En la última década, China amplió su influencia global mediante la Ruta de la Seda Digital (DSR), que combina infraestructura tecnológica con sus objetivos geopolíticos. Bajo su estrategia de fusión militar-civil, Pekín exporta conectividad y plataformas digitales, pero también capacidades para vigilancia estatal, ciberataques y recolección masiva de datos públicos y privados.
Esta estrategia, dirigida por el propio secretario del Partido Comunista de China (PCCh) Xi Jinping, permite a Pekín alinear el desarrollo económico con su fortalecimiento militar. De acuerdo con un informe del centro de investigación centroamericano Expediente Abierto, el régimen utiliza grandes volúmenes de datos para alimentar algoritmos aplicables en escenarios de “guerra inteligente”, dominados por redes digitales y sistemas autónomos. El Departamento de Estado de los Estados Unidos advirtió que China adquiere propiedad intelectual extranjera con fines militares y ha reorganizado su aparato científico-tecnológico con ese objetivo.
“En su Libro Blanco de Defensa, el PCCh fue claro: su progreso tecnológico civil está íntimamente ligado al fortalecimiento de su poder militar”, explicó a Diálogo Jorge Serrano, asesor de seguridad e inteligencia del Congreso de Perú. “Aunque parte del documento es confidencial, difundieron esa sección para mostrar su intención de usar la tecnología como herramienta de poder interno y presión global”, agregó.
Empresas de tecnologías de la información y comunicación de China expanden su alcance global mediante la DSR. Con más de 1000 millones de usuarios en su mercado interno, instalan cables de fibra óptica, redes 5G, centros de datos, servicios en la nube y plataformas de comercio electrónico en varios continentes.
“Todo forma parte de una sola estructura de poder. Todo está supeditado al plan maestro de China: una proyección económica, política y geopolítica, sostenida por el poder militar”, dijo Serrano. “No hay una Ruta de la Seda Digital puramente civil; todo, al analizarse a fondo, está vinculado a objetivos estratégicos militares”.
Red submarina
Los cables submarinos constituyen la columna vertebral de Internet a nivel mundial, ya que transportan más del 95 por ciento del tráfico internacional de datos. El control o la participación significativa en estas arterias vitales es un elemento clave, aunque a menudo menos visible, de la estrategia de DSR de China.
En 2018, China Unicom y Huawei Marine colaboraron en el cable South Atlantic Inter Link (SAIL), que conectaría Brasil y Camerún y amplía la huella digital de China en el Atlántico Sur, según el informe del centro de investigación español el Real Instituto Elcano.
El creciente papel de Pekín en la construcción y financiación de estas redes submarinas suscita preocupación estratégica entre las agencias de inteligencia y los analistas occidentales. No solo establece nuevas rutas digitales para el flujo de datos, sino que también crea potenciales vulnerabilidades para la interceptación, la vigilancia o incluso la interrupción de los datos, lo que refuerza la influencia geopolítica de China y su capacidad para recabar información.
Presencia digital en Latinoamérica
La DSR constituye el componente digital de la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI), el plan global de infraestructura liderado por Pekín. Aunque sus acuerdos suelen tener baja visibilidad, varios países de Latinoamérica y el Caribe que han firmado memorandos de entendimiento para la BRI también participan en iniciativas digitales, según un informe del Journal of Indo-Pacific Affairs de la Air University, de Fuerza Aérea de los EE.UU.
México y Brasil se destacan como receptores clave de la Ruta de la Seda Digital, pese a no formar parte oficial de la BRI, lo que refleja el interés estratégico de China por afianzar su presencia tecnológica en la región, según el mismo informe. Este patrón plantea riesgos asociados a la dependencia digital y la posible exposición a prácticas de vigilancia o control informativo.
El Journal of Indo-Pacific Affairs también documenta casos que evidencian estos riesgos: interferencia estatal en Polonia; desvío de datos de la Unión Africana a servidores en China; apoyo a la vigilancia de opositores en Uganda y Zambia; y robo de propiedad intelectual en los Estados Unidos.
