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SOUTHCOM conversa sobre organizaciones criminales y terroristas

SOUTHCOM Holds Academic Roundtable Discussion on Terrorist-Criminal Organizations

Por Dialogo
diciembre 16, 2014





El Comando Sur de los Estados Unidos (SOUTHCOM) realizó la segunda de una serie de conversaciones de mesas redondas académicas sobre la relación entre las organizaciones criminales y terroristas en el contexto global, pero especialmente en América Latina. El evento tuvo lugar en el Centro de Conferencias de las Américas del comando, el 9 de diciembre.

Los expertos discutieron éste y otros temas relacionados con un amplio rango de opiniones. Las conversaciones incluyeron a la doctora Louise Shelley, fundadora y directora del Centro para la Corrupción, Crimen Transnacional y Terrorismo de la Universidad George Manson; el doctor Phil Williams, director del Centro Matthew B. Ridgway para Estudios Internacionales en la Universidad de Pittsburgh; Chris Dishman, director para la región centro/sur del Departamento de Seguridad Nacional de los Estados Unidos; y Chip Poncy, cofundador de la Red de Integridad Financiera (FIN, por sus siglas en inglés). Los moderadores fueron el doctor Frank Mora, director del Centro para América Latina y el Caribe (LACC, por sus siglas en inglés) de la Universidad Internacional de Florida (FIU, por sus siglas en inglés), y Brian Fonseca, sub director del Centro de Investigación Aplicada, también en la FIU.

La Dra. Shelley abrió la discusión diciendo que “debemos tener en cuenta el contexto político-cultural en América Latina. Para resolver el problema del terrorismo tenemos que tratarlo como un negocio”. En su opinión, hay áreas en esta región que merecen más atención, como la Triple Frontera, una zona trifronteriza entre Paraguay, Argentina y Brasil, que muchos consideran un refugio para Hamas, Hizbulah y otros grupos terroristas simpatizantes.

La profesora Shelley también apuntó que mujeres e incluso terroristas de Europa del Este y otras partes del mundo son traficadas a los Estados Unidos a través de iglesias y escuelas de idiomas que ofrecen entrada legal al país, como fue el caso con la escuela de aviación que ofreció la documentación necesaria para que los terroristas involucrados en el ataque del 11 de septiembre pudieran entrar legalmente a los Estados Unidos.

El Dr. Williams siguió con la discusión y explicó que a pesar de que los grupos terroristas eventualmente cooperan entre sí, eso no significa que dichos grupos a nivel mundial están trabajando juntos como una unidad. El profesor Williams prefiere tildar de híbridos a los grupos que combinan el terrorismo con otras actividades criminales. Para él, no importa si llaman terroristas, narcotraficantes o simplemente criminales a los grupos transnacionales organizados; el asunto más importante es encontrar la mejor manera de combatirlos.

La Dra. Shelley contradijo el punto de vista y opinó que, de hecho, existe una importante diferencia entre estos grupos, pero ambos académicos acordaron en algo: las prisiones en América Latina sirven como “establos” para criminales, quienes después de compartir sus experiencias e ideas con presos mejor educados, tales como activistas políticos, periodistas o estudiantes, salen de prisión mejor preparados e indoctrinados con ideas de izquierda. Ambos académicos coincidieron en que muchos de estos presos controlan la actividad criminal que ocurre afuera desde adentro de las prisiones.

Para agregar leña al fuego, Dishman agregó que “el crimen y el terrorismo deben ser vistos como algo diferente, no como una sola cosa”. Cuando las actividades ilícitas se combinan, por ejemplo, como lo que sucedió con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), estos grupos pasan a ser mayormente criminales comunes que terroristas”.

Poncy prefirió enfocarse en las sanciones financieras impuestas por los Estados Unidos a las empresas y/o organizaciones con lazos confirmados con grupos terroristas alrededor del mundo como una forma de debilitar a los terroristas y a otros grupos criminales. Mencionó que en varias partes del mundo las organizaciones no gubernamentales son utilizadas como fachadas para apoyar al crimen organizado transnacional, incluido el terrorismo.

De acuerdo con Poncy, los grupos terroristas como el Estado Islámico en Irak y Siria (ISIL o ISIS) encuentran formas distintas y creativas de obtener dinero y mantener las áreas que controlan. “Hay concentraciones geográficas en distintas partes del mundo, como en África y la zona trifronteriza en Sudamérica, solo para nombrar algunas. Debemos tener sanciones más severas en contra del crimen organizado”.

Después de la presentación de cada orador, Fonseca tomó preguntas de la audiencia, no sin mencionar que a pesar de varios esfuerzos combinados en América Latina para combatir el terrorismo y el crimen organizado transnacional, la violencia en la región ha aumentado de forma importante en la última década. Y está en lo correcto. De acuerdo con un estudio sobre el homicidio realizado por la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito entre 2000 y 2010 y publicado en 2011, los índices de homicidio en América Latina aumentaron en un 12 por ciento, la única región en el mundo que registró un aumento tal.

Mora coincidió y dijo que uno de los factores es el incremento en la demanda para mayor número y mayor diversificación en el tipo de drogas. Para él, el principal problema en América Latina hoy en día es el incremento y propagación de la corrupción dentro de todos los sectores de la economía y gobiernos de la región. Todos los miembros del panel estuvieron de acuerdo.

El tema de las capacidades y vulnerabilidades en la relación entre los Estados Unidos y los países latinoamericanos al combinar su lucha en contra del terrorismo y el crimen transnacional organizado también se discutió, pero no hubo recomendaciones sólidas sobre cómo combatir dicho problema.






