Fuerza Aérea de El Salvador certifica a su primera piloto de combate

Salvadoran Air Force Certifies its First Female Fighter Pilot

Por Lorena Baires/Diálogo
octubre 31, 2016

Desde que era una niña, la pequeña salvadoreña soñaba con ser piloto mientras caminaba de la mano de su padre por los hangares de la Fuerza Aérea salvadoreña (FAS). Después de dos décadas y mucha disciplina y perseverancia, la Teniente Piloto Aviador María Elena Mendoza se ha convertido en la primera piloto de combate de Centroamérica al aprobar el curso de Transición de Aeronave A-37B de la FAS. “Mis mayores retos quizá fueron físicos porque el trato es igual para los hombres que para las mujeres. Nosotras necesitamos hacer un mayor esfuerzo para terminar los extenuantes ejercicios,” reflexionó la Tte. Mendoza. “Sin embargo, para sobresalir en lo académico, debí esforzarme igual que todos. Ahora veo con mucho respeto la aeronave y me confirmo que nada es imposible”, agregó. Sus motivaciones aeronáuticas crecieron en el seno de una familia de militares salvadoreños. Respaldada por ellos ingresó a la Escuela Militar “Capitán General Gerardo Barrios”, en Cuscatlán, a inicios de la década de 2010. Luego de los dos primeros años de aprendizaje fue instruida como piloto de ala fija. Pero los recuerdos de niñez regresaron para confirmar sus aspiraciones, al saber que su escuela abriría las puertas para ofrecer un duro entrenamiento de seis meses para alcanzar su meta. Por fin podría ser piloto de combate. Durante el adiestramiento, recibió intensas clases teóricas sobre los manuales de vuelo, sistemas de control de la aeronave, aerodinámica, meteorología y limitaciones y eventos de emergencia presentes al pilotear un avión de ataque Cessna A-37 DragonFly. Según el Teniente Piloto Aviador Elías Romero, instructor de aviones de combate de la FAS, el ejemplo de esta salvadoreña puede convertirse en inspiración para otras mujeres que desean controlar los poderosos motores de estas aeronaves. “Las exigencias que ella ha superado son las mismas que debe enfrentar un hombre. Ella ha luchado contra los estereotipos existentes sobre ciertas actividades que casi siempre solo realizan los varones. Ha demostrado que tiene capacidades iguales o mejores”, aseguró el Tte. Romero. En la fase práctica, la Tte. Mendoza recuerda sus largos vuelos diurnos y nocturnos que incluían evaluaciones sobre técnicas de navegación, vuelos con instrumentos, en formación, tácticos y en otras áreas de entrenamiento necesarias para dominar la nave. “El proceso de aprendizaje es demandante, con estándares muy altos, por lo que las calificaciones tienen que ser excelentes. Considero que mi pasión por los detalles fue mi mejor aliado. Por los aspectos delicados de la aviación no se puede dar por hecho una indicación o adiestramiento, porque de eso depende nuestra vida y la de nuestros copilotos”, dijo mientras preparaba un vuelo de entrenamiento. Cuando recibió el parche dorado, el pasado mes deagosto, de inmediato se dirigió al Aeropuerto Internacional “Monseñor Óscar Arnulfo Romero y Galdámez”. Ahí se integró al Grupo de Operaciones Aéreas de la Segunda Brigada Aérea. Este grupo es el responsable de velar por la integridad del territorio salvadoreño desde el espacio aéreo. Está encargado de identificar avionetas utilizadas por las organizaciones de narcotráfico y tráfico ilícito que mueven drogas y otros cargamentos de contrabando hacia los Estados Unidos y la región. “Pilotear el A-37B no es tarea fácil. Su alta velocidad, de aproximadamente 700 kilómetros por hora, es una de las principales ventajas para combatir a las aeronaves pertenecientes a grupos del narcotráfico. A esta velocidad son perseguidos todos aquellos que intentan pasar drogas por el país”, añadió el instructor Tte. Romero. La Tte. Mendoza cuenta ya con 270 horas de vuelo. Mucho de ese tiempo está repleto de experiencias extremas. “Los motores de un Dragonfly se apagaron repentinamente mientras copilotaba sobre el departamento de La Paz, junto al Teniente de Aviación Efraín Campos, piloto de combate de la FAS” dijo. Sus intensas jornadas en el aire le sirvieron para asistir al piloto, controlar la situación y amarar en la sofocante costa salvadoreña. “Todo pasa en el aire. Son segundos que se observan en cámara lenta. Pero en ese momento, gracias al adiestramiento recibido pude ayudar a resolver la situación como lo dice el manual. Asistí al piloto en la emergencia al seguir de memoria los pasos del manual, y alcanzamos el mar con mucho éxito”, recordó con mucho orgullo. Para el Tte. Campos, el apoyo recibido por su compañera fue invaluable pues se convirtió en la contraparte teórica que confirmó las instrucciones del manual ante la falta de respuesta de ambos motores. “El adiestramiento y toda la experiencia que nos transfieren los instructores fue nuestra mejor estrategia y arma. Gracias a mi copiloto pudimos amarar sin poner en riesgo nuestras vidas ni las vidas de la población civil cercana”, dijo durante un descanso en sus jornadas de adiestramiento. Con una amplia sonrisa, la Tte. Mendoza expresa su enorme orgullo al continuar hacia adelante con sus metas profesionales. “Ser piloto de combate en la FAS es una gran responsabilidad. Lo más importante es que otras mujeres confirmen que las puertas están abiertas en todos los campos donde nosotras nos propongamos”, finalizó la flamante piloto de combate de la FAS.
Share