Mientras Perú y los Estados Unidos se preparan para celebrar 200 años de relaciones diplomáticas en 2026, la asociación bilateral ha entrado en una era de transformación. Trascendiendo la cooperación tradicional, la relación está evolucionando hacia una alianza estratégica de primer orden, diseñada para proteger a la región frente a las complejas amenazas del siglo XXI. En el centro de esta evolución se encuentra la histórica decisión del Gobierno de los EE. UU. de designar a Perú como aliado principal no miembro de la OTAN (MNNA); un estatus que subraya el alto nivel de confianza mutua y establece un marco sólido para la colaboración a largo plazo en materia de seguridad, innovación tecnológica y resiliencia económica.
Estatus MNNA
La propuesta de elevar a Perú al estatus MNNA representa un avance transformador en las relaciones bilaterales, que señala un compromiso con la seguridad compartida y una integración institucional más profunda. Esta designación, notificada formalmente al Congreso de los EE. UU. a finales de 2025, reconoce a Perú como socio fundamental en el Pacífico Sur.
Juan Belikow, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad de Buenos Aires, señala a Diálogo que esta evolución es una necesidad regional.
“La eventual designación de Perú como aliado extra-OTAN, más allá de lo simbólico, le permitirá a Perú acceder a equipamiento y tecnología clave para los desafíos que debe enfrentar no sólo en beneficio propio sino también en el de la región”, declaró Belikow. Es una medida “no sólo en beneficio propio sino también en el de la región”, agregó.
Sede de UNITAS 2026
Un elemento central de este año bicentenario 2026 será el papel de Perú como sede oficial de UNITAS, el ejercicio marítimo multinacional más antiguo del mundo, patrocinado por el Comando Sur de los EE. UU. (SOUTHCOM). Ser sede de la 67.ª edición de UNITAS es una responsabilidad significativa que coloca a la Marina de Guerra de Perú en el centro de una coalición multinacional. Este ejercicio sirve como una plataforma vital para que los Estados Unidos, Perú y otros participantes, demuestren su interoperabilidad en un escenario global, centrándose en operaciones anfibias, seguridad marítima y asistencia humanitaria.
Al liderar estas maniobras, Perú refuerza su posición como pilar de la seguridad regional. El ejercicio también ofrece una oportunidad única para que las fuerzas participantes integren nuevas tecnologías en escenarios marítimos complejos y reales.
Ampliando fronteras
La asociación también va más allá de la seguridad tradicional y se adentra en las fronteras del espacio y del desarrollo sostenible. Tras la firma por parte de Perú de los Acuerdos Artemis, en mayo de 2024, la NASA y la Comisión Nacional de Investigación y Desarrollo Aeroespacial (CONIDA), sede de la Agencia Espacial de Perú, estarán colaborando, durante los próximos dos años, en una histórica campaña de cohetes sonda desde la base de Punta Lobos. Esta cooperación científica pone de relieve una visión compartida de la exploración espacial pacífica y el crecimiento tecnológico.
El espíritu de reciprocidad también está transformando la movilidad urbana. Tras el histórico acuerdo de 2024 para transferir a Lima 90 vagones de pasajeros y 19 locomotoras del Tren de California (Caltrain). El proyecto entra en una fase de implementación vital en 2026. Esta iniciativa no solo proporciona un transporte confiable a millones de peruanos, sino que también está impulsando un ecosistema de oportunidades derivadas, con un valor estimado de USD 500 millones. Empresas estadounidenses y peruanas están trabajando codo con codo en la señalización especializada, el material de vía y los servicios de ingeniería necesarios para modernizar la flota, lo que refleja un vínculo económico profundo y continuo.
Superioridad aérea
Los frutos de esta asociación ya son tangibles en la modernización de la Policía Nacional del Perú (PNP). Desde principios de 2026, la PNP está integrando con éxito una nueva flota de helicópteros UH-60 Black Hawk, que sustituirán a las plataformas antiguas. Estas aeronaves, proporcionadas gracias a la cooperación de los Estados Unidos, ofrecen un aumento de velocidad del 40 al 50 por ciento, y una capacidad de transporte de tropas significativamente mayor que los antiguos Bell UH-1H Huey II.
El compromiso de los Estados Unidos va mucho más allá de la entrega de material. El acuerdo incluye mantenimiento integral, asesoramiento técnico y capacitación continua para pilotos y mecánicos peruanos. Al trabajar juntos, Perú y los Estados Unidos garantizan la interoperabilidad de sus fuerzas y comparten las mejores prácticas para proteger a toda la región.
Enfrentando amenazas multinacionales
La necesidad de una alianza sólida entre los Estados Unidos y Perú es impulsada por la naturaleza cambiante del crimen transnacional. Las organizaciones criminales del siglo XXI han evolucionado, hasta convertirse en sofisticadas redes que no respetan la soberanía. Como explica Belikow, “el terrorismo y el crimen organizado no reconocen las fronteras nacionales y operan como una verdadera multinacional”.
Además, señala que la expansión de estos grupos, incluidos los diferentes cárteles de Brasil, Colombia y México, está impulsada por la lucha por el control de los mercados ilícitos. “Esa lucha, además de incrementar la violencia, requiere de recursos que provienen de la actividad criminal, lo cual repercute en el incremento tanto del narcotráfico como de otras actividades ilícitas”, afirmó Belikow.
Al alinearse a través de esta asociación estratégica, los Estados Unidos y Perú facilitan el intercambio bilateral de inteligencia y experiencia táctica, lo que garantiza que ambas naciones estén mejor equipadas para desmantelar las corporaciones criminales multinacionales, al tiempo que refuerzan la seguridad colectiva del hemisferio occidental.
Éxito por objetivos compartidos
El compromiso mutuo con la seguridad se complementa con iniciativas conjuntas como el proyecto CORAH (Proyecto Especial de Control y Reducción de Cultivos de la Coca en el Alto Huallaga), que erradicó más de 36 000 hectáreas de cultivos ilícitos de coca en 2025. Este logro fue posible gracias a un paquete integral de apoyo de los Estados Unidos que incluye financiamiento directo para operaciones de campo, el despliegue de aviación avanzada para la seguridad de los trabajadores y programas de desarrollo que han logrado la transición de miles de familias a industrias legales.
Como destacó el ministro de Relaciones Exteriores, Hugo de Zela, durante una reunión celebrada a principios de diciembre de 2025 con el secretario de Estado de los EE. UU., Marco Rubio, la relación bilateral se encuentra en “excelente forma”, precisamente porque ambas naciones comparten objetivos específicos y viables. Ya sea mediante la erradicación de cultivos ilícitos o el desmantelamiento de bandas como el Tren de Aragua, la alianza entre los Estados Unidos y Perú contribuye en gran medida a la lucha contra el crimen organizado.
El próximo bicentenario marca más que un aniversario histórico; representa un compromiso con un futuro de valores compartidos. Al reafirmarse mutuamente como socios, los Estados Unidos y Perú garantizan que el próximo siglo de su relación se caracterice por la prosperidad, la seguridad y un compromiso inquebrantable con la estabilidad democrática de las Américas.


