Operación en Santa María: ejemplo de profesionalismo y abnegación militar

A continuación se presentan los primeros momentos de la participación de los escuadrones de la Fuerza Aérea Brasileña (FAB) en conjunto con distintos medios militares, civiles y voluntarios en la tragedia que devastó a Santa María (RS) en enero de 2013.
Por Rodrigo Pereira | 23 julio 2014

El Escuadrón Pantera es una de las principales unidades de búsqueda y rescate (SAR) de la FAB y cuenta con helicópteros UH-60 Black Hawk. [Foto: ACS/COMAR5]

A continuación se presentan los primeros momentos de la participación de los escuadrones de la Fuerza Aérea Brasileña (FAB) en conjunto con distintos medios militares, civiles y voluntarios en la tragedia que devastó a Santa María (RS) en enero de 2013. El objetivo del presente es dar cuenta del profesionalismo y la dedicación de todos los que de alguna manera actuaron y siguen actuando para minimizar y dar consuelo al dolor por la pérdida de una ciudad entera.

Los helicópteros hasta aterrizaron en una plaza en Porto Alegre cercana al Hospital de Pronto Socorro para que brindar un más rápido auxilio a las víctimas del incendio. [Foto: ACS/COMAR5]

La ciudad de Santa María, región central de Río Grande del Sur, es la quinta ciudad más grande de la región sur de Brasil, y es también considerada una ciudad universitaria con fuerte presencia de las fuerzas armadas brasileñas. Fue el día 27 de enero de 2013 en Santa María, y fue una de las mayores tragedias que tuvieran lugar en Brasil: un incendio en una fiesta universitaria terminó con la vida de 242 e hirió gravemente a otros 126 jóvenes.

A primeras horas de la mañana del domingo el oficial de operaciones del 5⁰/8⁰ GAV Mayor Aviador Barrios fue informado sobre un incendio que había consumido una discoteca en el centro de Santa María, y que como resultado había muchas víctimas. De inmediato, el Mayor Barrios se puso en contacto con el comandante de la brigada de salud de BASM, que solicitaba el apoyo de los médicos de la FAB. También le informaron que la brigada de salud de la BASM ya estaba al tanto de la situación, que ya se había puesto en marcha todo el cuerpo médico para prestar ayuda, y que los médicos y bomberos de BASM ya se habían trasladado al lugar y estaban prestando ayuda a las víctimas. Como la discoteca se encontraba en el centro de Santa María, y los hospitales de referencia de la ciudad están próximos al lugar de la tragedia, no se pensaba en la necesidad de apoyo aéreo, porque el traslado de las víctimas a los hospitales ya se había realizado, o en ambulancias, o en automóviles particulares de voluntarios. Sin embargo, cerca de las nueve de la mañana, el oficial jefe de rescate del 5⁰/8⁰ se comunicó con el Mayor Barrios para transmitirle con urgencia la solicitud del representante del SAMU (Servicio de Atención Móvil de Urgencia), que pedía helicópteros para la evacuación aéreo-sanitaria de las víctimas.

Sucede que los UH-60 BlackHawks de la FAB no son Unidades de Transporte médico aéreo, y la Brigada no contaba con máscaras de oxígeno ni reanimadores (elementos mínimos necesarios para trasladar a un paciente internado terapia intensiva). En una situación normal en la cual, por ejemplo, se debe transportar a una víctima en estado grave a otra región, el UH-60 BlackHawk no es el medio más recomendado. En un caso como ese, la mejor opción sería el traslado en una ambulancia, donde se le puede brindar al paciente toda la infraestructura necesaria para el soporte vital

Por la mañana, el comandante de la BASM, al tanto de toda la situación, al igual que el comandante de la Brigada de Salud, ya había recibido un telefonema del comandante del CONGAR (Comando General del Aire) Brigadier Rosato, en el que se autorizaba todo tipo de apoyo posible y necesario a Santa María.

