La muerte de Alfonso Cano de las FARC es una gran victoria para el Presidente Santos, de Colombia

La muerte del comandante supremo del grupo guerrillero más grande de Colombia, en una operación del Ejército el viernes pasado fue un golpe contundente a la fuerza rebelde y una gran victoria para el Presidente Juan Manuel Santos.
John Otis | 10 noviembre 2011

BOGOTÁ — La muerte del comandante supremo del grupo guerrillero más grande de Colombia, en una operación del Ejército el viernes pasado fue un golpe contundente a la fuerza rebelde y una gran victoria para el Presidente Juan Manuel Santos.

Guillermo León Sáenz Vargas, más conocido por su nombre de guerra, Alfonso Cano, era el comandante máximo de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Fue abatido por tropas del Ejército en las montañas del Departamento del Cauca, en el sudoeste de Colombia, poco después de que aviones del gobierno bombardearan su campamento.

Cano, de 63 años, había estado constantemente a la fuga y en julio escapó por poco de una incursión del Ejército. En los últimos meses, las tropas lo habían desalojado de su refugio de mucho tiempo atrás: el escabroso Cañón de las Hermosas en los Andes. Esto lo obligó a huir hacia el sur, a un territorio donde era más vulnerable.

Al final, su seguridad personal se había reducido a 10 insurgentes. Para disfrazarse, Cano se había rasurado la espesa barba que había usado durante décadas. Sus suministros de alimentos se habían reducido a unas pocas libras de arroz y pasta. En otra señal de descomposición de las FARC, Cano fue detectado con la ayuda de informantes rebeldes.

"Éste es el golpe más devastador que este grupo ha sufrido en su historia", dijo Santos en un discurso televisado horas después de la operación. "Quiero enviar un mensaje a cada miembro de esa organización: desmovilícense... o de lo contrario pueden acabar en prisión o en una tumba."

De hecho, las FARC han perdido cinco de sus principales comandantes en los últimos tres años, incluyendo al exlíder máximo, Manuel Marulanda; el estratega militar Jorge Briceño "Mono Jojoy", el portavoz Raúl Reyes e Iván Ríos, miembro del Secretariado de las FARC.

"Las FARC se encuentran en una encrucijada: pueden seguir luchando o pueden considerar seriamente un proceso de paz", dijo el expresidente Andrés Pastrana, cuyo gobierno mantuvo conversaciones fallidas de paz con la guerrilla entre 1999 y 2002.

"Esto plantea la posibilidad de una Colombia sin guerrilla, una Colombia sin las FARC", dijo Rodrigo Pardo, exministro de Relaciones Exteriores colombiano. "Puede que no ocurra pronto, pero abre la puerta para las conversaciones de paz o para un debilitamiento continuo de la guerrilla."

Cano fue un académico bogotano y líder de jóvenes comunistas que se unió a las FARC en la década de 1970. Uno de los pocos intelectuales en una organización rebelde dominada por campesinos incultos, Cano les enseñó marxismo a los reclutas y creció cerca del líder máximo, Marulanda, quien fundó las FARC a principios de la década de 1960. En 2008, poco después de que Marulanda, de 78 años, falleciera de un ataque al corazón, Cano fue designado jefe del ejército insurgente

Cano asumió la dirección de una organización guerrillera que estaba en plena retirada tras la ofensiva militar de la última década. Durante un breve periodo, logró desplazar el impulso en el campo de batalla al diseñar un retorno a las letales tácticas de propinar golpes y escapar, que las FARC habían apodado el "plan renacimiento".

Gran posibilidad de pláticas de paz

En cada uno de los últimos tres años, subió el número de ataques de las FARC y de incidentes que involucraban francotiradores, minas y bombas. Durante el primer semestre de 2011, por ejemplo, estas acciones armadas aumentaron en 29%, en comparación con el mismo periodo del año pasado. Durante el mes pasado, las FARC asesinaron a más de 30 soldados en emboscadas. Este aumento de la violencia llevó a la renuncia, en agosto, del Ministro de Defensa, Rodrigo Rivera.

Pero Pardo, el exdiplomático, predijo que la muerte de Cano proporcionará un impulso enorme a Santos y a la moral de las tropas del Ejército. "Esto detendrá la especulación de que está fallando la política de seguridad y que las fuerzas armadas están desmoralizadas", afirmó Pardo.

Jeremy McDermott, codirector de Insight Crime, un centro de estudios de Bogotá que realiza un seguimiento al crimen organizado y los conflictos en América Latina, dijo que uno de los principales candidatos para reemplazar a Cano es Iván Márquez, quien ha sido comandante de las FARC desde hace mucho tiempo y de quien se cree que se esconde en Venezuela.

“La información de inteligencia sugiere que Márquez ya era responsable de mucha parte del funcionamiento diario de las FARC, así que si asume la comandancia máxima habrá poca interrupción en la administración rebelde”, dijo McDermott. “La base financiera de la guerrilla, gracias al tráfico de drogas, la extorsión y el secuestro, es sólida.”

Una posibilidad, dicen los expertos, es que las FARC se descompongan, con algunas unidades dedicadas a su guerra contra el gobierno, mientras que otras se involucren más en el tráfico de drogas y otros delitos. Colombia ya ha visto esta tendencia con miles de exparamilitares, que alguna vez combatieron en la guerrilla, pero terminaron formando bandas de traficantes de drogas.

“Las FARC se están convirtiendo gradualmente en un cártel de drogas similar a lo que sucedió con los restos de los guerrilleros de Sendero Luminoso en Perú”, dijo Natalia Springer, una analista de seguridad de Bogotá.

Experto: inevitable que haya más violencia

Santos, quien fue Ministro de Defensa en el gobierno del expresidente Álvaro Uribe, ha mencionado con frecuencia la posibilidad de realizar conversaciones de paz.

“No debemos declarar victoria”, dijo Santos después de saber de la muerte de Cano. “Vamos a alcanzar la paz, que ha sido tan elusiva durante tantas décadas."

Por ahora, la popularidad de Santos está en la cima, lo cual le da el capital político para reunirse con los negociadores rebeldes. Desde su elección, el año pasado, Santos también ha apoyado una serie de políticas, tales como la reforma agraria y la compensación del gobierno para las víctimas de la guerra, que las FARC han exigido desde hace mucho tiempo.

Semana, la revista noticiosa de Bogotá, dijo que a pesar de su reputación de dureza, "Santos puede estar inclinado a firmar la paz con la guerrilla y pasar a la historia como un Presidente transformador".

Pero incluso si las dos partes finalmente se sientan a negociar, podría haber un aumento en los combates antes de que se lleven a cabo las conversaciones, dijo McDermott.

"Por ahora, el conflicto continuará y quizás incluso empeore", dijo. "Ambas partes saben que hay una fuerte posibilidad de que se realicen negociaciones en los próximos años, por lo cual buscarán fortalecer su posición negociadora. Es inevitable que haya más violencia."

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