Veladas amenazas en el continente americano

Veiled Threats in the Americas

Por Dialogo
julio 03, 2013


La bandera libanesa está pintada sobre postigos corrugados en una tienda de la zona franca de Maicao, Colombia, donde es común ver imágenes y sonidos medio orientales. La ciudad alberga la mayor comunidad musulmana de Colombia y es una cacofonía de motocicletas, calles congestionadas y generadores estruendosos, cerca del desierto que fronterizo con Venezuela. No obstante, detrás de esta actividad comercial y negocios legítimos, las autoridades dicen que algunos comerciales están financiando ilícitamente a organizaciones terroristas.



Las investigaciones colombianas, junto con acusaciones realizadas por el Departamento del Tesoro de los EE. UU., han hecho que algunos sospechosos abandonen sus tiendas y escapen del país. Aquellos que quedan no pueden creer que amigos y vecinos hayan financiado al terrorismo bajo las sombras de la tercera mezquita más grande del continente americano.



A finales del siglo 20, Maicao era el destino elegido por inmigrantes libaneses que instalaron sus negocios en esta y otras zonas francas, como Ciudad del Este en Paraguay, Foz de Iguazú en Brasil e Iquique en Chile. En 1997, la población musulmana de Maicao, a quienes los locales denominan “turcos”, ya que los primeros inmigrantes arribaron en la época del Imperio Otomano turco, ayudaron a construir la mezquita Omar Ibn Al-Khattab diseñada por el arquitecto iraní Ali Namazi.



La mezquita, rodeada por altas puertas de acero, palmeras y una vegetación exuberante que se extiende hacia la polvorienta calle, se ha convertido en un oasis en la ciudad. Acentuada por el resplandor de sus vitrales bajo una cúpula alta y la luna creciente, el interior de la mezquita es un santuario de paz donde los sunitas de la ciudad van a orar. De igual modo, la comunidad chiita, una minoría estimada en 3.000 musulmanes en Maicao, celebra festivales religiosos en la Husainiyya, una estructura rectangular rodeada de palmeras.



Investigadores colombianos dicen que quienes financian el terrorismo en Maicao están activos, donde los seguidores de la agrupación terrorista libanesa Hezbolá, tienen contacto con su principal benefactor, Irán. En esta compleja conexión hay varios factores en juego. La población de Medio Oriente permite que los grupos islámicos terroristas se mezclen en la sociedad y simpaticen con los lazos culturales y políticos de los locales. Las zonas francas activas con fronteras permeables son paraísos para la venta de productos piratas y el lavado de dinero proveniente del narcotráfico, fuentes de financiación que atraen a grupos terroristas y sus simpatizantes. Por último, Irán ha enriquecido a la región con grandes inversiones y promesas, realizando actividades comunitarias y abriendo o extendiendo 11 puestos diplomáticos en los últimos años, medidas que, según algunos, esconden sus verdaderas intenciones.



En busca de los financistas del terrorismo



La mayoría de los negocios de Maicao se realizan en español, incluso entre comerciantes nacidos en el Líbano. No obstante, investigadores colombianos armados con órdenes judiciales que los habilitan para efectuar escuchas telefónicas en teléfonos celulares de sospechosos de lavado de dinero han notado un común denominador: las conversaciones cambian al árabe cuando se trata de transferencias de dinero del narcotráfico hacia grupos terroristas en el exterior. Los investigadores colombianos están hallando evidencias de que las células que financian al terrorismo en Maicao aún están activas, motivando la violencia del narcotráfico y las redes terroristas que podrían crecer si no son desarticuladas por leyes sólidas y una detección activa.



El investigador colombiano Raúl Salazar trabaja sobre delitos que incluyen el narcotráfico y la financiación del terrorismo en la fiscalía colombiana de Bogotá. En 2008, Salazar ayudó a concluir la Operación Titán, una investigación internacional que duró tres años, mediante la cual cayeron 111 personas involucradas en una red narcotraficante que abarcaba a países, desde Colombia hasta los Estados Unidos, Canadá, Europa y Medio Oriente, incluyendo financiadores de Hezbolá. También indicó que los ciudadanos libaneses en Maicao y las células terroristas en Latinoamérica están utilizando sus vínculos y simpatías culturales para financiar el brazo armado de Hezbolá en el Líbano.



“A pesar de que hablan con lenguajes cifrados, se pueden utilizar [intercepciones] y se puede trabajar sobre eso. Pero los libaneses, las partes más delicadas o sensibles de los delitos que están tratando de coordinar, lo hacen en su idioma”, indicó Salazar. “Parte de las ganancias que obtienen del narcotráfico y del lavado de dinero en Colombia… es enviada hacia el Líbano para apoyo y financiación de Hezbolá y su brazo armado”.



