La influencia virtual de Rusia en Latinoamérica

El interés ruso en Latinoamércia incrementó en 2008 y 2014 como estrategia de distracción de las crisis en Georgia y Ucrania.
Richard Miles, investigador, subdirector del Programa Américas; director de Iniciativas Futuras México-Estados Unidos; Jean Carlos Báez Rosario, pasante, Programa Américas | 22 agosto 2018

Amenazas Transnacionales

Desde la caída de la Unión Soviética en 1991, el interés de la Federación Rusa en Latinoamérica fue disminuyendo de forma constante, salvo por dos incrementos de actividad en 2008 y 2014. Estos eventos se vincularon con la necesidad que habría tenido Rusia de desviar la atención de la crisis en Georgia y Ucrania. Aunque si es por las medidas tradicionales, como el comercio y la inversión, las relaciones diplomáticas y la venta de armas, la tendencia indica que la injerencia rusa es mínima, en comparación con el resto del mundo. No obstante, es posible que Rusia esté aplicando una estrategia de relaciones públicas tipo “villa Potemkin” en la región, a través de cadenas de televisión de habla hispana bajo control estatal y de la manipulación por redes sociales. Irónicamente, esta estrategia no serviría para influir en Latinoamérica, sino para reafirmar y recordarles a los rusos sus días de gloria como potencia mundial. En su defecto, puede que Rusia esté tratando de debilitar las mismas instituciones democráticas tejiendo la discordia entre países amigos. Pero sin influencia real, la influencia virtual no alcanzará para los objetivos de Rusia en el hemisferio. 

El interés de Rusia en Latinoamérica creció abruptamente en 2008 y 2014. (Foto: AFP)

¿Comercio? ¿Qué comercio?

El comercio entre Rusia y Latinoamérica es escaso y representa menos del dos por ciento del total de sus relaciones comerciales con el mundo. Su principal socio comercial es Brasil, con un comercio bilateral total de más de USD 4 millardos en 2016. En ese mismo año, Rusia le compró petróleo a Venezuela por unos USD 1,7 millardos, aunque el flujo comercial con otras empresas latinoamericanas fue bastante reducido. Con México, el comercio anual total de Rusia en el mismo año fue igual al comercio entre México y los Estados Unidos cada 36 horas.

Menos ganancias en inversiones

Aunque los flujos de inversión extranjera directa (IED) en Latinoamérica y el Caribe bajaron en 2016, siguen ascendiendo a USD 167 millardos, con Brasil como principal protagonista al absorber casi la mitad de las inversiones extranjeras en la región. Sin embargo, podría decirse que Rusia desapareció de la batalla. La inversión directa del país en Latinoamérica es tan baja que es difícil medirla. Mientras que el total de los flujos IED de Rusia en el exterior fue de más de USD 27 millardos en 2016, la cantidad invertida en Latinoamérica y el Caribe solo fue de USD 10 millones, lo que representa un 0,0004 por ciento del total internacional de inversiones rusas. Brasil recibió la mayor parte de las inversiones rusas (unos USD 8 millones), mientras que México obtuvo cerca de USD 2 millones. El informe integral de la ONU más reciente sobre flujos IED en la región dedica un capítulo entero a la “influencia de China en crecimiento” pero en ningún momento menciona la presencia de Rusia en Latinoamérica.

El interés de Rusia en Latinoamérica creció abruptamente en 2008 y 2014. (Foto: AFP)

La excepción venezolana

En cierto modo, la única excepción a la regla son los préstamos de Rusia a Venezuela para sostener la industria petrolera del país, en plena decadencia. Desde 2015, Rosneft, la petrolera controlada por el estado ruso, ha otorgado préstamos por USD 10 millardos al sector petrolero venezolano y obtuvo un 49 por ciento de participación en Citgo como colateral parcial. (En 2013, Rosneft también adquirió  un 45 por ciento de participación en TNK-BP de Brasil, así como también un 55 por ciento en PetroRio, en el proyecto Solimões). No obstante, ya que esencialmente se trata de pagos previos respaldados por entregas futuras de petróleo, el dinero de Rosneft no sería una verdadera inversión directa, aunque legisladores en Washington consideran que la participación de Rosneft en Citgo, con sede en los EE. UU., podría ser un riesgo para la seguridad nacional de este país, sobre todo si termina en manos de Rosneft. 

