Las principales implicaciones de seguridad climática para América Latina: un análisis regional

Top Climate Security Implications for Latin America: A Regional Breakdown

Por Dialogo
diciembre 26, 2014




Entre el 1 y el 12 de diciembre, los líderes mundiales se reunieron en Lima, Perú, para establecer las bases de un acuerdo global sobre el cambio climático. Pero, además de ser el lugar donde se realizó este encuentro internacional de charlas sobre el cambio climático, la región latinoamericana enfrenta importantes amenazas a la seguridad y el desarrollo que no suelen informarse.

El cambio climático es un factor de tensión que se está agravando (y continuará agravándose) y que dificulta los desafíos de desarrollo preexistentes en todos los países de la región. Asimismo, pone a prueba las capacidades de los gobiernos y afecta a la población de distintas formas. Si bien los equipos de desarrollo están prestando mayor atención en este factor de tensión, una dimensión que no es muy discutida es el impacto que tendrán los cambios climáticos y ambientales en la seguridad de los estados en general y, más específicamente, en las operaciones de las fuerzas militares regionales.

A continuación encontrará un análisis subregional (una especie de resumen) de las implicaciones del cambio climático en esta región creciente, dinámica y con cada vez mayor relevancia en el mundo. La recolección de datos se realizó a partir de una evaluación militar conjunta para el Comando Sur de los Estados Unidos (SOUTHCOM). Las categorías geográficas que se presentan a continuación reflejan una estructura comúnmente utilizada en el sector de defensa de los EE. UU.

México y América Central

El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) informó con “mucha confianza” que “se han observado tendencias significativas en precipitaciones y temperaturas en América Central”. Este año, el Ejército de los Estados Unidos realizó una evaluación conjunta con sus colegas de Chile, Colombia, El Salvador y Trinidad y Tobago sobre las implicaciones de defensa que acarrea el cambio climático. En el informe, El Salvador informó “que debido a su ubicación geográfica entre dos océanos, es muy vulnerable a los fenómenos hidrológicos que incluyen lluvias torrenciales, inundaciones y aludes de barro”.

La interacción entre lluvias devastadoras frecuentes, la violencia extrema y las instituciones débiles (especialmente, las que son responsables de ofrecer redes de seguridad social) puede afectar severamente los medios de vida en Centroamérica y posiblemente conduzcan a migraciones episódicas provocadas por el peligro. Los países más grandes y aparentemente más resistentes también son vulnerables. En septiembre de 2014, el huracán Odile fue una de las tantas tormentas de alta intensidad que obligó al Ejército mexicano a mantenerse en alerta para responder a desastres de forma casi permanente.

Según los informes, el poderoso huracán de categoría 3 dejó a 239.000 personas sin electricidad en el estado de Baja California Sur y aproximadamente a 30.000 turistas en refugios provisionales.

Implicaciones de seguridad: Los ejércitos de Centroamérica (especialmente Honduras, El Salvador y Guatemala) posiblemente deberán enfrentar más operaciones de respuesta ante crisis.

Además, el Ejército de los Estados Unidos, que trabaja en conjunto con otras entidades federales como la Oficina de Asistencia para Desastres en el Extranjero de la Agencia de los Esta­dos Unidos para el Desarrollo Internacional , posiblemente continúen (e incluso profundicen) su vieja costumbre de asistir a los países Centroamericanos a través de: 1) el fortalecimiento de sus capacidades de respuesta ante desastres naturales (es decir, el desarrollo de capacidades) y 2) la provisión de apoyo directo de las fuerzas armadas ante situaciones de emergencia (suministros y transporte aéreo).

Además, es posible que las fuerzas armadas regionales se vean obligadas a ampliar e intensificar la planificación y los ejercicios de contingencia para prepararse mejor para salvar y asistir a la población afectada.

La Cuenca del Caribe

Al igual que en los países centroamericanos, los estados del Caribe que la ONU categoriza como Pequeños Estados Insulares en Desarrollo también son muy vulnerables a eventos climáticos extremos, principalmente porque hay grandes poblaciones que viven en la costa y los mecanismos de respuesta ante desastres son relativamente débiles. El Quinto Informe de Evaluación del IPCC confirmó que en el Caribe las temperaturas y los niveles de los mares se están elevando y que los eventos climáticos extremos suceden con más frecuencia. El daño a las infraestructuras esenciales (como puertos y carreteras), de las cuales dependen muchos países del Caribe para facilitar las actividades industriales clave (por ejemplo, la agricultura y el turismo), puede perjudicar el proceso económico de estos países durante muchos años. En países extremadamente frágiles como Haití, es probable que se incremente la migración a países vecinos (por ejemplo, a República Dominicana), incluso si no se producen desastres climáticos graves.