Tecnología, vigilancia y control
En Latinoamérica, varios países han adoptado tecnologías de vigilancia biométrica masiva, la mayoría fabricadas en China. Empresas como Huawei, ZTE, Hikvision y Dahua, han instalado sistemas en Argentina, Brasil y Ecuador, consolidando su presencia a través de distribuidores regionales. Según la ONG internacional Access Now, esta infraestructura plantea riesgos para la privacidad y la soberanía digital regional.
Aunque pesan sanciones estadounidenses, empresas como Huawei siguen expandiéndose globalmente. Un reporte de East Asia Forum, de la Universidad Nacional de Australia, advierte que, independientemente de su estructura de propiedad, estas compañías responden a directrices del Estado, lo que ha derivado en el control gubernamental de proyectos inicialmente autónomos.
“El sector tecnológico de China avanza con rapidez. Como posee esas capacidades, las ofrece –a bajo costo– a gobiernos latinoamericanos”, advirtió Serrano. “Lo preocupante es que lo aceptan porque lo necesitan, pero China usa esa tecnología como instrumento para consolidar su expansión en la región”.
Exportación de un modelo autoritario
Expertos han alertado que la DSR podría exportar el modelo autoritario del PCCh, afectando libertades civiles y autonomía informativa. Empresas de ese país han ayudado a regímenes –como los de Venezuela y Cuba– en la instalación de sistemas de vigilancia, mientras Pekín ha capacitado a más de 36 países socios en monitoreo y censura de Internet en tiempo real, según el laboratorio de ideas estadounidense Council on Foreign Relations (CFR).
CFR advierte que permitir a compañías de China construir redes 5G y fijar estándares tecnológicos puede facilitar el espionaje y la presión política, si Pekín usara filtraciones de datos para influir en élites extranjeras. Además, la DSR puede reforzar a placer el control estatal de Internet mediante filtrado, localización de datos, moderación de contenido y vigilancia, acelerando una fractura entre modelos digitales abiertos y cerrados.
Implicaciones para la seguridad hemisférica
Integrar tecnologías de China en infraestructuras digitales conlleva, con mucho, más riesgos que beneficios. Las empresas chinas de tecnología como Huawei y ZTE están legalmente obligadas a colaborar con el régimen del PCCh, lo que podría comprometer datos sensibles y afectar seguridad y estabilidad económica de terceros países. Pekín considera el ciberespacio como un dominio estratégico y ha desarrollado capacidades para atacar infraestructura crítica y militar, asegura Extrema Ratio News.
Casos recientes lo ilustran:
– La firma paraestatal DeepSeek, Zhejiang, China, fue señalada por transferir datos de usuarios a sus servidores.
– El proveedor de energía Ming Yang, de Pekín, mantiene vínculos estrechos con el ejército del PCCh y participa en proyectos energéticos estratégicos. Equipos fotovoltaicos exportados han incluido funciones ocultas de acceso remoto.
“En los libros blancos de varios países, no se advierte que el creciente vínculo con un Estado como China represente un riesgo para la seguridad, la defensa nacional o la estabilidad democrática”, dijo Serrano. “Al contrario, se presenta como un logro el mayor acceso a cooperación, tecnología y conocimiento ofrecido por China. No hay conciencia del riesgo”.
Ventana de oportunidad
Según Serrano, aún existe una ventana de oportunidad. “Es fundamental que gobiernos estratégicos, como el de los Estados Unidos, establezcan un diálogo directo con los presidentes latinoamericanos y compartan información crítica, como ocurrió con Panamá, un país que ya tenía un alto nivel de vinculación con China”, afirmó.
La DSR puede expandirse a cualquier sector: educación, minería, o puertos, como el caso del puerto de Chancay en Perú. “Hoy no existen restricciones claras”, concluyó Serrano, agregando que los lideres latinoamericanos deben tomar decisiones informadas, basadas en inteligencia y conocimiento real de su relación con China.