Baja de actividad en la venta de armas

Parte del comercio de Rusia con Latinoamérica incluye la venta de armas. La mayor parte, el 73 por ciento, fue destinada a Venezuela. Entre 1992 y 2017, la venta de armas a Latinoamérica representó el 4 por ciento de la venta de armas de Rusia en el mundo. Sin embargo, hubo incrementos abruptos en 2007 (incluyendo la venta de 100 aviones de combate a Venezuela) y en 2013 (incluidos 123 vehículos blindados para transporte de personal y misiles de tierra-aire a Venezuela). Otros destinatarios fueron México (60 helicópteros de transporte a lo largo de 25 años) y Perú (helicópteros de transporte, aeronaves y repuestos para cazas MiG-29 que vendió Bielorrusia). Luego de la asunción de gobiernos de centro-derecha en Brasil, Argentina y Chile, se suspendió la venta de armas con estos países. En la región, las ventas cayeron de USD 928 millones en 2013 a cero en 2017.

Visitas de alto perfil

El interés de Rusia en Latinoamérica creció abruptamente en 2008 y 2014. (Foto: AFP)

Los compromisos diplomáticos de Rusia en la región parecen ser un poco más importantes que los intereses comerciales o militares. Con 16 visitas presidenciales y 26 ministeriales desde el 2000 (más de dos visitas de alto perfil por año), puede que los países de Latinoamérica atraigan más atención de la que merecen, dado que no hay intereses estratégicos que puedan atraer a Rusia en el área. ¿Cuáles son los países que despiertan más interés? Hay tres: Cuba, Venezuela y Nicaragua, que recibieron más de la mitad de visitas rusas de alto perfil desde el 2000. México recibió solo dos visitas: Vladimir Putin en 2004 y 2012.

El caso venezolano es diferente. Las visitas de funcionarios gubernamentales de alta jerarquía aumentaron considerablemente por Igor Sechin, el primer ejecutivo de Rosneft, con casi tanto -o más- poder e influencia en Rusia que muchos ministros. Se dice que Sechin desarrolló estrechas relaciones personales con la élite política venezolana. 

¿Qué tienen en mente los rusos?

Sin intereses comerciales significativos, escasa venta de armas y compromisos diplomáticos insignificantes, Rusia muestra poco interés en Latinoamérica. No obstante, hay pruebas de que Rusia quiere ejercer influencia en la región sin incurrir en altos costos, principalmente para impresionar a sus propios ciudadanos. Con las redes sociales, un método relativamente económico, Rusia tiene la posibilidad de perjudicar y debilitar las instituciones democráticas. Este enfoque nihilista no busca alcanzar un interés nacional estratégico en Rusia. Pero si alcanza para irritar a los Estados Unidos y poner en tela de juicio la legitimidad de las elecciones en el hemisferio, con eso basta y sobra.

Injerencia en las urnas

El interés de Rusia en Latinoamérica creció abruptamente en 2008 y 2014. (Foto: AFP)

Los rusos demostraron aptitud en el uso de las redes sociales para influir en la opinión pública. Además de los esfuerzos documentados durante las elecciones estadounidenses de 2016,  estuvieron activos en Europa; incluso en una oportunidad utilizaron a Latinoamérica como base virtual. Durante el referéndum catalán de octubre de 2017, se utilizaron bots [rastreadores web] por Twitter para desinformar mediante contenidos creados por las cadenas de televisión Russia Today (RT) y Sputnik News, ambas pertenecientes al aparato de propaganda ruso. Cerca de un tercio de las cuentas bot de Twitter que difundían estos contenidos eran de Venezuela o se autoidentificaban como pro chavistas.

En la región se encendieron las alarmas. En enero de 2018, el exasesor en seguridad nacional estadounidense H.R. Mc Master dijo que desde los Estados Unidos habían notado un “esfuerzo sofisticado para influir en la actual campaña presidencial mexicana”. Según informes de prensa, el Instituto Electoral Nacional de México concluyó que el 65 por ciento de las visitas al sitio web mexicano para votantes en el exterior provenían de computadoras en San Petersburgo, Rusia.