Mauricio Nieto, director de la unidad de investigaciones que se encarga del narcotráfico y del lavado de dinero en la fiscalía, sostiene que existe una fórmula peligrosa mediante la cual los terroristas libaneses financian células que desarrollan un intercambio con guerrilleros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). ““Parte de las ganancias, producto del narcotráfico y todo el lavado de activos que ellos lograban hacia Colombia… debían enviarlo a Líbano para colaborar y financiar el grupo Hezbolá y su parte armada.”, señaló. En vista de esta situación, las FARC podrían beneficiarse con entrenamientos de explosivos realizados por operativos de Hezbolá y un medio para el lavado de dinero, mientras que las células terroristas podrían utilizar las ganancias del narcotráfico para financiar a Hezbolá. Además, la financiación de Hezbolá con dinero del narcotráfico sirve de apoyo a peligrosos carteles de droga en Colombia, lo que genera violencia contra los ciudadanos colombianos.



Colombia cuenta con una amplia gama de instrumentos legales tanto penales como administrativos y financieros que le permiten prevenir, controlar, detectar, investigar y judicializar los actos y actividades asociados al terrorismo, indicó Luis Edmundo Suárez, director de la Unidad de Inteligencia Financiera del ministerio de Hacienda y Crédito Público. Entre estos instrumentos, se incluyen cinco leyes nacionales que se sancionaron a partir de 2000, las cuales ratifican decretos de Naciones Unidas y de la Organización de Estados Americanos contra el terrorismo, además de fortalecer herramientas para la policía e investigadores. Suárez también dijo que Colombia coopera de diversas formas con los Estados Unidos en la investigación del financiamiento al terrorismo, incluyendo el intercambio de inteligencia financiera y asistencia legal recíproca entre las fiscalías de Colombia y los EE. UU.



Salazar agregó que las investigaciones sobre el financiamiento al terrorismo suelen incluir la colaboración con otras naciones más allá de los EE. UU., como por ejemplo Inglaterra, Canadá y países vecinos latinoamericanos. Según Salazar, dichas investigaciones están actualmente vigentes en Maicao y forman parte de un esfuerzo estatal para detener la violencia del narcotráfico y desarticular las células terroristas, con el objetivo de proteger a los ciudadanos colombianos. “Está creciendo a pesar de que [los investigadores] están tratando de golpear esta parte, ellos tienen muchísimas fachadas, colaboran muchísimo entre ellos”, señaló. “Ellos pueden ser como una epidemia, como un virus que está creciendo”.



La conexión iraní



Román Ortiz, académico y director de la consultora DecisivePoint, que trabaja en el campo de seguridad y defensa nacional en Bogotá, advierte que las promesas e inversiones de Irán no representan las oportunidades económicas que les hacen creer a muchos latinoamericanos. Por el contrario, todas tienen un propósito insidioso: evadir sanciones internacionales y construir una red de apoyo al terrorismo.



“No se puede decir simplemente que los fondos iraníes son neutros porque Irán es un país que está violando la legalidad internacional permanentemente”, manifestó Ortiz. “Esta asistencia iraní es solamente un envoltorio. Lo que los iraníes están buscando básicamente es influencia política e influencia estratégica”.



Ortiz explicó que Irán tiene el interés de utilizar el comercio para generar vínculos con los países de la región por dos motivos esenciales. El primero es quebrantar las diversas sanciones impuestas por Naciones Unidas y así continuar con su programa armamentista. Para que ello ocurra, Irán necesita el movimiento libre de fondos, la procuración de tecnologías nucleares y basadas en uranio. El segundo motivo, según explicó el consultor, es establecer una red terrorista de grupos con mentalidades similares en la región, quienes atacarían intereses estadounidenses e israelíes en caso de que las instalaciones nucleares iraníes resulten atacadas.



“Se trata de cosas que beneficiarían a Irán y podrían perjudicar la seguridad internacional”, expresó Stephen Johnson, director del programa para las Américas del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales de Washington D.C. y autor del informe “Iran’s Influence in the Americas” (La influencia iraní en las Américas). Ilan Berman, experto que en octubre de 2012 disertó en un panel sobre la influencia iraní en Latinoamérica, dijo que “lo que está haciendo Irán en la región puede clasificarse como actividades de apoyo, las cuales apoyan a Hezbolá o a otros representantes iraníes a través de transferencias financieras”.










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