Destacados: Una conversación con nuestros líderes

Por una Colombia con paz estable y duradera

Los acuerdos son un paso para la paz perenne en Colombia.
Marcos Ommati/Diálogo | 4 junio 2018

El General del Ejército Alberto José Mejía Ferrero, comandante general de las Fuerzas Militares de Colombia, asumió la función en diciembre de 2017. (Foto: Maria Carolina Gonzalez/Diálogo)

El Centro Nacional de Memoria Histórica de Colombia registró 16 862 víctimas en el país por cuatro delitos: secuestros, asesinatos, masacres y daños a bienes civiles, durante el período del conflicto interno entre el Gobierno colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) – entre 1978 y 2015. Si se incluyen los crímenes de otros grupos paramilitares, y también del Ejército de Liberación Nacional, el número de víctimas sube a más de 50 000. Cuando el Gobierno y las FARC firmaron los acuerdos de paz el 24 de noviembre de 2016, el país dio un paso importante. Sin embargo, aún queda un largo camino por recorrer antes de poder declarar la paz definitiva en Colombia. Para saber cómo el Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea participan de este proceso, Diálogo conversó con el General del Ejército Alberto José Mejía Ferrero, comandante general de las Fuerzas Militares de Colombia.

Diálogo: Usted asumió su posición recién, en diciembre de 2017. ¿Cuáles son sus prioridades?

General del Ejército Alberto José Mejía Ferrero, comandante general de las Fuerzas Militares de Colombia: La verdad es que nosotros tenemos unos planes que son institucionales. Es decir que nosotros, cuando llega un nuevo comandante no puede borrar todo e iniciar de cero. Entonces esos planes institucionales hay que respetarlos. Han sido construidos por todos en un equipo de trabajo. Lo que uno puede hacer es [enfocarse en] unos mayores énfasis, puede imprimir unos nuevos esfuerzos, y en eso estamos. Porque esos planes no pueden estar congelados en el tiempo, sino que tienen que ser dinámicos, tienen que estar cambiando porque como todavía enfrentamos amenazas que persisten en hacerle daño al pueblo colombiano, no se puede uno quedar en planes construidos hace muchos años que no se estén modernizando, y que no se estén actualizando.

Diálogo: Parte de esa modernización es una mayor interoperabilidad entre las fuerzas, que usted denominó fuerzas militares multidominio. ¿Puede explicarnos mejor este concepto?

Gral. Mejía: Durante los dos últimos años y medio, me correspondió llevar al Ejército en el proceso que denominamos transformación 1.0. Ese proceso termina el 7 de agosto de 2018, y ese día iniciamos la transformación 2.0, de cuatro años. Entonces el proceso actual tenía que cerrar brechas, fortalecer unas capacidades, preservar capacidades estratégicas que construimos durante el conflicto, potenciar la educación y el entrenamiento, fortalecer todo el tema de ética y valores a través de nuestra política de integridad y transparencia, Yo Soy Dante, entre otros muchos esfuerzos. Ahora, con mi paso al comando general de las Fuerzas Militares, es el Comando Conjunto el que articula el Ejército, la Marina y la Fuerza Aérea de Colombia. Nosotros en este comando tenemos unas responsabilidades que nos da la Constitución. En esas responsabilidades, yo estoy asignado como el conductor de las fuerzas en caso de una amenaza tanto para lo externo como para lo interno.

Diálogo: Pero, ¿cómo podrá conducir tres fuerzas diferentes, con tres culturas diferentes y con capacidades diferentes?

Gral. Mejía: La respuesta está por supuesto en una organización conjunta que permita ese proceso de integración entre las Fuerzas Armadas. Segundo, [por medio de] la construcción de procesos conjuntos a través de directivas estructurales y al mismo tiempo la construcción de una doctrina conjunta que nos permita una mayor articulación. En este momento estamos precisamente en ese proceso de restructuración que terminaremos, como comenté, el 7 de agosto, que nos permite potenciar lo que ya hemos venido construyendo, unas fuerzas que aprendieron a interoperar, unas fuerzas que el día de hoy no se concibe una operación en la que no estemos todos unidos, incluso con la Policía Nacional, que hace parte de nuestro Ministerio de Defensa, y en una operación conjunta que garantiza y debe garantizar cada vez más una mayor sinergia operacional.

