Emergiendo desde las olas

Rising from the Waves

Por Dialogo
julio 02, 2013


La tierra había dejado de temblar en las primeras horas del 27 de febrero de 2010 cuando el Capitán Rodrigo Lledó se unió a otros miembros de la cúpula de mando de la Base Naval Talcahuano en la oficina del comandante. Las luces estaban apagadas, como en la mayor parte de Chile. Las comunicaciones telefónicas estaban interrumpidas.

En un edificio elevado en una colina sobre la bahía, los oficiales trabajaban para evaluar los daños que había dejado el colosal terremoto de magnitud de 8.8 y para asegurar que las embarcaciones de los puertos pudieran zarpar de inmediato. A las 5:50 de la mañana habían pasado dos horas desde el terremoto y los oficiales creyeron que estaban a salvo de la amenaza de un maremoto. Fue entonces que el Cap. Lledó oyó un ruido metálico muy fuerte mientras evaluaba renovaciones para la base en una colina desde la cual se puede ver la bahía y las instalaciones navales. “Los buques chocaban entre ellos. Era un ruido bien fuerte y raro, algo que uno no escucha normalmente”, dijo a Diálogo.

Lo que había oído el Cap. Lledó era el sonido de 300 contenedores de exportación desde el otro lado de la bahía, que eran levantados por las olas y arrojados hacia todos lados. Las olas de diversos tamaños surgían desde todas las direcciones, inundando partes de la base en casi 3 metros de agua y empujando algunas embarcaciones hacia la costa mientras arrancaban otras de sus amarraderos, arrastrando vehículos y equipo al fondo de la bahía.

Murieron más de 500 personas en el terremoto y maremoto a lo largo de toda la costa chilena. Aunque algunos marineros tuvieron que escapar a nado para salvar sus vidas, increíblemente no se perdieron vidas en la Base Naval de Talcahuano.

Un oficial estaba conduciendo en la base cuando sucedió el maremoto. En las tinieblas de la noche, los faros del oficial iluminaron una ola que se aproximaba al frente. De inmediato, retrocedió con su vehículo pero otra ola apareció por detrás. Las aguas levantaron su camioneta y lo sacaron de la carretera. Bajó el vidrio de su ventana para tratar de escapar y su vehículo se llenó de agua e impactó contra un árbol. De milagro, escapó a nado y subió a una superficie más alta.

La infraestructura de la base estaba en ruinas. El movimiento del lecho marítimo del epicentro, a 150 km de la costa, generaba olas mayores a 2 metros en Talcahuano. Un muelle seco de 18 por 110 metros se llenaba de agua, levantando un buque mercante en reparación hacia afuera y sobre el techo de las instalaciones de reparación. Un buque de investigación científica valuado en US$ 62 millones que iba a ser bautizado ese mismo día por la entonces presidente de Chile Michel Bachelet, fue arrastrado del muelle y arrojado de golpe en todas las direcciones con su indefensa tripulación a bordo. Finalmente, encalló en un banco de arena, lo que evitó que su delicado equipo a bordo se estropeara.

Mientras muchas embarcaciones de combate y pesqueras zarparon inmediatamente después del terremoto hacia aguas abiertas y seguras, otras no pudieron hacerlo, como aquellas que estaban en reparación. Por último, la Marina no perdió ninguna embarcación. Varios muelles flotantes resultaron dañados; uno de ellos se hundió y quedó en estado irreparable. En la ciudad de Talcahuano, 3.000 viviendas fueron destruidas y se perdieron 103 dormitorios de marineros de la base. El Cap. Lledó, que regresó de su retiro para oficiar como jefe del equipo que supervisaba las renovaciones de la base, estimó los daños en unos US$ 300 millones. El Capitán Harold Kauer, gerente general del astillero ASMAR – de capitales públicos y privados – estimó unos US$ 350 millones adicionales en pérdidas para dicha empresa.

Una nueva base

Con Talcahuano en ruinas, la base naval y astillero más importante del país se encontraba inoperable. La Base Naval Talcahuano, de 1.873 hectáreas, y sus 7.000 marineros están ubicados estratégicamente a 500 kilómetros al sur de Santiago, manteniendo una posición defensiva clave en el Pacífico Sur.

La base incluye el cuartel general de la fuerza submarina, arsenales, campamentos de entrenamiento para infantes de marina, un hospital y viviendas para marineros, escuelas y un buque de investigación científica. El astillero ASMAR incluía dos muelles secos, cinco muelles flotantes, varios talleres de reparación y un depósito.

“Había un compromiso importante del gobierno para recuperar y reconstruir todos las áreas, zonas o dependencias que fueron impactados con mayor daño”, declaró Lucía Dammert, experta en defensa y seguridad y docente en la Universidad de Santiago. Dentro de las estrategia geo-regionales, también tiene que haber una importante inversión para mejorar lo que había antes y ponerlo en actividad muy rápido.

El gobierno chileno decidió no solo reconstruir Talcahuano, sino también modernizarla. En tres días, una vez que la ciudad de Talcahuano estuvo segura, cientos de cadetes navales y voluntarios comunitarios, que trabajaban en turnos rotativos de tres a cuatro semanas, comenzaron a limpiar y a reconstruir la comunidad. De forma simultánea, las rotaciones de los marineros se llevaron a cabo en la base para restaurarla a condiciones operacionales.

El Cap. Lledó y su equipo, que trabajaban en estrecha colaboración con el comandante de la Marina y el gobierno, desarrollaron un plan de tres fases para reconstruir y modernizar la base. El Congreso chileno aprobó la inversión de US$ 212 para suplementar una suma no divulgada que se consiguió por instalaciones y equipamiento asegurados. La Marina se comprometió a restaurar la capacidad operativa de la base en 18 meses. En cuatro meses asombrosos, las instalaciones de ASMAR estaban operando nuevamente el 1 de julio de 2010. En febrero de 2013, el plan de reconstrucción ya estaba en su segunda fase, con el 62 por ciento de las reparaciones y mejoras terminadas y una inversión de US$ 152.

“Diseñamos una nueva base naval”, manifestó el Cap. Lledó. Hasta ahora la remodelación de la base ha incluido más de 640 metros de muelles instalados con encadenado antisísmico. Las instalaciones no esenciales se reubicaron en terreno alto, incluyendo escuelas, viviendas y oficinas. Debido a que se perdieron 600 computadoras en el maremoto, se elevaron equipos sensibles de edificios ubicados en la costa, incluyendo nuevas plantas generadoras de energía, por sobre los niveles de inundación. ASMAR también está extendiendo sus capacidades de reparación de buques mediante el dragado de la bahía a una profundidad de 7,3 metros para acomodar más embarcaciones de mayor envergadura.

“Para nosotros, primero fue un desastre”, manifestó el Cap. Kauer, sentado a su escritorio, debajo de un retrato del héroe naval chileno Arturo Prat. “Hoy nos hemos dado cuenta de que fue una tremenda oportunidad porque estamos aprovechando de hacer reingeniería, en procesos propios del astillero, en procesos logísticos, en procesos de recursos humanos y obviamente, en una nueva gestión comercial”.

Para el Cap. Lledó, hijo de un marinero y submarinista de toda la vida quien pasó 25 años en Talcahuano, volver de su retiro a reconstruir la base tiene un significado especial. Esto para mi es también un bonito desafío de vida, poder finalizar mi trabajo en la Marina reconstruyendo donde siempre he vivido y he trabajado”.





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