Implicaciones de seguridad: Las fuerzas militares del Caribe que trabajan en apoyo a las autoridades nacionales civiles y a organizaciones como la Agencia de Gestión de Emergencias y Desastres del Caribe posiblemente deban responder a un mayor número de demandas de búsqueda y rescate (SAR, por sus siglas en inglés) y de operaciones de recuperación a raíz de las tormentas intensas. Los ejércitos no solo deberán desarrollar sus capacidades respectivas (por ejemplo, la adquisición de equipos y capacitaciones) para asistir a las comunidades afectadas, sino que también deberán trabajar con organizaciones de defensa regionales, como la Junta Interamericana de Defensa para conseguir recursos, compartir las mejores prácticas y perfeccionar sus especialidades.

Sudamérica – Cono Sur:

Según el IPCC, los cambios en los patrones climáticos afectan negativamente la salud humana en Sudamérica a través de los brotes de enfermedades en áreas que antes no eran endémicas. El informe de SOUTHCOM citado anteriormente indica que existen probabilidades de que Chile enfrente "escasez de agua, problemas de saneamiento en las ciudades costeras y contaminación de los acuíferos subterráneos debido a la intrusión salina”.

En Brasil, una crisis extrema de agua en São Paulo y otras ciudades continúa sin dar tregua. El Atlas hidrográfico urbano de 2011 estimó que “las regiones que satisfacen el 73 por ciento de las necesidades de agua del país podrían enfrentar escasez en la próxima década”.

En junio de 2014, más de 140 ciudades brasileñas habían implementado el racionamiento de agua durante la peor sequía ocurrida en 20 años, en la que algunos vecindarios solo recibían agua una vez cada tres días. Las ciudades afectadas representan aproximadamente 6 millones de personas, la mayoría de las cuales trabaja en la industria agrícola.

Implicaciones de seguridad: Chile continúa en una posición destacada a nivel regional debido a su crecimiento económico sostenido y a la estabilidad relativa lograda en una región conocida por lo contrario. No obstante, la convergencia de impactos provocados por fenómenos climáticos, entre los que se incluyen variaciones en el nivel del mar, el deshiele rápido de los glaciares, incendios forestales y enfermedades infecciosas, podría poner a prueba la tranquilidad interna que Chile ha obtenido con dificultad.

El estrés hídrico de la región puede tener efectos expansivos en todo el mundo, en particular en la industria alimenticia (Brasil es el principal exportador de soja, café, jugo de naranja, azúcar y carne de res a nivel mundial). Brasil, la sexta economía más grande del mundo, continúa experimentando un sólido crecimiento poblacional y su gobierno sigue esforzándose para proveer los bienes comunes prometidos a los ciudadanos.

Es posible que se repitan momentos de agitación social semejantes a los episodios acontecidos antes de la Copa del Mundo de este año, en especial si la sequía continúa castigando al país con mayor densidad poblacional de la región.

Sudamérica – Región ecuatorial:

El reciente secuestro (y la posterior liberación) de un general colombiano de alto rango hace unos meses es un indicador de que la conclusión de la guerra civil más larga del mundo no ha llegado a su fin, a pesar de las continuas negociaciones de paz.

Los desafíos en materia de seguridad abundan en Colombia, debido a una insurgencia detenida pero aún muy activa, organizaciones ilícitas y la aparición de los efectos emergentes del cambio climático. Inundaciones, sequías, incendios forestales y tormentas tropicales son algunos de los impactos informados en la evaluación militar conjunta citada previamente.

La convergencia de estos impactos puede convertirse en una mezcla tóxica que creará inestabilidad en las comunidades rurales y formará un entorno más propicio para el desarrollo del delito y la violencia en la subregión (especialmente en Colombia y Venezuela). La caída en los precios del crudo en Venezuela (de $99 a $69 el barril a partir de junio) y la intensificación de la agitación social son tendencias creadas por el hombre con las que el gobierno de Venezuela debe lidiar. Además de estas tendencias, Venezuela se verá obligada a afrontar hechos naturales episódicos muy perjudiciales, como las lluvias torrenciales que han devastado las comunidades rurales en los últimos años.

