Las mujeres militares avanzan a grandes pasos en Latinoamérica

El avance se atribuye al proceso de democratización y la modernización de las fuerzas armadas de la región
Lucy Hood | 25 enero 2011

La capitana María Andrea Bueno, de la Fuerza Aérea colombiana, enseña la señal Agatha. Ella ha volado en misiones de combate, inteligencia y transportación e intenta continuar volando una vez que regrese de su ausencia por maternidad. (Fotografía de cortesía)

La capitana María Andrea Bueno, de la Fuerza Aérea colombiana, y la capitana Nadia Maycock, de la Fuerza Aérea peruana, tienen varias cosas en común.

Ambas son hijas de oficiales militares, ambas son especialistas en recursos humanos y ambas están entre las primeras mujeres admitidas en la academia de la Fuerza Aérea de su respectivo país.

Bueno fue admitida en 1997; Maycock, en 1998.

Ambas abrieron camino en está actividad que hasta entonces no estaba al alcance de las mujeres.

“Fue muy difícil”, dijo Maycock, refiriéndose al entrenamiento de la Fuerza Aérea. No sólo fue riguroso, dijo, sino que les tomó un poco de tiempo a los 36 hombres de su clase hacerse a la idea de que cuatro mujeres se unieran a ellos.

“Cuando me inscribí al principio… quería irme, pero soporté los primeros dos años y después se volvió todo más sencillo”, afirmó. “Terminé muy bien, con mucho éxito y me complace mucho lo que hago.”

Maycock, que optó por una carrera administrativa, es especialista de recursos humanos de la Fuerza Aérea peruana. Ella representa a las fuerzas armadas peruanas en MINUSTAH, la misión pacifista de las Naciones Unidas en Haití.

Bueno es piloto y especialista de recursos humanos del Comando Central de la Fuerza Aérea colombiana. Ella está embarazada y actualmente se dedica a hacer trabajo de escritorio solamente, pero ha volado en misiones de combate, inteligencia y transportación, e intenta volar de nuevo cuando regrese de su ausencia por maternidad.

Bueno fue una de las 124 personas en su clase en la Academia de la Fuerza Aérea colombiana. Eran 90 hombres y 34 mujeres. De los 64 graduados, 16 fueron mujeres.

“Los hombres no sabían como tratarnos”, dice. “No sabían cuáles eran nuestras capacidades o si éramos capaces de hacerlo. Éramos como pioneras.”

Las mujeres demostraron que eran tan capaces como los hombres, señala, y hoy “tenemos la misma oportunidad que cualquier hombre” para lograr ascensos. “Nuestros pasos han sido grandes”, agregó.

Varios factores han contribuido al éxito de las mujeres en las fuerzas armadas de Latinoamérica: la democratización en la mayor parte de Latinoamérica, los amplios esfuerzos de modernización y la inclusión de mujeres en las misiones pacifistas de las Naciones Unidas.

‘Mujeres de la paz’

Lilian Bobea, socióloga y experta en seguridad y asuntos de defensa en Latinoamérica, llama “mujeres de la paz” a las mujeres que participan en las misiones pacifistas de las Naciones Unidas. Los esfuerzos de las Naciones Unidas han proporcionado a las mujeres de Latinoamérica “una ventana” de oportunidad en las fuerzas armadas.

Al menos 3,332 mujeres prestaron servicio entre los 99,245 efectivos militares y policíacos en las misiones pacifistas de las Naciones Unidas en 2010. Las mujeres representaron el 3,3% de ese total, en comparación con el 1,5% en 2005; tuvieron la mayor presencia en las fuerzas policíacas, con el 8.7%.

Las mujeres representan entre el 4 y el 7% de todos los elementos militares en Latinoamérica, dijo Cecilia Mazzotta, de la Red de Seguridad y Defensa de América Latina, con sede en Buenos Aires, conocida por sus siglas como RESDAL.

La capitana Nadia Maycock, de la Fuerza Aérea peruana, actualmente representa a las Fuerzas Armadas peruanas en MINUSTAH, la misión pacifista de las Naciones Unidas en Haití. (Fotografía de cortesía)

El número es bajo pero significa una mejoría en relación con años previos, según los analistas. Las mujeres han realizado los mayores avances en las ramas aérea y naval de las fuerzas armadas. Los ejércitos de la mayoría de los países han hecho también muchos avances, dijeron los analistas, pero no tanto como en las divisiones aéreas y navales. Muchas áreas de las fuerzas armadas, incluyendo las posiciones de combate, siguen estando fuera del alcance de las mujeres.

“Hay una diferencia entre la inclusión de mujeres como participantes y la inclusión de mujeres como iguales”, señala Mazzotta. Esas diferencias surgen como limitaciones dentro del ejercito, como diferencias culturales o como ambas.

Bueno tiene la misma oportunidad que sus colegas hombres para obtener el rango de general, dice, pero culturalmente se espera que las mujeres que tienen hijos se queden en casa. Dejar el hogar por varios días sigue viéndose mal, afirma. Las mujeres que están cerca de casa pueden mantener una carrera administrativa, dice, pero no pueden aspirar a ser generales.

“Por el momento, si”, responde ante la pregunta de si le gustaría ser general.

Maycock hace eco al mismo sentimiento colombiano en relación con la maternidad en Perú. La fuerza física es un recurso clave en combate, comenta, y “no pretendemos tener la misma fuerza que un hombre o ser capaz de correr tan rápido”. Además, señala, no es una buena idea poner a una mujer con hijos en esa clase de peligro.

Tanto Bueno como Maycock siguen los pasos de sus padres.

El padre de Bueno es un coronel retirado de la Fuerza Aérea colombiana y el de Maycock es un general retirado de la Fuerza Aérea peruana.

“Crecí en una familia militar”, señala Maycock. “Me gustan los aviones y me gusta la disciplina.”

Ella ha estado en Haití durante nueve meses (hasta finales de diciembre). “Mi reemplazo será una mujer”, dijo. “Tan sólo hace unos años, las mujeres no eran consideradas muchas veces para asignaciones internacionales. Ahora, se toma en cuenta a las mujeres con más frecuencia.”

Maycock es la única mujer entre los 371 elementos militares que representan a Perú en Haití. MINUSTAH consta de 418 mujeres y 11,405 hombres de 58 países.

De ellos, dice Maycock, 80 son oficiales militares y cuatro de los oficiales son mujeres.

Maycock ha salido en patrullas además de su trabajo en el centro de comando, no para proporcionar seguridad, dijo, sino para crear armonía con las mujeres y los niños haitianos.

“Enviamos mujeres porque tienen un acercamiento más amigable con otras mujeres y con los niños”, señala. Además, ella disfruta más salir del centro de comando y entrar a las comunidades haitianas.

“Es muy divertido”, añadió. Al mismo tiempo dijo, “Ha sido una año muy difícil… a veces es muy difícil estar aquí.”

Ella se refería a una serie de calamidades que han azotado al país caribeño desde el comienzo del año pasado, iniciando con un terremoto que dejó un cuarto de millón de muertos, seguido meses después por un brote de cólera y las inundaciones del huracán Tomás, así como la inestabilidad general en las calles y un polémico proceso electoral presidencial.

“En cada día de trabajo”, dice, “he empezado a apreciar cómo funciona la comunidad internacional, cómo hacen las cosas las personas de Nepal, Brasil, Sri Lanka y otras partes del mundo… he aprendido mucho.”

Maycock, que está comprometida en matrimonio, dijo que planea casarse cuando regrese a Perú, en marzo. También planea ascender para convertirse en mayor y después en coronel y criar a sus hijos.

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