La ubicación estratégica de Trinidad y Tobago, cercana a Venezuela y atravesada por rutas del crimen transnacional, ha contribuido a fortalecer la larga colaboración en seguridad entre la nación insular y los Estados Unidos. Esta mayor colaboración tiene como objetivo contener el flujo de drogas, armas y migrantes irregulares provenientes del territorio venezolano. Sin embargo, esta medida ha desencadenado una dura reacción de represalia por parte de Caracas, que optó por suspender acuerdos energéticos con la isla, lo que ha elevado la tensión regional.
Repercusiones energéticas
La crisis diplomática alcanzó su punto álgido a finales de 2025. El 27 de octubre, el venezolano Nicolás Maduro anunció la suspensión de un extenso acuerdo energético con Trinidad y Tobago, abarcando proyectos de gas. Esta drástica medida se produjo tras las acusaciones de Caracas de que Puerto España estaba mostrando una “actitud hostil” y alineándose con la estrategia estadounidense, según informó el diario argentino La Nación.
Euclides Tapia, profesor titular de Relaciones Internacionales en la Universidad de Panamá, considera que esta ruptura responde a una tendencia persistente. Señala que, durante años, “La política venezolana hacia los microestados del Caribe ha buscado influir en sus gobiernos mediante el suministro de gas”. Declaró a Diálogo que la suspensión no es meramente diplomática, sino una represalia directa frente al acercamiento de Trinidad y Tobago con Washington”.
El deterioro diplomático se acentuó aún más el 28 de octubre, cuando la Asamblea Nacional venezolana, controlada por Maduro, declaró persona non grata a la primera ministra de Trinidad y Tobago, Kamla Persad-Bissenar, en respuesta directa al aumento de la cooperación en materia de seguridad entre Puerto España y Washington.
Tapia subraya que, para el régimen de Maduro, cualquier distanciamiento de estos países caribeños reduce su capacidad de influencia. Advierte que la suspensión de los acuerdos de gas demostró cómo “Caracas evalúa medidas que puedan incidir en la economía trinitense” y añade que, para Puerto España, “la cooperación con los EE. UU. representa mayores beneficios estratégicos”.
Crimen transnacional y cooperación estratégica en seguridad

La realidad geopolítica de Trinidad y Tobago justifica la asistencia internacional para maximizar la eficacia de la lucha contra el crimen organizado, cuyas capacidades a menudo superan los recursos nacionales de la isla. Este compromiso compartido con la estabilidad regional es la base de la larga cooperación con los Estados Unidos, formalizada en el marco de la Iniciativa de Seguridad de la Cuenca del Caribe (CBSI). Esta asociación se centra intensamente en la interdicción marítima, la vigilancia costera y la seguridad portuaria.
Funcionarios del régimen venezolano, entre ellos Delcy Rodríguez, criticaron abiertamente la profundización de la colaboración, acusando a los gobiernos de Trinidad y Tobago y Guyana de apoyar los supuestos planes de los Estados Unidos para presionar a Venezuela, informó Infobae.
Trinidad y Tobago es un punto clave en las rutas de tránsito de narcóticos desde Sudamérica, en particular en lo que respecta a las redes que operan desde Venezuela. La Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito identifica las rutas marítimas del sur del Caribe como segmentos críticos dentro de las cadenas del crimen organizado transnacional.
La ONG Transparencia Venezuela alerta sobre la presión que este flujo ilícito ejerce sobre los limitados sistemas de interdicción de la isla. También señala que en 2025 continuaron transitando grandes volúmenes de drogas por territorio venezolano, a pesar de la falta de información pública debido a la opacidad del régimen.
El Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) resalta que estos corredores conectan a organizaciones criminales con redes logísticas globales, generando incrementos en homicidios, corrupción, lavado de dinero y conflictos entre pandillas en todo el Caribe. Tapia enfatiza que “la participación de estructuras venezolanas en redes de narcotráfico ha sido documentada durante años. No se trata de una afirmación especulativa”.
