bajo control de la guerrilla en el Departamento de Antioquia. Los rebeldes también aplican impuestos sobre la gasolina transportada hacia estas regiones y exigen el 10% de todas las utilidades de la minería, informó el diario.

Autoridades esperan que combatientes depongan las armas

"A pesar de sus raíces en la retórica marxista de lucha de clases y el levantamiento popular, la cohesión política de las FARC se ha erosionado debido a su participación en actividades delictivas como el tráfico de drogas", señaló un análisis reciente de Insight Crime, un centro de estudios de Bogotá que rastrea la delincuencia en América Latina. "La integridad política de las FARC también se cree que ha sido afectada por la pérdida de varios miembros del Secretariado de la organización, muchos de los cuales, como Alfonso Cano, eran considerados pesos pesados ideológicos".
Otros analistas insisten en que las FARC siguen siendo una organización jerárquica militar y que si las órdenes de desmovilizarse provienen de los altos mandos, la gran mayoría de los miembros rasos del grupo depondrán sus armas.
Álvaro Jiménez, quien dirige una organización colombiana que presiona contra el uso de minas terrestres, afirma que el liderazgo de las FARC tiene un fuerte interés en asegurarse de que todas sus unidades se desarmen, tanto por razones históricas como para ganar credibilidad entre el público a medida que la organización intenta transformarse en un partido político legal.
Aún si hay algunos programas establecidos para ayudar a la transición a la vida civil de los combatientes desmovilizados, muchos de ellos podrían acabar siendo reclutados por Los Urabeños y otras bandas criminales.
El analista político bogotano Ariel Ávila estima que entre las FARC y el ELN, unos 30.000 rebeldes podrían terminar desmovilizándose bajo un tratado de paz. Como resultado, sostuvo, "lograr la reinserción exitosa de ex combatientes a la vida civil es un gran problema".
Unos dicen que son 30.000, otros que 10.000, como sea son mas numerosos que cualquier partido político. No me digan que se mide por el numero de votos, porque cuando iban a ganar con la UP, los exterminaron. Por mi parte, que he recorrido Colombia, se que están en toda la geografía nacional, yo creo que deberían tomarlos en serio y dejar de jugar con candela. hablan y hablan de negociaciones y diálogos de paz con el grupo TERRORISTA de las farc, los TERRORISTAS de las farc dicen que solo son unas "victimas" mÁs de el gobierno... "VICTIMAS", hasta donde llega el CINISMO de estos PERSONAJES! CESE AL FUEGO UNILATERAL DICEN LOS TERRORISTAS, PERO CUAL ES ESE CESE AL FUEGO? NO NOS CREAN PENDEJOS, NO MÁS CON ESTA PAYASADA!
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