Las Fuerzas Militares recuperan el control en la Rocinha

The Military Retakes the Rocinha Slum

Por Dialogo
diciembre 02, 2011


La rápida y espectacular recuperación de la favela “la Rocinha”, que estaba en manos de narcotraficantes, fue monumental y, en cierto modo, un inesperado regalo para los habitantes de Río de Janeiro. Aunque el tráfico en esa comunidad ya estaba bajo el seguimiento de la inteligencia policial, la idea de ocupar la favela más densamente poblada de Río era algo que ningún analista concebía en ese momento. La falta de personal policial para las nuevas ocupaciones era de público conocimiento. Tan seria era la situación que se encomendó al Ejército Brasileño permanecer en el Complejo de Alemão por más tiempo, mientras que la policía militar entrenaba más oficiales de policía para esta clase de misión.

La Rocinha, junto con la favela vecina de Vidigal, está ubicada en una importante área de la ciudad, en medio de distrito con altos niveles de renta disponible y, además de albergar el comercio de droga en casi toda el área de Zona Sul y Barra da Tijuca, también abastecía a otras favelas de la ciudad. Los primeros laboratorios de sustancias ilegales de la metrópoli surgieron en la Rocinha, lo cual demostraba que, además de vender drogas, los narcotraficantes de la favela también comenzaban a fabricar los estupefacientes con materias primas importadas. En vista de los grandes eventos que tendrán lugar en Río de Janeiro, ya se había prometido la ocupación del área, aunque la policía no pueda realizar todo lo que prometen los políticos.

Sin duda, el servicio de inteligencia tuvo un rol primordial en los hechos que precedieron a la invasión. Durante las cuatro semanas anteriores a la ocupación de las dos favelas, las autoridades de seguridad públicas comenzaron a demostrar públicamente que retomarían el área. Las declaraciones y anuncios en los medios se tornaron más frecuentes y esto influenció indudablemente la moral de los criminales, como por ejemplo su líder, un narco a quien se conoce como “Nem”. El cabecilla incluso dio una fiesta de despedida, en la cual – al filo de la situación – se informó que consumió drogas de forma excesiva y terminó en la clínica sanitaria de la comunidad. No se puede negar que había mucha tensión entre los miembros de la pandilla, quienes basaban su hegemonía en una extensa red de colaboradores policiales muy bien pagos, quienes ahora aparentemente no podían hacer nada para salvarlos del destino que les esperaba.

Al comenzar las operaciones el 13 de noviembre, la policía debe haber estado al tanto de que los narcotraficantes no tendrían una reacción organizada. Los oficiales de policía fueron nuevamente transportados en vehículos blindados que pertenecían al Cuerpo de Infantería de Marina, que preferían utilizar las últimas versiones de su vehículo de asalto anfibio a orugas LVTP-7, equipado con blindaje suplementario a los costados del compartimento principal, con el objetivo de aumentar la resistencia del vehículo ante ataques con municiones de punta hueca. Además, utilizaron Piranhas, que son más ágiles y maniobrables en calles estrechas que los vehículos a orugas.

La operación demostró que la policía había asimilado las lecciones aprendidas en la favela Leopoldina. Incluso al transportar sus armas y municiones asignadas, el personal de la policía no tuvo permiso para llevar grandes mochilas que pudieran ser motivo de acusaciones de saqueo. Durante las instrucciones se hizo hincapié en el hecho de que se tenía que proteger a la población, que la policía tenía que comportarse como una autentica fuerza liberadora y no permitirse quedar como un grupo de opresión. Desde helicópteros se arrojaron volantes pidiendo colaboración ciudadana, como por ejemplo revelar escondites de narcotraficantes, así como también depósitos de drogas y armas. De forma secreta se ubicó a personal de la Policía Federal y de Asuntos Internos en los alrededores de la zona para detectar y arrestar a oficiales de policía que se unieran a narcotraficantes y los ayudaran a escapar.

Las operaciones en la Rocinha también hicieron posible que la policía carioca demostrara equipos nuevos y recursos tecnológicos. En la operación se implementaron los dos nuevos helicópteros policiales Bell Huey II, de fabricación estadounidense y con gran capacidad de transporte y mejor blindaje. Esta vez se declaró sin límite de vuelos a la zona de operaciones y no hubo helicópteros de estaciones televisivas volando sobre la Rocinha o Vidigal. Un nuevo helicóptero Squirrel, con un sofisticado sistema de cámaras de televisión con capacidades de acercamiento, de uso diurno y nocturno, permitió una monitorización en tiempo real sobre áreas ocupadas por narcotraficantes, desde posiciones seguras a una altura de un kilómetro, retransmitiendo las imágenes a un centro de comando en tierra y a oficiales de policía en el campo. La incursión que realizaron los oficiales de la policía civil en una zona que limitaba con un área boscosa, controlada desde el aire por medio de novedosos sensores óptico-eléctricos, así como también desde tierra, por medio de cámaras transportadas por la misma policía, nos dio la impresión de que estábamos observando una operación similar a la que culminó en la muerte de Osama bin Laden. La operación demostró que el comando, control y capacidades de integración de la policía habían evolucionado a pasos agigantados.

No solo se incautaron 185 armas, como por ejemplo fusiles automáticos BAR, FAL, Para FAL, AK-47, M-16/AR-15 y Garand, antiguos fusiles de repetición Mauser, varias escopetas, carabinas M1, subametralladoras, pistolas, docenas de cargadores adicionales (algunos con capacidad para 100 rondas), granadas importadas hechas a mano, dos lanzacohetes antitanques M-72 de 66-mm y más de 20.000 rondas de municiones, sino que también se hallaron cientos de kilos de estupefacientes, además de 60 kg de pasta base de cocaína, que puede multiplicarse en laboratorios de procesado, propiedad de los delincuentes en estas zonas. Durante el transcurso de la operación en estas comunidades hubo 47 arrestos, además de recuperarse 75 motocicletas que buscaba la policía.

Según profesionales en materia de seguridad, aún aseguran que no se puede hacer magia en el proceso de pacificación. Una vez que se recuperan de un gran golpe, los delincuentes tienden a fortalecer su presencia en otras áreas del estado de Río de Janeiro y se puede esperar que muchos de esos hombres y mujeres – con o sin antecedentes penales – que vivían del narcotráfico en esas favelas pueden llegar a afiliarse a otros tipos de delitos, adentrándose en los distritos residenciales y más afluentes en busca de víctimas, lo que puede generar más dificultades. ¡Debemos estar preparados!



Felicitaciones por la página, me parece que se debería usar más al ejército para combatir el delito, sólo así ayudaría más al pueblo brasileño, tantos hombres dentro de los cuarteles haciendo entrenamiento de educación física y muchas fiestas a costa de nuestros impuestos, ellos no tienen la culpa pues se les da órdenes que ellos cumplen bien pero esos políticos asquerosos no quieren nada. Fuerzas armadas a la calle ya.. porque ya estamos en una guerra civil...
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