Por lo tanto, el mayor Barros llamó a SOA (oficial de servicio de alerta las 24 horas de la Brigada) y puso en marcha la tripulación de los cuatro UH-60 disponibles. Había un quinto helicóptero, pero contaba con pocas horas disponibles de vuelo y estaba listo para entrar en inspección. Aun así, ese helicóptero permaneció en alerta y listo para volar hasta el límite de sus horas disponibles, si era necesario. Todos los equipos fueron movilizados, incluso sin que existiera una perspectiva de cómo convertir al UH-60 en una UTI móvil. Durante el traslado a la BASM, el mayor Barrios se comunicó con el médico representante del SAMU para avisarle que las aeronaves estaban a su disposición y explicarle que el UH-60 no era quizás el medio más adecuado para transportar víctimas en estado grave. Las palabras del médico responsable del SAMU, fueron las siguientes:

- Mayor, nosotros no tenemos más UTI, y si no transportamos a estas personas ahora, ¡se van a morir!

En ese momento, la misión fue encarada como una verdadera operación de guerra. La prioridad es retirar al combatiente del campo de batalla para que no muera. Entonces se le pidió al representante del SAMU el apoyo con equipos médicos y enfermeros durante el traslado en helicóptero de las víctimas.

Fue en conjunto con el coronel Grancovem, comandante interino de la BASM, y el oficial más antiguo presente en aquel momento, (comandante de la brigada de los VANT - Horus) que los medios aéreos pasaron a ser responsabilidad del Mayor Barrios para aquella operación. Así, los trabajos de coordinación de la operación comenzaron con el envío del jefe del equipo de rescate, Teniente Yuri, al hospital de Caridad de Santa María y de la Mayor médica Mônica que ya se encontraba en el hospital Universitario. Con los dos oficiales ya presentes en los hospitales se iniciaron los trabajos para cerrar los vínculos entre los medios de rescate disponibles.

Pantera de la FAB; tiene su sede en la Base Aérea de Santa María y fue una de las principales unidades involucradas en las tareas de evacuación médica aérea. [Foto: ACS/COMAR5]

Por eso siempre había un representante de la FAB, uno del SAMU y un médico local, para definir qué víctimas estaban estabilizadas para iniciar el traslado (criterio principal para el éxito de cualquier transporte médico-aéreo). El representante de SAMU cerraba el vínculo con la coordinación en Porto Alegre preparando la ambulancia y la cama para recibir a la víctima, y el representante de la FAB coordinaba el helicóptero con el BASM.

En ese instante, se tendió un puente aéreo entre Santa María y Porto Alegre. El UH-60 despegaba en el BASM y aterrizaba en el campo de fútbol frente a la brigada militar del centro de Santa María; la ambulancia trasladaba dos víctimas por helicóptero. A partir de ese momento, el helicóptero despegaba rumbo a Porto Alegre, y aterrizaba en el parque da Redenção, donde se encontraba la policía militar con la zona ya aislada. Una vez completado el aterrizaje, las víctimas eran llevadas en ambulancia a los hospitales.

Al mediodía, el comandante del BASM, Coronel Jeferson, asumió la coordinación de los medios aéreos así como el Brigadier Chaves, coordinador general, responsable del COMAR V. Las acciones tácticas le correspondieron al Mayor Barrios, que utilizó los medios que ya estaban a disposición, como médicos, el SAMU y los militares de la FAB (en especial el teniente Yuri y la Mayor Mónica). De esta manera se conformó una tríada entre la coordinación de ayuda a las víctimas, los medios de transporte y los hospitales.

Los cuatro helicópteros operaron desde el comienzo de la mañana hasta la puesta del sol. El abastecimiento se hacía en el tramo de regreso a Santa María. Después de aterrizar en el BASM y ser abastecido en 30 minutos, el helicóptero despegaba otra vez para rescatar a otras víctimas en el centro de la ciudad.

Todos los UH-60 BlackHawk de la FAB operaron al límite de velocidad y potencia máxima continua, porque las víctimas contaban con una cantidad limitada de oxígeno, que se iba agotando durante el recorrido. Y esta es una de las situaciones que más se aproxima a una operación de guerra, en la cual se exige el máximo de potencia y velocidad de la aeronave.

