En los últimos años, la expansión económica del partido comunista chino en Latinoamérica ha sido objeto de crecientes críticas y desconfianza. Los gobiernos y expertos de la región se cuestionan la conveniencia y los beneficios reales de los proyectos impulsados por el régimen de Pekín o por las empresas estatales. Este proceso de revisión ocurre en un contexto de pausas y evaluaciones de iniciativas que generan preocupación por su impacto económico, social y político.
Patrón asimétrico
“La relación económica entre China y Latinoamérica se basa en un patrón desigual”, señaló a Diálogo la presidenta de la Cámara de Comercio Colombo Americana, María Claudia Lacouture. “Se advierte una creciente dependencia económica [en Latinoamérica], basada en un patrón comercial asimétrico: exportación de materias primas desde nuestra región e importación de bienes manufacturados desde China”.
“El financiamiento de infraestructura está sujeto, en varios casos, a cláusulas que limitan la contratación local y condicionan la ejecución de las obras a empresas chinas”, abundó. “Este tipo de acuerdos no solo profundizan la dependencia económica, sino que también restringen la soberanía de los países, al priorizar los intereses del régimen chino sobre los beneficios locales”.
Cambio de estrategia
“La estrategia de China en la región evolucionó con el tiempo”, dijo a Diálogo el analista Douglas Farah, consultor en crimen transnacional de la ONG argentina Fundación Taeda. “El régimen chino adoptó un enfoque más discreto en su relación con los países latinoamericanos”.
“Actualmente, la influencia de China en la economía de los países donde hace negocios es más subrepticia, de menor perfil que hace algunos años, para llamar menos la atención y proteger mejor su reputación”, dijo Farah.
Proyectos cuestionados
La presencia de empresas chinas en proyectos estratégicos ha generado tensiones en varios países de la región. A continuación, se destacan algunos casos emblemáticos:
Chile: Proyecto astronómico en Cerro Ventarrones
En Chile, el Gobierno congeló en abril de 2025 un proyecto conjunto entre la Universidad Católica del Norte y el Observatorio Nacional Astronómico de China, para instalar un observatorio en Cerro Ventarrones, Región de Antofagasta.
Se plantearon inquietudes sobre este proyecto, que inició con un memorando de entendimiento firmado en 2016. Las instalaciones fueron señaladas por su posible uso dual, científico y militar, además por su capacidad de servir como centro de recopilación de inteligencia espacial.
Argentina: Estación Espacial de Neuquén
En Argentina, la Estación de Espacio Lejano de Neuquén, inaugurada en 2017, está nuevamente bajo escrutinio. Los medios locales indicaron que, China estaría planeando una segunda fase de obras en la base, lo que ha aumentado la preocupación por las sospechas de actividades de espionaje.
Aunque los acuerdos bilaterales prohíben actividades militares, expertos como Farah destacan que ciertas áreas de la base han sido declaradas “campo diplomático”, restringiendo el acceso al Gobierno argentino. Esto genera preocupaciones sobre la soberanía nacional.
Brasil: Condiciones laborales en la planta de BYD
En Brasil, un caso reciente relacionado con el gigante automotriz chino BYD subrayó las prácticas laborales cuestionables de empresas chinas en la región. En diciembre de 2024, la Fiscalía del Trabajo de Brasil rescató a 163 trabajadores chinos en condiciones de semiesclavitud en la construcción de una nueva fábrica en Camaçari, Bahía.
Los empleados vivían en condiciones insalubres; dormían hacinados en literas tubulares sin colchones; las regaderas y sanitarios no tenían agua; no contaban con la posibilidad de refrigerar sus alimentos; y sus pasaportes habían sido retenidos.
Aunque la obra continúa y se espera que la fábrica sea inaugurada en junio de 2025, son cada vez mayores las dudas sobre las prácticas laborales de las empresas chinas.
Colombia: Desbalance comercial y proyectos de inversión
En Colombia, los acuerdos de cooperación con China han resultado en más de 40 proyectos de inversión en los últimos tres años. Sin embargo, según Lacouture, muchos de estos presentan retrasos y beneficios poco claros para el país.
“En términos comerciales, la relación es profundamente desigual: en 2024, Colombia exportó apenas USD 2377 millones a China, mientras que importó productos chinos por USD 15 936 millones, generando un déficit superior a los USD 13 500 millones”, reportó la revista colombiana Semana. “Además, esas exportaciones están concentradas en tres productos (petróleo crudo, hullas térmicas y ferroníquel), que representan el 71 por ciento del total. Del sector no minero-energético, apenas 30 productos superan el millón de dólares en ventas, lo que evidencia una relación comercial poco diversificada y sin acceso relevante para bienes de mayor valor agregado”.
“La relación con China no ha sido recíproca ni ha generado beneficios proporcionales para Colombia”, subrayó Lacouture.
Sin embargo, Colombia siguió adelante con la Iniciativa de la Franja y la Ruta.
Influencia china
La influencia de China en Latinoamérica no se limita al ámbito económico. Las prácticas laborales, las cláusulas restrictivas en los contratos y el impacto ambiental de los proyectos chinos son objeto de críticas recurrentes.
Según Farah, “la presión internacional ha obligado a que China y sus empresas se comporten un poco mejor dentro de las normas mundiales de trabajo, pero ellos llegan hasta donde los dejan si no se les imponen parámetros: esclavitud, destrucción del medio ambiente, corrupción; todo llega, sin duda”.
El ejemplo de Brasil, donde los trabajadores chinos fueron rescatados de condiciones inhumanas, muestra la necesidad de una regulación más estricta por parte de los gobiernos de la región para proteger los derechos laborales y garantizar la transparencia en los proyectos.
Las obras patrocinadas por China en Latinoamérica han despertado sospechas y críticas debido a su falta de reciprocidad, impacto en la soberanía nacional y cuestionables prácticas laborales.
Los casos recientes en el hemisferio reflejan la necesidad de un mayor escrutinio y regulación. Aunque la inversión china puede ser beneficiosa en ciertas circunstancias, los países de la región deben establecer parámetros claros, para garantizar que las relaciones sean equilibradas y sostenibles a largo plazo.