Los esfuerzos de seguridad de la isla han dado resultados a nivel internacional. Por ejemplo, en junio de 2025, una operación conjunta entre la Policía de Trinidad y Tobago (TTPS), la Administración para el Control de Drogas de los EE. UU. (DEA), y el proyecto Seaport Cooperation (SEACOP) de la Unión Europea resultó en la incautación de 1660 kilogramos de cocaína en aguas portuguesas, según reporta Trinidad and Tobago Newsday.
Fortalecimiento institucional y perspectiva regional
La cooperación con los Estados Unidos es continua y multifacética, y se caracteriza por compromisos de alto nivel y un fuerte aumento de las maniobras militares conjuntas durante los últimos meses de 2025.
La intensificación de la cooperación entre los ejércitos comenzó a finales de octubre de 2025, cuando el destructor lanzamisiles estadounidense USS Gravely atracó en Puerto España para realizar cuatro días de entrenamiento conjunto con la Fuerza de Defensa de Trinidad y Tobago (TTDF) y la 22.ª Unidad Expedicionaria de Marines (MEU). A esto le siguió inmediatamente una segunda fase de intensos ejercicios con la 22.ª MEU, del 16 al 21 de noviembre, centrados en operaciones urbanas y costeras.
Demostrando la prioridad estratégica de la alianza, el 25 de noviembre, el General de la Fuerza Aérea de los EE. UU. Dan Caine, jefe del Estado Mayor Conjunto de los EE. UU., visitó Puerto España para reunirse con la primera ministra Persad-Bissessar. La visita se centró en el fortalecimiento de los lazos bilaterales en materia de seguridad, la lucha contra el tráfico ilícito y el refuerzo de la estabilidad regional.
Esta intensa actividad de fin de año siguió a otras actividades, como el ejercicio Tradewinds 2025, patrocinado por el Comando Sur de los EE. UU. (SOUTHCOM). Coorganizado por Trinidad y Tobago a finales de abril, el ejercicio multinacional contó con la participación de miles de militares y personal de seguridad de más de 20 países, y consistió en un amplio entrenamiento en seguridad marítima, operaciones terrestres y respuesta a desastres, además de intercambios técnicos, entre los que se incluyó uno en el que participaron la TTPS y agentes del Departamento de Inmigración y Control de Aduanas de los EE. UU. (ICE) centrado en el tráfico ilegal de armas y la recuperación de pruebas, según indicó el ICE.
Más allá de la colaboración directa en materia de seguridad, la nación insular acogió en abril de 2025 la reunión del Programa de Cooperación entre Latinoamérica, el Caribe y la Unión Europea en Política de Drogas (COPOLAD III), que reunió a 14 países latinoamericanos, caribeños y europeos con el fin de reforzar las políticas de drogas. Además, en 2024, expertos en tráfico marítimo de drogas se reunieron en la nación insular durante un foro organizado por la Comisión Interamericana para el Control del Abuso de Drogas y la Junta Interamericana de Defensa (JID), para debatir las mejores prácticas para la interdicción.
Según Tapia, el reciente deterioro de las relaciones entre Caracas y Puerto España ha llevado a los Estados insulares a examinar con detalle los costos de su dependencia energética y financiera de Venezuela. Explica que varios gobiernos del Caribe consideran que su relación con los Estados Unidos es una parte esencial de su arquitectura de seguridad para reducir presiones derivadas de la política exterior venezolana.
El analista concluye que la revisión de los acuerdos energéticos puede reducir el margen de influencia de Venezuela en la región. Al mismo tiempo, el impulso de iniciativas de cooperación internacional, especialmente con los EE. UU., permite a los países caribeños diversificar sus opciones económicas y fortalecer sus capacidades institucionales, evitando la dependencia de un solo actor volátil.