En esta misión participaron distintos medios. Un C97 Brasilia trajo de Porto Alegre los respiradores, así como los médicos voluntarios que se estaban necesitando. Un C-130 Hércules fue trasladado con médicos e insumos para quemados, el 5° ETA de la FAB fue puesto en marcha y transportó a dos víctimas utilizando el C95M Bandeirante. Pero le correspondió al C-98 Caravan del BASM ser la primera aeronave en iniciar el transporte de las víctimas hacia Porto Alegre. A esta aeronave se le retiraron todos los asientos y llegó a transportar cuatro víctimas simultáneamente, sobre un total de ocho. Durante la noche, quien asumió las tareas de transporte fue el C-105 CASA, equipado con una UTI aérea. El C-105 CASA operó bajo una situación más controlada, transportando entre seis y siete víctimas al mismo tiempo. La Brigada Militar también transportó víctimas utilizando un helicóptero y un avión, así como la empresa UNIMED. Cabe destacar que todo el esmero y la dedicación dispensados a esta operación contribuyeron a que no se produjera ningún deceso a bordo de las aeronaves.

La operación de Santa María constituye, para Brasil, un ejemplo de profesionalismo y abnegación. Durante esta operación de rescate se pudo observar la habilidosa integración entre los distintos organismos públicos, que trabajaron de forma sincronizada; se puede citar al Cuerpo de Bomberos de Santa María, que llegó rápido al lugar, aisló el área y realizó un trabajo excelente para retirar a las víctimas. Los hospitales, tanto el de Caridade como el Universitario, que recibieron rápidamente a todas las víctimas, les propiciaron el debido tratamiento, y que, conscientes de que no iban a poder atender a todos, buscaron alternativas para cubrir las necesidades de las víctimas, en conjunto con el SAMU. El BASM, la Brigada Militar, el Ejército Brasileño, que tuvieron una participación fundamental aislando y transportando los cuerpos, y evitando que se obtuvieran imágenes. La cantidad de voluntarios como psicólogos, enfermeros y gente común, ya sea informando a los familiares, llevando agua e incluso limpiando baños. La prefectura de Santa María que, conjuntamente con los órganos competentes, montó todo un proceso de emergencia, reconocimiento de los cuerpos, velorio y sepultura. La prefectura puso rápidamente a disposición el Gimnasio Municipal para que se realizara el velorio colectivo. Asimismo, hubo coordinación con los cementerios, para organizar aproximadamente 200 entierros, con horarios de entrada y salida, y con apoyo al gran flujo de gente. Las fosas fueron cavadas con la ayuda de los militares del Ejército Brasileño. La PRF dio apoyo a las ambulancias en el trayecto entre los hospitales y las áreas de aterrizaje, y colaboró en la coordinación de los cortejos fúnebres. Estados brasileños y regiones vecinas a Santa María pusieron a disposición médicos que se trasladaron para prestar ayuda. La presidente de Brasil interrumpió un viaje a Chile y se dirigió a Santa María para solidarizarse con las víctimas.

Posteriormente, hubo un encuentro con el SAMU, para definir la mejor configuración del UH-60 para una evacuación médica aérea. Se analizó la posibilidad de aumentar la cantidad de respiradores. En dicha reunión se llegó a la conclusión de que la respuesta brindada a la sociedad brasileña fue muy buena. A pesar de la tragedia, el 5⁰/8⁰ terminó con la sensación de la misión cumplida. Durante todos los tramos de transporte, la figura del SAR también estuvo presente, porque estaba el médico y el enfermero del SAR ayudando y todos se sentían útiles, desde el mecánico hasta el oficial de operaciones. Nunca había habido en Brasil una evacuación médica aérea con tantas víctimas en tan poco tiempo. Las palabras del Mayor Barrios resumen bien a los profesionales que actuaron en esta tragedia:

- Los médicos hicieron un trabajo espectacular, no existe un héroe, fue un trabajo de todos.

Compartir
Comentarios:
Le Gusta la Historia? Si 53
Cargando las Conversaciones