Diálogo: ¿La participación de las Fuerzas Militares de Colombia en misiones de paz de las Naciones Unidas es otro de sus objetivos?

Gral. Mejía: Este es un tema que hay que entender muy bien. La máxima prioridad sigue siendo las dos misiones principales. Yo las llamo puño de la derecha y puño de la izquierda, la defensa de la soberanía y de la integridad del territorio y la lucha contra las amenazas internas que después del acuerdo de paz persisten en hacerle daño el pueblo colombiano. Esa es la prioridad, y a nadie le debe caber la menor duda, pero hay otras cuatro misiones subsidiarias, misiones más pequeñas. [Son] misiones que no son el esfuerzo principal, que no ocupan todas nuestras capacidades. Esas misiones son las que denominamos Desarrollo País, [que abarcan] el tema de la protección del medio ambiente, la atención de desastres y la exportación de seguridad. Entonces, la exportación de seguridad y la participación en misiones de paz hace parte de esas misiones subsidiarias que no son las fundamentales. Es algo que hace Colombia bajo el entendido, primero, de que sufrimos mucho, segundo, de que tenemos muchos países hermanos que nos han ayudado, por lo que tenemos una visión y una cultura de corresponsabilidad, lo que quiere decir que nosotros tenemos también que ayudar a otras democracias para que no sufran lo que ha sufrido Colombia. Entonces, en ese contexto, en los próximos años observaremos unidades de Colombia de tamaño batallón, desplegándose en apoyo a misiones de paz. Hoy en día, solamente tenemos un batallón en la Península del Sinaí, un batallón de infantería ligera y tenemos observadores militares en las misiones de paz de África Central y el Líbano, pero aún no hemos desplegado el nuevo batallón Colombia No. 4 ni hemos escogido adónde va a ir desplegada esta unidad.

Diálogo: Usted habló de la protección del medio ambiente por parte de los militares. La minería ilegal, es una actividad que en algunos sitios sobrepasa el narcotráfico. ¿Qué están haciendo las Fuerzas Militares colombianas para combatir este flagelo?

Gral. Mejía: El denominado Sistema de Amenaza Persistente, es lo que persiste en hacer daño después del acuerdo de paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). El Ejército de Liberación Nacional, las disidencias de las FARC y grupos armados organizados como el Clan del Golfo, el Ejército Popular de Liberación y otros grupos similares se nutren de las economías criminales. Colombia es un país bendecido con una gran riqueza, especialmente en minerales como el oro y el platino. Desafortunadamente estos grupos, estas guerrillas, después de la caída del muro de Berlín, aprendieron a nutrirse inicialmente del narcotráfico. Hoy han dado un salto para ampliar ese portafolio criminal que no solamente es narcotráfico, sino que también es minería ilegal, contrabando en fronteras y extorsión y secuestro. El tema de minería ilegal es un tema que hemos venido atacando con mucha fortaleza. Hace dos años, el Gobierno nacional nos solicitó crear una primera y única brigada –creo que en el mundo y en Colombia–contra la minería ilegal. Es una brigada con un componente muy potente interagencial que ha venido atacando la minería ilegal en sitios aislados de la geografía, integrados con muchas instituciones del Estado, con la Policía, la Fiscalía, el Cuerpo Técnico de Investigaciones, Bienestar Familiar para la atención a la niñez, Defensoría del Pueblo para la protección de los ciudadanos, etc. Es más difícil hacer una operación contra la minería ilegal que hacer un bombardeo, de tal forma que hemos venido destruyendo cientos de máquinas gigantescas amarillas, que son las que dañan al ambiente, las que rompen los cauces de las quebradas, las que destruyen la selva tropical, los sitios de minería ilegal en donde llenan los ríos de mercurio y de productos químicos para poder producir oro. Los resultados son muy grandes, pero aún nos falta mucho por hacer y después de hacer eso viene la parte más compleja, recuperar desde el punto de vista ambiental esos sitios de extracción ilícita, recuperación que toma más de 100 años.

Diálogo: Usted habló de Colombia como un exportador de estrategia de seguridad a otros países. ¿Cuál es la importancia de trabajar con las fuerzas armadas de los países de la región y también con los Estados Unidos?