El Comando Sur de los Estados Unidos (SOUTHCOM) realizó la segunda de una serie de conversaciones de mesas redondas académicas sobre la relación entre las organizaciones criminales y terroristas en el contexto global, pero especialmente en América Latina. El evento tuvo lugar en el Centro de Conferencias de las Américas del comando, el 9 de diciembre.

Los expertos discutieron éste y otros temas relacionados con un amplio rango de opiniones. Las conversaciones incluyeron a la doctora Louise Shelley, fundadora y directora del Centro para la Corrupción, Crimen Transnacional y Terrorismo de la Universidad George Manson; el doctor Phil Williams, director del Centro Matthew B. Ridgway para Estudios Internacionales en la Universidad de Pittsburgh; Chris Dishman, director para la región centro/sur del Departamento de Seguridad Nacional de los Estados Unidos; y Chip Poncy, cofundador de la Red de Integridad Financiera (FIN, por sus siglas en inglés). Los moderadores fueron el doctor Frank Mora, director del Centro para América Latina y el Caribe (LACC, por sus siglas en inglés) de la Universidad Internacional de Florida (FIU, por sus siglas en inglés), y Brian Fonseca, sub director del Centro de Investigación Aplicada, también en la FIU.

La Dra. Shelley abrió la discusión diciendo que “debemos tener en cuenta el contexto político-cultural en América Latina. Para resolver el problema del terrorismo tenemos que tratarlo como un negocio”. En su opinión, hay áreas en esta región que merecen más atención, como la Triple Frontera, una zona trifronteriza entre Paraguay, Argentina y Brasil, que muchos consideran un refugio para Hamas, Hizbulah y otros grupos terroristas simpatizantes.

La profesora Shelley también apuntó que mujeres e incluso terroristas de Europa del Este y otras partes del mundo son traficadas a los Estados Unidos a través de iglesias y escuelas de idiomas que ofrecen entrada legal al país, como fue el caso con la escuela de aviación que ofreció la documentación necesaria para que los terroristas involucrados en el ataque del 11 de septiembre pudieran entrar legalmente a los Estados Unidos.

El Dr. Williams siguió con la discusión y explicó que a pesar de que los grupos terroristas eventualmente cooperan entre sí, eso no significa que dichos grupos a nivel mundial están trabajando juntos como una unidad. El profesor Williams prefiere tildar de híbridos a los grupos que combinan el terrorismo con otras actividades criminales. Para él, no importa si llaman terroristas, narcotraficantes o simplemente criminales a los grupos transnacionales organizados; el asunto más importante es encontrar la mejor manera de combatirlos.

La Dra. Shelley contradijo el punto de vista y opinó que, de hecho, existe una importante diferencia entre estos grupos, pero ambos académicos acordaron en algo: las prisiones en América Latina sirven como “establos” para criminales, quienes después de compartir sus experiencias e ideas con presos mejor educados, tales como activistas políticos, periodistas o estudiantes, salen de prisión mejor preparados e indoctrinados con ideas de izquierda. Ambos académicos coincidieron en que muchos de estos presos controlan la actividad criminal que ocurre afuera desde adentro de las prisiones.

Para agregar leña al fuego, Dishman agregó que “el crimen y el terrorismo deben ser vistos como algo diferente, no como una sola cosa”. Cuando las actividades ilícitas se combinan, por ejemplo, como lo que sucedió con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), estos grupos pasan a ser mayormente criminales comunes que terroristas”.

Poncy prefirió enfocarse en las sanciones financieras impuestas por los Estados Unidos a las empresas y/o organizaciones con lazos confirmados con grupos terroristas alrededor del mundo como una forma de debilitar a los terroristas y a otros grupos criminales. Mencionó que en varias partes del mundo las organizaciones no gubernamentales son utilizadas como fachadas para apoyar al crimen organizado transnacional, incluido el terrorismo.

De acuerdo con Poncy, los grupos terroristas como el Estado Islámico en Irak y Siria (ISIL o ISIS) encuentran formas distintas y creativas de obtener dinero y mantener las áreas que controlan. “Hay concentraciones geográficas en distintas partes del mundo, como en África y la zona trifronteriza en Sudamérica, solo para nombrar algunas. Debemos tener sanciones más severas en contra del crimen organizado”.

Después de la presentación de cada orador, Fonseca tomó preguntas de la audiencia, no sin mencionar que a pesar de varios esfuerzos combinados en América Latina para combatir el terrorismo y el crimen organizado transnacional, la violencia en la región ha aumentado de forma importante en la última década. Y está en lo correcto. De acuerdo con un estudio sobre el homicidio realizado por la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito entre 2000 y 2010 y publicado en 2011, los índices de homicidio en América Latina aumentaron en un 12 por ciento, la única región en el mundo que registró un aumento tal.

Mora coincidió y dijo que uno de los factores es el incremento en la demanda para mayor número y mayor diversificación en el tipo de drogas. Para él, el principal problema en América Latina hoy en día es el incremento y propagación de la corrupción dentro de todos los sectores de la economía y gobiernos de la región. Todos los miembros del panel estuvieron de acuerdo.

El tema de las capacidades y vulnerabilidades en la relación entre los Estados Unidos y los países latinoamericanos al combinar su lucha en contra del terrorismo y el crimen transnacional organizado también se discutió, pero no hubo recomendaciones sólidas sobre cómo combatir dicho problema.


ME GUSTA EL EVENTO SOBRE EL CRIMEN ORGANIZADO LASTIMA QUE SOLO FUNCIONARIOS DE GOBIERNO INVITAN, EN LO PERSONAL FUI POLICIA YMIEMBRO DEL EJERCITO EN LA ACTUALIDAD IMPARTO LA CATEDRA SOBRE DELITOS TRANSNACIONALES EN MI PAIS HONDURAS
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