Puede que esto haya sido contraproducente. Fue el mismo Andrés Manuel López Obrador (entonces todavía candidato presidencial mexicano) quien se burló de los primeros informes que decían que los rusos intentaban ayudarlo. Esto desacreditó con éxito las acusaciones, que terminaron por disolverse. Algunos expertos, como David Salvo, de la Fundación Alemana Marshall, creen que se pierde la perspectiva: el objetivo de Rusia no es cambiar los cómputos de las elecciones, sino generar dudas en torno al proceso democrático y la veracidad de la votación en sí misma.

En Brasil, donde aún perduran los recuerdos de la campaña de desinformación masiva a través de las redes sociales durante el juicio político de la expresidenta Dilma Rousseff, el país podría ser vulnerable a posibles injerencias rusas en sus elecciones de octubre. En cuanto a Colombia, un exfuncionario estadounidense informó que los rusos ya estarían difundiendo información falsa en el país. El registro nacional de votantes de Colombia también se convirtió en blanco. Se registraron unos 50 000 ciberataques durante las elecciones que se realizaron en abril. 

El interés de Rusia en Latinoamérica creció abruptamente en 2008 y 2014. (Foto: AFP)

Nostalgia de superpoderes

Analistas rusos como Vladimir Rouvinski, creen que el principal interés de Rusia en Latinoamérica es su proximidad geográfica a los Estados Unidos; es decir, el “extranjero más próximo a los Estados Unidos”. Según su análisis, Rusia busca demostrarles a los legisladores de Washington y al público ruso que puede responder a las “provocaciones” de los EE. UU. en el territorio de la ex Unión Soviética. Por naturaleza, estos tipos de acciones de Rusia son del dominio público o, al menos, están levemente encubiertas. Hay evidencias de que esta estrategia se aplica en el ámbito político a nivel nacional. Dada la cobertura mediática de las visitas diplomáticas o de homenajes conjuntos, el público ruso es más consciente de Latinoamérica que hace una década. Como resultado, si Rusia “perdiera” a Venezuela, significaría otra humillación internacional para Rusia, con lo cual Vladimir Putin sufriría un costo político. Incluso si colapsara Venezuela, los rusos seguirían considerando al país sudamericano un aliado global confiable, una categoría casi inexistente para Rusia.

Subversión tuitera

Otros, como el exfuncionario de Defensa estadounidense Frank Mora, piensan que Rusia tiene objetivos estratégicos subyacentes y oscuros. Su verdadero objetivo es debilitar la confianza en instituciones democráticas occidentales mediante la desacreditación de políticos y del proceso político. Con esto, Moscú no genera el fenómeno, sino que explota tendencias ya existentes en la opinión pública. Recientemente, algunos sondeos en Latinoamérica mostraron que el apoyo a la democracia disminuyó considerablemente, particularmente en México y Brasil, mientras que aumentó el interés por soluciones autoritarias.

Sería ingenuo pensar que Rusia no aprovecharía estas oportunidades para sembrar la discordia dentro y entre las democracias del mundo. Pero a diferencia de China, Rusia no ha logrado invertir en relaciones más profundas en Latinoamérica y que sean perdurables (a excepción de Cuba y Venezuela). Ya sea en el plano comercial, en seguridad o en verdaderos compromisos diplomáticos, Rusia ejerce una influencia casi nula en la región desde hace más de dos décadas. Mientras tanto, las victorias de Rusia a través de las redes sociales –en caso de que ocurran– podrían ser contraproducentes en el corto plazo, aunque básicamente son tan intrascendentes como el tuit promedio.

El interés de Rusia en Latinoamérica creció abruptamente en 2008 y 2014. (Foto: AFP)

 

Este artículo fue publicado originalmente el 9 de mayo de 2018, por el Centro de Estudios Internacionales y Estratégicos en Washington, DC: Caution-https://www.csis.org/analysis/virtual-russian-influence-latin-america 

Richard G. Miles es director de Iniciativas Futuras México-Estados Unidos y subdirector del programa Américas, del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) en Washington, D.C. Jean Carlos Báez Rosario es pasante en el programa Américas del CSIS.

Comentarios es producido por el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), una institución privada exenta de impuestos, que se enfoca en asuntos de política pública internacional. Sus investigaciones son imparciales y públicas. El CSIS no tiene posturas específicas sobre políticas. Por lo tanto, todos los puntos de vista, posturas y conclusiones expresadas en esta publicación son exclusivas del/los autor(es).

 

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