Gral. Mejía: En primera medida, esta es la visión que tenemos. Ya estamos dando unos pasos, pero es una visión que nosotros proyectamos con humildad. No pretendemos ir a enseñar a nadie y no pretendemos ir a pontificar de nada, pero todas las guerras ayudan a fortalecer a sus fuerzas militares. Las guerras dejan grandes enseñanzas y estos 52 años de guerra han hecho que nosotros pudiésemos haber adquirido unas capacidades para la seguridad nacional y que hoy podemos exportar a otros países. Para nosotros es fundamental la alianza tripartita que hacemos con los Estados Unidos en Centroamérica, porque esta es la región que recibe, desafortunadamente, el narcotráfico que va de Colombia, y países hermanos como El Salvador, Guatemala, Honduras, Costa Rica, Panamá sufren mucho por estas circunstancias. Lo mínimo que podemos hacer es, con toda humildad, poder apoyar en procesos de entrenamiento, de certificación, planeación operacional, diseño de conceptos estratégicos, entre muchos otros factores, con el propósito de ayudar a fortalecer sus fuerzas de seguridad.

Diálogo: Después de la firma del acuerdo de paz, ¿cómo será la relación Colombia-Estados Unidos?

Gral. Mejía: La verdad es que Colombia tiene una alianza con los Estados Unidos de vieja data, desde hace muchos años. Esta alianza con los Estados Unidos nace a principios del siglo anterior y se empieza a fortalecer. Los Estados Unidos nos permitieron combatir a su lado en la Guerra de Corea y posteriormente estuvimos juntos en conflictos como el del Canal de Suez y ahora en la Península del Sinaí; y en la lucha contra el narcotráfico logramos establecer un gran plan estratégico denominado Plan Colombia, que fue un plan muy visionario porque permitió construir unas capacidades para luchar contra la amenaza interna, pero al final del día salvar la democracia colombiana. Cuando inició el plan, Colombia era un país que estaba camino al abismo y una democracia que se veía ya en gran peligro. Algunos nos categorizaban de un país no viable. Este Plan Colombia permitió construir capacidades a través de un gran proceso de intercambio, cultura, doctrina, entrenamiento, capacidades, de interactuar con muchos ciudadanos norteamericanos que vinieron a poner su cuota de sacrificio para salvar esta democracia colombiana. Por ello es que nosotros –históricamente y ahora recientemente en estas últimas décadas– hemos asumido una actitud real de alianza, de sociedad. Todo esto es un gran contrato de hermanos, de amigos que nos permite luchar contra el mal. No estamos luchando contra cosas buenas, estamos luchando contra la criminalidad, luchando contra el mal, luchando contra los enemigos de la democracia, contra los enemigos de la integración, contra los enemigos del desarrollo y todos esos ideales que son ideales comunes de cualquier democracia.

Diálogo: Usted ha construido su carrera en un país en guerra. ¿Cree realmente que sus hijos y nietos van a crecer en un país en paz?

Gral. Mejía: Esa es una pregunta muy importante porque todos sus lectores tienen que entender que, si bien sí hay un proceso de paz y un resultado de paz real con las FARC, aún tenemos que luchar y combatir contra otros grupos. Esos otros grupos, como ya mencioné, que denominamos Sistema de Amenaza Persistente. Aquí, nosotros seguimos combatiendo, seguimos atacando. Estos días, hemos realizado múltiples operaciones de bombardeo y asalto aéreo, y la verdad es que nosotros seguimos en guerra contra estos agentes generadores de violencia. Nosotros, en todos nuestros planes, tenemos como estado final una Colombia con una paz estable y duradera, pero para llegar allá todavía tenemos un trecho por recorrer. Aún tenemos unas batallas que pelear, aún tenemos unos esfuerzos por realizar, aún necesitamos aliados y socios, y necesitamos – ahora en esta última etapa – el apoyo de los Estados Unidos y de todos nuestros aliados más que nunca. Yo estoy seguro que con el concurso de la institucionalidad en Colombia y con el coraje y el valor tradicionales de las Fuerzas Militares de Colombia, vamos a poder conquistar ese escenario de futuro que es una Colombia segura en paz, una Colombia con una paz estable y duradera.

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