Implicaciones de seguridad: Muchas instalaciones militares colombianas sirven de punto de partida para la interdicción y, por lo tanto, se encuentran ubicadas a las orillas de los ríos y en las áreas costeras. El aumento del nivel del mar afectará de manera desproporcionada a estas unidades críticas para las operaciones en contra de la insurgencia y el narcotráfico. Además, también se ejercerá mayor presión sobre los recursos militares, dado que las fuerzas de la región se ven obligadas a adaptar las unidades, instalaciones y operaciones en pos de los cambios ambientales. En Venezuela, se pondrá a prueba la capacidad del gobierno para cumplir las promesas de la Revolución Bolivariana si las condiciones económicas y de seguridad ya graves se exacerban como consecuencia de los impactos naturales antes mencionados.

Socorristas y mediadores

El Banco Mundial informó que: “en 2011, por primera vez en los registros históricos, había en la región [Latinoamérica y el Caribe] mayor cantidad de personas en la clase media que en la pobreza”, pero que después de una década de “una acertada gestión económica con sólido progreso social”, el crecimiento más lento podría ser un indicador de la retracción de los logros obtenidos con tanto esfuerzo.

Las frágiles instituciones que trabajan para satisfacer las expectativas de las poblaciones jóvenes en crecimiento deberán adaptar su cálculo de desarrollo para considerar el cambio climático o enfrentar variadas expresiones persistentes de agitación y tensión social. Los gobiernos también deben tener en cuenta que aunque el cambio climático sea mínimo, sus organizaciones de defensa deberán desempeñar un papel cada vez más importante, tanto de socorristas como de mediadores.

Por lo tanto, mientras fuimos testigos del despliegue de negociaciones internacionales sobre el clima en Lima, es importante que nos detengamos a observar las amenazas de seguridad y los desafíos de desarrollo que afronta Latinoamérica exacerbados por el cambio climático. Esto incluye considerar cómo el cambio climático afectará el rol de los profesionales de seguridad nacional, tanto a nivel civil como militar en la región.



Entre el 1 y el 12 de diciembre, los líderes mundiales se reunieron en Lima, Perú, para establecer las bases de un acuerdo global sobre el cambio climático. Pero, además de ser el lugar donde se realizó este encuentro internacional de charlas sobre el cambio climático, la región latinoamericana enfrenta importantes amenazas a la seguridad y el desarrollo que no suelen informarse.

El cambio climático es un factor de tensión que se está agravando (y continuará agravándose) y que dificulta los desafíos de desarrollo preexistentes en todos los países de la región. Asimismo, pone a prueba las capacidades de los gobiernos y afecta a la población de distintas formas. Si bien los equipos de desarrollo están prestando mayor atención en este factor de tensión, una dimensión que no es muy discutida es el impacto que tendrán los cambios climáticos y ambientales en la seguridad de los estados en general y, más específicamente, en las operaciones de las fuerzas militares regionales.

A continuación encontrará un análisis subregional (una especie de resumen) de las implicaciones del cambio climático en esta región creciente, dinámica y con cada vez mayor relevancia en el mundo. La recolección de datos se realizó a partir de una evaluación militar conjunta para el Comando Sur de los Estados Unidos (SOUTHCOM). Las categorías geográficas que se presentan a continuación reflejan una estructura comúnmente utilizada en el sector de defensa de los EE. UU.

México y América Central

El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) informó con “mucha confianza” que “se han observado tendencias significativas en precipitaciones y temperaturas en América Central”. Este año, el Ejército de los Estados Unidos realizó una evaluación conjunta con sus colegas de Chile, Colombia, El Salvador y Trinidad y Tobago sobre las implicaciones de defensa que acarrea el cambio climático. En el informe, El Salvador informó “que debido a su ubicación geográfica entre dos océanos, es muy vulnerable a los fenómenos hidrológicos que incluyen lluvias torrenciales, inundaciones y aludes de barro”.

La interacción entre lluvias devastadoras frecuentes, la violencia extrema y las instituciones débiles (especialmente, las que son responsables de ofrecer redes de seguridad social) puede afectar severamente los medios de vida en Centroamérica y posiblemente conduzcan a migraciones episódicas provocadas por el peligro. Los países más grandes y aparentemente más resistentes también son vulnerables. En septiembre de 2014, el huracán Odile fue una de las tantas tormentas de alta intensidad que obligó al Ejército mexicano a mantenerse en alerta para responder a desastres de forma casi permanente.

Según los informes, el poderoso huracán de categoría 3 dejó a 239.000 personas sin electricidad en el estado de Baja California Sur y aproximadamente a 30.000 turistas en refugios provisionales.

Implicaciones de seguridad: Los ejércitos de Centroamérica (especialmente Honduras, El Salvador y Guatemala) posiblemente deberán enfrentar más operaciones de respuesta ante crisis.

Además, el Ejército de los Estados Unidos, que trabaja en conjunto con otras entidades federales como la Oficina de Asistencia para Desastres en el Extranjero de la Agencia de los Esta­dos Unidos para el Desarrollo Internacional , posiblemente continúen (e incluso profundicen) su vieja costumbre de asistir a los países Centroamericanos a través de: 1) el fortalecimiento de sus capacidades de respuesta ante desastres naturales (es decir, el desarrollo de capacidades) y 2) la provisión de apoyo directo de las fuerzas armadas ante situaciones de emergencia (suministros y transporte aéreo).

Además, es posible que las fuerzas armadas regionales se vean obligadas a ampliar e intensificar la planificación y los ejercicios de contingencia para prepararse mejor para salvar y asistir a la población afectada.

La Cuenca del Caribe

Al igual que en los países centroamericanos, los estados del Caribe que la ONU categoriza como Pequeños Estados Insulares en Desarrollo también son muy vulnerables a eventos climáticos extremos, principalmente porque hay grandes poblaciones que viven en la costa y los mecanismos de respuesta ante desastres son relativamente débiles. El Quinto Informe de Evaluación del IPCC confirmó que en el Caribe las temperaturas y los niveles de los mares se están elevando y que los eventos climáticos extremos suceden con más frecuencia. El daño a las infraestructuras esenciales (como puertos y carreteras), de las cuales dependen muchos países del Caribe para facilitar las actividades industriales clave (por ejemplo, la agricultura y el turismo), puede perjudicar el proceso económico de estos países durante muchos años. En países extremadamente frágiles como Haití, es probable que se incremente la migración a países vecinos (por ejemplo, a República Dominicana), incluso si no se producen desastres climáticos graves.

Implicaciones de seguridad: Las fuerzas militares del Caribe que trabajan en apoyo a las autoridades nacionales civiles y a organizaciones como la Agencia de Gestión de Emergencias y Desastres del Caribe posiblemente deban responder a un mayor número de demandas de búsqueda y rescate (SAR, por sus siglas en inglés) y de operaciones de recuperación a raíz de las tormentas intensas. Los ejércitos no solo deberán desarrollar sus capacidades respectivas (por ejemplo, la adquisición de equipos y capacitaciones) para asistir a las comunidades afectadas, sino que también deberán trabajar con organizaciones de defensa regionales, como la Junta Interamericana de Defensa para conseguir recursos, compartir las mejores prácticas y perfeccionar sus especialidades.

Sudamérica – Cono Sur:

Según el IPCC, los cambios en los patrones climáticos afectan negativamente la salud humana en Sudamérica a través de los brotes de enfermedades en áreas que antes no eran endémicas. El informe de SOUTHCOM citado anteriormente indica que existen probabilidades de que Chile enfrente "escasez de agua, problemas de saneamiento en las ciudades costeras y contaminación de los acuíferos subterráneos debido a la intrusión salina”.

En Brasil, una crisis extrema de agua en São Paulo y otras ciudades continúa sin dar tregua. El Atlas hidrográfico urbano de 2011 estimó que “las regiones que satisfacen el 73 por ciento de las necesidades de agua del país podrían enfrentar escasez en la próxima década”.

En junio de 2014, más de 140 ciudades brasileñas habían implementado el racionamiento de agua durante la peor sequía ocurrida en 20 años, en la que algunos vecindarios solo recibían agua una vez cada tres días. Las ciudades afectadas representan aproximadamente 6 millones de personas, la mayoría de las cuales trabaja en la industria agrícola.

Implicaciones de seguridad: Chile continúa en una posición destacada a nivel regional debido a su crecimiento económico sostenido y a la estabilidad relativa lograda en una región conocida por lo contrario. No obstante, la convergencia de impactos provocados por fenómenos climáticos, entre los que se incluyen variaciones en el nivel del mar, el deshiele rápido de los glaciares, incendios forestales y enfermedades infecciosas, podría poner a prueba la tranquilidad interna que Chile ha obtenido con dificultad.

El estrés hídrico de la región puede tener efectos expansivos en todo el mundo, en particular en la industria alimenticia (Brasil es el principal exportador de soja, café, jugo de naranja, azúcar y carne de res a nivel mundial). Brasil, la sexta economía más grande del mundo, continúa experimentando un sólido crecimiento poblacional y su gobierno sigue esforzándose para proveer los bienes comunes prometidos a los ciudadanos.

Es posible que se repitan momentos de agitación social semejantes a los episodios acontecidos antes de la Copa del Mundo de este año, en especial si la sequía continúa castigando al país con mayor densidad poblacional de la región.

Sudamérica – Región ecuatorial:

El reciente secuestro (y la posterior liberación) de un general colombiano de alto rango hace unos meses es un indicador de que la conclusión de la guerra civil más larga del mundo no ha llegado a su fin, a pesar de las continuas negociaciones de paz.

Los desafíos en materia de seguridad abundan en Colombia, debido a una insurgencia detenida pero aún muy activa, organizaciones ilícitas y la aparición de los efectos emergentes del cambio climático. Inundaciones, sequías, incendios forestales y tormentas tropicales son algunos de los impactos informados en la evaluación militar conjunta citada previamente.

La convergencia de estos impactos puede convertirse en una mezcla tóxica que creará inestabilidad en las comunidades rurales y formará un entorno más propicio para el desarrollo del delito y la violencia en la subregión (especialmente en Colombia y Venezuela). La caída en los precios del crudo en Venezuela (de $99 a $69 el barril a partir de junio) y la intensificación de la agitación social son tendencias creadas por el hombre con las que el gobierno de Venezuela debe lidiar. Además de estas tendencias, Venezuela se verá obligada a afrontar hechos naturales episódicos muy perjudiciales, como las lluvias torrenciales que han devastado las comunidades rurales en los últimos años.

Implicaciones de seguridad: Muchas instalaciones militares colombianas sirven de punto de partida para la interdicción y, por lo tanto, se encuentran ubicadas a las orillas de los ríos y en las áreas costeras. El aumento del nivel del mar afectará de manera desproporcionada a estas unidades críticas para las operaciones en contra de la insurgencia y el narcotráfico. Además, también se ejercerá mayor presión sobre los recursos militares, dado que las fuerzas de la región se ven obligadas a adaptar las unidades, instalaciones y operaciones en pos de los cambios ambientales. En Venezuela, se pondrá a prueba la capacidad del gobierno para cumplir las promesas de la Revolución Bolivariana si las condiciones económicas y de seguridad ya graves se exacerban como consecuencia de los impactos naturales antes mencionados.

Socorristas y mediadores

El Banco Mundial informó que: “en 2011, por primera vez en los registros históricos, había en la región [Latinoamérica y el Caribe] mayor cantidad de personas en la clase media que en la pobreza”, pero que después de una década de “una acertada gestión económica con sólido progreso social”, el crecimiento más lento podría ser un indicador de la retracción de los logros obtenidos con tanto esfuerzo.

Las frágiles instituciones que trabajan para satisfacer las expectativas de las poblaciones jóvenes en crecimiento deberán adaptar su cálculo de desarrollo para considerar el cambio climático o enfrentar variadas expresiones persistentes de agitación y tensión social. Los gobiernos también deben tener en cuenta que aunque el cambio climático sea mínimo, sus organizaciones de defensa deberán desempeñar un papel cada vez más importante, tanto de socorristas como de mediadores.

Por lo tanto, mientras fuimos testigos del despliegue de negociaciones internacionales sobre el clima en Lima, es importante que nos detengamos a observar las amenazas de seguridad y los desafíos de desarrollo que afronta Latinoamérica exacerbados por el cambio climático. Esto incluye considerar cómo el cambio climático afectará el rol de los profesionales de seguridad nacional, tanto a nivel civil como militar en la región.
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